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UNA SEXUALIDAD MADURA

ES MUY IMPORTANTE que, al entrar en la tercera edad, no se caiga en esa extendida tendencia a pensar en los ancianos como individuos “asexuados” o a considerar con ironía, si no con severidad o con recelo, cualquier manifestación amorosa entre ancianos como inmoral o lasciva.

La fisiología y la patología de la sexualidad en la tercera edad de la vida humana han sído objeto de numerosos estudios en los últimos años, así como el aspecto endocrinológico del envejecimiento. Gracias a ellos se han eliminado numerosos tópicos, prejuicios y otras tantas limitaciones cognoscitivas que se consideraban insuperables.
Durante mucho tiempo estuvo muy extendida, si no generalizada, la convicción de que el deseo erótico y su satisfacción eran privilegio exclusivo de la juventud. La igualdad sexualidad = procreación no debe prevalecer sobre la que dice sexualidad=gratificación, si no se quiere que la menopausia, con el final de la capacidad engendradora de la mujer, y la andropausia, con la disminución en el hombre de la fuerza y de la resistencia, sean también el comienzo de la decadencia natural del amor físico, la antesala de una progresiva autoexclusión de la intimidad con el/la compañero/a.

Verdad es que menopausia y andropausia representan para mujeres y varones una tormenta hormonal que actúa, sobre todo en la mujer, sobre su delicado mecanismo endocrinológico y que tiene efectos también en la mente, modificando la relación entre ésta y el cuerpo; pero también es verdad que, con el paso de los años, las necesidades sexuales no se desvanecen.
Durante generaciones muchos hombres y muchas mujeres simplemente han evitado el problema, pero hoy en día tal actitud ha disminuido notablemente debido a la mejor y mayor información disponible.

PARA LA MUJER EL VERDADERO OBSTÁCULO ES PSICOLÓGICO

Con la menopausia, los órganos sexuales femeninos empiezan a involucionar, casi a atrofiarse, al mismo tiempo que la disminuida conducción nerviosa general deja las zonas erógenas más frías ante cualquier estimulación. Esta modificación, sin embargo, no constituye un obstáculo a la continuación de una vida sexual llena de satisfacciones. Sí lo es, en cambio, la actitud mental de renuncia, la imagen cada dia menos seductora que la mujer considera que tiene a medida que pasan los años. Tienen sin duda alguna un papel también muy importante las dificultades que el acto sexual entraña a los 50, 60, 70 años o más, dificultades debidas a la pérdida de elasticidad, de sensibilidad y de lubrificación de los tejidos vaginales, al tiempo cada vez mayor que se necesita para alcanzar el orgasmo y a la menor intensidad de éste, así como a una menor implicación emocional en la relación. Sin embargo, en la base de esta separación entre decaimiento de la función erótica y tercera edad en la mujer existe también la convicción, tan extendida cuanto equivocada, de que sexo y fertilidad coinciden.
Esta ocultación de los deseos priva a la persona de un atributo esencial, que debería acompañarla durante toda la vida: una sexualidad entendida no sólo como genitalidad, sino también como delicadeza sentimental y afectividad, es decir, precisamente esas condiciones que, en la tercera edad, al faltar ese amor-pasión característico de la juventud, podrían hallar su más completa y madura expresión.

