(Psicologia) LA PSIQUE:
CÓMO REACCIONA Y CÓMO SE DEFIENDE
El impacto de la enfermedad y de las emociones derivadas de dicho estado remodelan la personalidad del individuo y le llevan a activar una serie de reacciones psicológicas para afrontar del mejor modo posible y con el menor gastó de energía la experiencia de la enfermedad: reacciones que son la resultante de complejas interacciones entre sus vivencias, sus necesidades, la realidad de la enfermedad y el ambiente que le rodea.
Existen distintas formas de percibir la enfermedad:
• hay sujetos que ‘viven’ en función de su enfermedad: estar enfermos significa también estar atendidos, ser objeto de continuas atenciones, permanecer al margen de las preocupaciones cotidianas ligadas a la familia o al trabajo; la motivación para curarse de estos pacientes es escasa o nula;
• hay en cambio personas que se niegan a considerarse enfermas y no prestan atención alguna a las posibles consecuencias de su comportamiento, bien porque la enfermedad genera en ellos demasiada ansiedad o bien porque tienen un miedo excesivo a la dependencia. Parece ser que la enfermedad no les afecta en absoluto y aleja su interés del cuerpo que, enfermando, les ha traicionado;
• existen en cambio otros individuos que aceptan su enfermedad; incorporan el episodio patológico al concepto global que tienen de sí mismos y son capaces de controlar la ansiedad ligada a la enfermedad; éstas son las personas que pueden manifestar sus miedos y mostrarse decaídos.
Al margen de las diferencias existentes entre los distintos tipos de enfermos aquí considerados, cada paciente pone en marcha sus propios mecanismos de defensa, orientados a restablecer el equilibrio psíquico.
El decaimiento.
Representa la reacción más común: se manifiesta con actitudes de dependencia o de demanda de atención y de cuidados que sirven para compensar las frustraciones derivadas del estado de enfermedad.
En el caso de enfermedades graves o de pronóstico no fatal y a veces en la fase inicial de toda enfermedad, el decaimiento resulta útil, ya que permite al enfermo aceptar su condición y al personal sanitario obtener cierta colaboración seguramente útil para el tratamiento. El decaimiento puede tener como consecuencia que el enfermo caiga en una depresión tan pronunciada que prolongue o dificulte el tratamiento, se vuelva exigente y agobiante o se muestre irritado y desilusionado por la actitud del personal facultativo, auque éste sea solícito y atento.
La formación reactiva.
Es otro mecanismo al que recurre la psique para combatir la enfermedad: se observa cierta resistencia a aceptar la condición de enfermo, a creer en el diagnóstico del médico y seguir sus consejos.
La negación.
Sobre todo si aparece en la fase inicial y dentro de ciertos límites, constituye un mecanismo de defensa utilizado por casi todas las personas que prefieren no creer o no pensar que están enfermas para no verse superadas por las consiguientes ansiedades. Con el paso del tiempo, el paciente consigue sin embargo poner en práctica un mayor control y adaptarse a la nueva realidad.
La proyección psicologica.
Es un mecanismo que permite al enfermo atribuir sus propios sentimientos hostiles a quien lo atiende o al personal médico, al que el enfermo considera responsable de sus sufrimientos: el ambiente del hospital
y la sensación de estar en manos de los demás y de no poderse defender provocan verdaderas reacciones de miedo en relación al personal sanitario. El paciente se encuentra en una condición de fragilidad psíquica que hace que se sienta amenazado por el ambiente que, por el contrario, debería despertar en él sensación de protección.
La huida a la imaginación.
El hecho de refugiarse en la imaginación es una forma de huir de la monotonía, sustituyendo las imágenes frustrantes por imágenes agradables: es una de las formas de llegar a la satisfacción imaginaria de las necesidades y a la superación de los obstáculos que se interponen en el camino hacia la consecución del objetivo.
Los mecanismos descritos, si no son demasiado rígidos, aparte de una función de defensa cumplen también una función de adaptación; es decir, permiten que el paciente tolere el estado traumático en el que se encuentra y se adapte a las condiciones a las que se ve obligado por la enfermedad, manteniendo cierto grado de equilibrio emocional, aunque sea muy precario.