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la onicofagia y tricotilomania

PATOLOG√ćA DE LA CONDUCTA MOTORA

la onicofagia

onicofagiael habito de comerse las uñas es un problema bastante extendido, sobre todo entre los adolescentes del sexo masculino. El niño que presenta este comportamiento suele ser inteligente, vivo, alegre, despierto, pero con un fuerte componente de inquietud y de ansiedad.

La onicofagia se enmarca por tanto dentro de las respuestas motoras a un estado de tensión psíquica. La onicofagia, del griego onyx – uña – y phagein – comer -, se define como una costumbre de “comerse o roerse” las uñas con los dientes, pudiendo provocar heridas en dedos, labios y encías así como el desarrollo de diversas infecciones. Representa a veces una costumbre viciosa contraída desde pequeño y en otras ocasiones es sintomática de una afección neuropática ref. 5.

La succión de dedos y la mordedura de uñas son ejemplos cotidianos y comunes de hábitos pautados de desarrollo. Suelen considerarse reacciones automáticas que pueden manifestarse en momentos de estrés, frustración, fatiga o aburrimiento (fig. 1).

La mordedura de uñas coincide habitualmente con la succión de los dedos de modo que aquella sucede a esta en el tiempo. Generalmente los afectados se muerden todas la uñas (Kaplan y Sadock. ref. 6).

La incidencia de la onicofagia es excepcionalmente elevada. Hay igualdad respecto a sexos aunque las mujeres parecen más preocupadas por el problema estético por lo que buscan ayuda en mayor número que los hombres. Las encuestas muestran que cerca del 45% de los niños durante la pubertad, alrededor del 25% de los estudiantes universitarios y más o menos el 10% de los adultos mayores de 35 años se muerden las uñas compulsivamente.

La génesis de la mordedura de uñas asume que la mayoría de los afectados presentan la consecuencia de un comportamiento que no se extinguió convenientemente en su momento a los dos o tres años, cuando el niño se chupaba el dedo.

Autores como Meneghello consideran que la onicofagia, a diferencia de la succión del pulgar, puede ser indicadora de algún conflicto emocional que debe alertar al médico. Hay un aumento constante en la prevalencia de la mordedura de uñas en los niños hasta los 12 años. Hacia el final de la adolescencia quizá el 25% siguen mordiéndose las uñas. Una minoría de personas siguen estando aquejadas por este hábito a lo largo de toda su vida.

La onicofagia en las formas agudas puede dañar el lecho ungueal y la matriz. También puede complicarse con verrugas periungueales y padrastros. Infecciones bacterianas y víricas en labios y mucosa oral así como alteraciones de la estética de los dientes, por abrasión, erosión, astillamiento y malposición, están presentes.

En cuanto al tratamiento es esencial que el sujeto esté dispuesto a abandonar el mordisqueo.

Es típico el cuadro en la consulta de psicólogos y psiquiatras de la paciente mordedora de uñas que siente aversión por lo antiestético de sus manos y que ha intentado en repetidas ocasiones abandonar el vicio sin lograrlo, acudiendo a todo tipo de terapias: unturas amargas, ansiolíticos,...

Cuando se da una enfermedad emocional obvia, el terapeuta debe atender estreses vitales urgentes y apremiantes ref. 6.

El conductismo es una corriente de la psicología científica que centra su atención en el estudio del binomio estímulo-respuesta. Pretende una psicología como ciencia objetiva, siendo la conducta el objeto de estudio y la observación el método experimental ref. 13 .

Watson establece las bases teóricas de los planteamientos conductistas esbozando técnicas de tratamiento. Posteriormente otros autores han desarrollado el método práctico (Dr. V.J. Rubio. Dpt. Psicología Biológica y de la Salud. Universidad Autónoma de Madrid
La terapia de modificación de conducta ha sido utilizada ampliamente en el tratamiento de la onicofagia y es considerada la técnica más exitosa hasta el momento. Bayés ref. 3 le adjudica una tasa de éxito entre 80 y 85%.Anteriormente ha sido utilizada la farmacoterapia, terapias aversivas, autodominio, prácticas negativas,... (Azrin y Nunn).
Tratamientos comúnmente conocidos han sido empleados: impregnación de los dedos con sustancias amargas, capuchones de dedos, entablillamiento del pulgar o del codo,....

La tricotilomanía

La tricotilomanía es un impulso incontrolable que induce al individuo a acariciarse a enrollarse o arrancarse el cabello.

Frecuente y normal en el niño pequeño, que trata de recuperar el placer del contacto físico con la madre, puede reaparecer a edades mas avanzadas, coincidiendo sobre todo con situaciones traumáticas, separación, luto, nacimiento de un hermanito, etc.

Es mas frecuente en las mujeres que en los varones y a menudo posee significado autoerótico, otras veces autoagresivo.

La tricotilomanía esencialmente es el arrancamiento del cabello con perdida abundante y no debido a algún tipo de enfermedad médica. Aunque la parte más afectada es la cabeza, no tiene que ser solo ella, sino que puede abarcar diferentes partes del cuerpo, desde las cejas, pestañas, axilas, hasta el pubis.
Cuando es en la cabeza se suele situar, sobre todo en zonas temporales, frontales y parietales combinadas.En los niños las zonas de calvicie se reparten al no estar tan enraizado el problema y darles menos vergüenza. En los adultos se esconden y se arranca el pelo en zonas más difíciles de descubrir por personas ajenas (Orange y cols., 1986; en García y Mazaira, 1997). La tricotilomanía está considerada como un trastorno del control de los impulsos (DSM-IV).
La clarificación de su clasificación sigue siendo puesta en duda al estar relacionada con el TOC, en familiares de primer grado de personas con tricotilomanía. El arrancamiento del pelo, normalmente va precedido de tensión con urgencia de llevar a cabo el ritual y después de hacerlo se acompaña de una sensación de alivio momentánea.  Con respecto a la distribución por sexos, predomina más en mujeres.Azrin y Nunn, (1987), estiman en más de 8 millones de afectados.

El inicio del trastorno se da mayormente en la infancia y adolescencia, siendo el número de niños afectados superior al de adultos. El diagnóstico suele hacerse en función de las zonas calvas y descartando enfermedades dermatológicas como la alopecia areata o la calvicie común. La mayoría de los tricotilómanos se creen que son los únicos que padecen el trastorno. No pueden dejar de arrancarse el pelo ni tampoco saber porque lo hacen. La ligera molestia que resulta del arrancamiento se convierte en sensación de alivio, relax y confort cuando se ha hecho.

El proceso es ritualista , desde los que se lo arrancan y se lo llevan a la boca, hasta los que juegan con el haciendo bolitas y lanzándolo o volviéndolo a romper en trozos más pequeños o también el hacer un montón para luego recogerlos y tirarlos por miedo a que los vean y les den algún tipo de reprimenda.A veces es frecuente que el trastorno vaya asociado a otros como la ansiedad o la depresión, la comorbilidad es alta. Es frecuente que vaya asociado con el morderse las uñas.Los inicios tempranos de la tricotilomanía se dan entre los 3-6 años, suelen derivarse de un evento estresante de carácter vital y como reacción a el.

Suele cronificarse, pese a las intervenciones terapéuticas.

 

Nada es mejor que una sana actividad deportiva para el niño que sufre alteraciones de la motricidad.

 

 

 

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