PARA EL HOMBRE CAMBIAN SÓLO RITMOS Y TIEMPOS

Por cuanto respecta al hombre, los estudios más recientes han puesto de manifiesto que la mayor lentitud de la funcionalidad orgánica es mucho menos condicionante de cuanto se consideraba antiguamente. En el anciano se registra una disminución de la masa muscular de aproximadamente el 20 %, el hígado limita su actividad a un tercio, al igual que los riñones. En el terreno hormonal, los cambios son mucho menos importantes en los hombres que en las mujeres: las alteraciones de los parámetros no son ni tan siquiera valorables. Así, no cambia el nivel de FSM (la hormona foliculoestimulante, que da lugar a la maduración de los espermatozoides y secundariamente a la formación de otras hormonas sexuales) ni tampoco el de LH (la hormona luteinizante, que mantiene la actividad de las células intersticiales de los testículos).
Se han realizado tests de estimulación entre hombres dentro ya de la tercera edad, a los que se ha administrado dosis de MCC (las gonadotropinas coriónicas humanas, hormonas que estimulan la actividad de los testículos): su respuesta no ha sido significativamente distinta de la de un joven.
Ello significa que el anciano cumple todas las condiciones para poder desempeñar aún con éxito su función erótica. Una diferencia más sustancial es, en cambio, la registrada en relación a los receptores.
La reducción de la masa muscular da lugar a una disminución en el número de los receptores nerviosos activos y, dado que los andrógenos (hormonas sexuales masculinas, como la testosterona) actúan precisamente a través de dichos receptores, se registra un enturbiamiento de sus efectos. Pero ello no quiere decir que un hombre anciano o muy anciano no tenga posibilidades de presentar una erección o de mantenerla hasta el orgasmo. Sólo cambian los tiempos, los ritmos. Por ejemplo, aumenta el período refractario, es decir, el tiempo necesario para que el hombre sea capaz de alcanzar otra fase orgásmica tras un primer orgasmo.
Tampoco la capacidad de procrear se ve comprometida, registrándose máximos excepcionales que llegan a los 90 años. Disminuyen el número y la motilidad de los espermatozoides, pero de forma poco relevante, de modo que un anciano puede ser aún padre.

EL MIEDO A NO ESTAR A LA ALTURA

Por consiguiente, aunque la capacidad sexual tanto del hombre como de la mujer continúa dentro de ciertos límites, hay un momento en la vida —la menopausia, una separación, la viudedad, la desviación de toda la atención hacia los hijos y los nietos, etc.— en el que la mayor parte de los ancianos, creyendo que ciertas cosas ya no van con ellos, borran de su vida un aspecto tan importante como la sexualidad. Según las modernas teorías en el campo de la sexología, el sexo es independiente de la edad: cada edad tiene su propia sexualidad y la mejor terapia para llegar al umbral de la vejez en un estado de eficiencia aceptable consiste en tener relaciones constantes y regulares. La función sexual debe continuar siendo ejercida, de lo contrario acabará por agotarse. La erección, por ejemplo, es el resultado de la dilatación de ciertos vasos sanguíneos. Con el paso de los años, los vasos se endurecen, pierden elasticidad y la sangre afluye a ellos en menor medida, siendo así más difícil la erección. La continuidad de las relaciones sexuales ayuda a mantenerla en el tiempo.

LA AYUDA DE LA MEDICINA

Hoy en día, las modernas técnicas de diagnóstico y el tratamiento de los trastornos sexuales han conducido a la realización de grandes progresos. El endocrinólogo y el ginecólogo pueden ayudar a hombres y mujeres en medida mucho mayor que antes a vivir satisfactoriamente cualquier edad. Deberían por ello convertirse en especialistas a los que se acudiese con la misma asiduidad que al médico de cabecera. De esta forma se descubriría, por ejemplo, que existen sustancias, como la papaverina y las más recientemente descubiertas prostaglandinas, que, inyectadas en los cuerpos cavernosos del pene, garantizan una erección prolongada a cualquier edad; y que ahora con el sidelnafil Viagra es todo sumamente facil, que la píldora anticonceptiva da buenos resultados, tanto estéticos como funcionales, en una mujer anciana, restaurando la tonicidad y la lubrificación de los órganos sexuales. Se trata de apenas dos ejemplos de todo cuanto la medicina se halla en condiciones de ofrecer; pero lo más importante es que, entrando en la tercera edad, no se sufra ese sentimiento general que considera “asexuados” a los ancianos e inmoral o lasciva cualquier atención amorosa entre ellos.

Sexo y corazón

EL SEXO, después de un ataque de corazón o de un “by-pass” coronario, constituye un problema para muchas parejas. Los pacientes ancianos preguntan a menudo si pueden reemprender la actividad sexual después de este tipo de operaciones y, en caso positivo, cuándo pueden hacerlo. La rehabilitación del enfermo de corazón incluye siempre un programa de ejercicios físicos; la actividad sexual puede, por consiguiente, reanudarse como cualquier otro ejercicio que requiera un esfuerzo físico de igual entidad. No obstante, se considera que un enfermo anciano de corazón puede reanudar una moderada actividad sexual cuando sea capaz de subir dos pisos de escaleras sin notar molestia alguna.

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