LA ANOREXIA NERVIOSA
GRAVE y en ocasiones letal, esta enfermedad que afecta sobre todo a las jóvenes en la época de desarrollo puede curarse si las medidas terapéuticas implican a toda la familia, en la que anidan casi siempre las razones profundas de su
presentación.
La anorexia es una condición patológica caracterizada por una grave y voluntaria limitación dietética que puede llegar a comprometer la vida del paciente.
La enfermedad es un proceso raro en el sexo masculino, mientras que en el femenino puede afectar a una de cada 100.000 personas, con una tendencia al aumento en las
últimas décadas.
Se diagnostica anorexia nerviosa cuando el rechazo de alimentos conduce a una reducción del 25-30 % del peso corporal inicial, sin causas orgánicas evidentes pero con clara distorsión de la valoración de la imagen de su propio cuerpo por parte de la persona enferma.
A pesar del evidente y objetivo adelgazamiento y la opinión de las personas que la rodean, la anoréxica seguirá en efecto afirmando que no está en absoluto delgada e insistirá en su estricta autorrestricción alimentaria. Antiguamente, la anorexia nerviosa era frecuente en la última adolescencia y en la primera madurez de la mujer, pero en los últimos años se diagnostica cada día en mayor medida entre niñas de 9 a 14 años de edad.
CÓMO SE MANIFIESTA
La anorexia nerviosa se presenta de forma bastante característica. Una niña o una mujer joven hasta ese momento aparentemente sana decide claramente reducir su dieta de forma progresiva, lo cual muy pronto da lugar a una ostensible pérdida de peso. La autorrestricción va acompañada, no obstante, de una creciente preocupación por no comer demasiado, y la cuestión de los alimentos, de su valor calórico y de la necesidad de abstenerse adquiere tintes obsesivos. En el seno de la familia, surgen inacabables discusiones y se plantean chantajes para inducir a la anoréxica a comer más; sin embargo, el resultado suele ser un empeoramiento de la situación, agravada por una desconfianza creciente de la enferma hacia sus familiares y hacia cuantos se preocupan por su salud. Ello la impulsa a mantener en secreto todas las actividades relacionadas con la alimentación y su persona, como la higiene corporal.
A pesar de su desmejorado aspecto y de todas las comparaciones con el pasado reciente y con sus coetáneos, y a pesar también de la consulta de todo tipo de datos que demuestran la anormalidad de su adelgazamiento, la anoréxica insistirá en sostener, frente a toda evidencia, que no está en absoluto delgada sino que, por el contrario, sigue teniendo tripa por exceso de grasa, sus piernas son aún demasiado gordas, etc.
Los medios a los que un anoréxico puede recurrir para no alimentarse son muy variados, sobre todo cuando el ambiente presiona para restablecer unas costumbres alimentarías normales. La mayoría de las veces esconde la comida o la tira por el inodoro; a menudo recurre al vómito, al principio provocado, introduciendo un dedo en la garganta, luego espontáneo, logrando que sobrevenga sin estímulo mecánico alguno; es también frecuente el uso de laxantes, para impedir o disminuir la absorción intestinal de los alimentos ingeridos.
En muchas anoréxicas no son raros los episodios de abandono del propósito de no alimentarse, con los consiguientes hartones de todo tipo de comida; sin embargo, ello va invariablemente seguido de un fuerte sentimiento de culpa y de remordimiento que las impulsa a eliminar inmediatamente los alimentos engullidos recurriendo al vómito.
LAS CAUSAS PRINCIPALES, EN LA FAMILIA
La anorexia, que no halla explicación en enfermedades orgánicas o psíquicas y que por ello recibe el nombre de “anorexia nerviosa primaria”, tiene sus causas en graves dificultades psicológicas que angustian a la paciente y que es necesario entender si se quiere emprender un programa terapéutico eficaz y definitivo.
La indagación de las causas de la anorexia nerviosa ha de comenzar por la familia. La mayor parte de los casos de anorexia nerviosa aparecen en el ámbito de familias cuya condición socioeconómica es medio-alta, consideradas envidiables en todos los aspectos. Los padres se consideran normales y totalmente dedicados al bienestar y la felicidad de los hijos. En un examen más profundo, la familia acomodada modelo presenta a menudo, sin embargo, ciertas fisuras, que se manifiestan en forma de actitudes de insatisfacción por parte de uno o de ambos progenitores.
El padre, perfeccionista, no se siente correspondido en sus expectativas y a menudo lamenta los sacrificios que él realiza para que su hija disfrute de un alto nivel de vida, traducido en buenos colegios, deporte, viajes y ropa. La madre, a pesar del amplio margen de que dispone en la vida práctica, se siente sacrificada (y no deja de demostrarlo) a las exigencias de los hijos en general y de la hija en particular, en la que deposita de forma más o menos explícita esperanzas de ver realizados sus sueños frustrados.
La atención y los estímulos de los padres se hallan siempre orientados al éxito de la hija, a quien se presiona para que haga las cosas cada día mejor y se afirme en todos los terrenos de su vida escolar y social. La niña puede conformarse durante un largo período con el enfoque que los padres, y la madre en especial, dan a su vida, y asimila toda la fragilidad emocional de éstos. La mayor parte de las chicas que sufren anorexia nerviosa han obedecido siempre a sus padres, renunciando evidentemente a expresar su propia per sonalidad y a realizar concretamente sus deseos más íntimos.
La llegada de la pubertad, o la presentación de otras circunstancias desencadenantes, pone en crisis la relación de dependencia con los padres; las típicas exigencias de esta edad presionan en dirección a una mayor autonomía, mientras que el desarrollo sexual supone sensaciones, pensamientos y fantasías que, sin embargo, la joven no es capaz aún de administrar convenientemente, por lo que tal individualidad, aún sustancialmente inmadura, acaba sintiendo miedo a crecer. Desde el punto de vista del subconsciente, comer significa crecer; no comer se convierte por tanto en el método más inmediato para conservar esa condición de dependencia pasiva en relación a los padres que permite evadir la obligación de perseguir los objetivos de la vida que constituyen sus expectativas, frente a las cuales la joven se siente impotente y expuesta a un inexorable fracaso.
La autorrestricción de la alimentación puede ser también una forma de acaparar la atención y despertar preocupación en el ambiente familiar y social, pero también una eficaz manifestación de ira o de rencor hacia la familia y una forma muy peligrosa de combatirla. Semanas y meses de ansiedad, de preocupante y constante observación de una hija, antes obediente y juiciosa y ahora decidida a prolongar un irracional ayuno hasta sus ú timas consecuencias, conducen inevitablemente a la crisis incluso a los padres más equilibrados. Se preguntan en qué han fallado en la cría y educación de la hija para hallarse cada vez más a merced de la joven paciente.
LAS DIFICULTADES DIAGNÓSTICAS
El diagnóstico de anorexia nerviosa es bastante raro en el ejercicio médico, si bien reviste notable importancia porque existen estados patológicos orgánicos que pueden tener como síntoma principal un fuerte adelgazamiento y que evidentemente tienen un tratamiento y un pronóstico totalmente distintos a los de la anorexia nerviosa primaria.
Los criterios que pueden conducir a una correcta identificación de la anorexia son:
aparición de la sintomatología antes de los 25 años; una pérdida de peso del 25 % con respecto al peso original; observación de una obstinada actitud negativa en relación a la comida y a la conveniencia de engordar, a pesar de presiones, peticiones o amenazas; exclusión de cualquier otra enfermedad orgánica o psíquica que pueda ser causa de la aversión a la comida y del adelgazamiento; distorsión en la valoración de su propio cuerpo por parte de la paciente; hiperactividad, que contrasta con el aspecto consumido; cese de la menstruación; ausencia de estímulos de hambre o cansancio, a pesar de la nutrición insuficiente o de la hiperactividad; tendencia a la autoinducción del vómito y aversión por todos los alimentos; terror a la obesidad.
El examen físico de la paciente anoréxica pone en evidencia una notable emaciación, la piel se muestra a menudo seca y escamosa y la madurez sexual se halla notablemente retrasada. Contrasta con el estado de deterioro orgánico la actitud psíquica de la paciente, propia de una chica despierta, inteligente y aparentemente colaboradora. Los datos objetivos demuestran una disminución de la presión arterial, de la temperatura corporal y del metabolismo basal.
El curso de la enfermedad varía considerablemente en función de una serie de factores y de circunstancias que han de ser valoradas por separado: la.edad de aparición de la enfermedad, la duración, el nivel intelectual de la paciente, la situación familiar y los tratamientos aplicados. En general, se puede decir que la mayor parte de las anoréxicas, convenientemente tratadas, pueden llegar a curarse, aunque al cabo de meses de tratamiento; parte de ellas avanza hacia la cronicidad y parte muere.

SEGUNDA PARTE DE LA ANOREXIA NERVIOSA |