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ORGANIZACIÓN de un ambiente doméstico para el anciano

LA ORGANIZACIÓN de un ambiente doméstico de modo que queden compensadas las limitaciones físicas y se estimule la independencia de las personas ancianas es esencial, pero sólo posible si el ambiente ha sido creado a tal objeto. Cuando no sea posible un cambio radical, se puede recurrir a soluciones que limiten el riesgo de accidentes.

CALEFACCIÓN

El sistema de calefacción debe ser eficaz y hallarse en buenas condiciones. La instalación debe ser comprobada regularmente con objeto de evitar accidentes que podrían causar incendios y provocar riesgo de asfixia por monóxido de carbono debido al escape de peligrosos gases en toda la casa.
Los tubos extractores y la chimenea, cuando exista, deben encontrarse también en buen estado y ser cuidadosamente revisados para comprobar que no haya en su interior material combustible y que éste se encuentre en buenas condiciones. Resulta también útil aplicar un nebulizador sobre eventuales estufas. Cuando la calefacción funcione por caldera, se aconseja colocar cubrerradiadores de protección contra posibles quemaduras.
Los pequeños calefactores portátiles deben utilizarse con mucho cuidado. Si son eléctricos, deben estar en perfecto estado; si funcionan por gas, las tuberías deben ser de metal con junturas rígidas. Estos aparatos deben colocarse fuera de las zonas de paso y lo más lejos posible de tapicerías o de otros objetos fácilmente inflamables.

PASAMANOS

Para que los desplazamientos sean más seguros y ofrecer así la máxima tranquilidad a la persona anciana en sus movimientos, sobre todo cuando se encuentra sola en casa, es conveniente y en cuaquier caso siempre aconsejable el uso de medios de sujeción y de apoyo.
Aparte del típico bastón, de distintas formas en función de las necesidades del paciente, resultan muy útiles algunos modelos de pasamanos (de metal o bien de madera revestida en plástico) perfectamente fijados a las paredes. Resultan especialmente útiles en las habitaciones y en los espacios donde deben asegurarse ciertas maniobras y ciertos movimientos: baño, cocina, pasillos y en algunas zonas de la vivienda carentes de puntos de apoyo adecuados.
Es también indispensable en los ambientes o en los espacios en los que existen obstáculos arquitectónicos (desniveles en el suelo de la vivienda o en el terreno del jardín). No obstante, el lugar en el que el pasamanos halla su colocación ideal es sin duda a lo largo de las paredes de las escaleras (tanto interiores como exteriores), donde cumple la importantísima función de punto de apoyo y eventualmente de ayuda para las inestables piernas del anciano.

SUELOS

Especial atención requieren la elección del tipo de pavimento y su mantenimiento. Ciertamente pueden constituir un medio de ayuda a la recuperación del movimiento, pero pueden también convertirse en obstáculos insuperables, incluso psicológicamente, en el caso de sujetos ancianos afectados por trastornos del equilibrio y de la estabilidad.
A ser posible, los pavimentos deben ser antideslizantes, incluso a simple vista, ya que solamente la duda de que no lo sean (por el brillo o por su aspecto liso) puede provocar actitudes de preocupación y ansiedad tan intensas que impidan al paciente realizar cualquier intento de andar solo.
Las caídas en casa pueden producirse por distintos motivos, aunque las características y las condiciones del suelo son muy a menudo las causas responsables. El suelo puede resultar resbaladizo simplemente porque se haya limpiado mediante procedimientos de lavado o abrillantado inadecuados o porque se hayan recogido de forma incompleta líquidos vertidos u otros residuos (ceras, etc.).
Por consiguiente, para prevenir los grandes inconvenientes de las caídas accidentales, se debe prestar suma atención a la elección de los pavimentos, a su cuidado y mantenimiento.
Es necesario sustituir las tablas desprendidas y las baldosas rotas o deformadas, pulir las superficies irregulares y encolar los bordes del linóleo que eventualmente hayan podido despegarse; las moquetas, las alfombras y cualquier otro revestimiento deben estar firmemente adheridos al suelo.
Tales consejos requieren sin embargo elecciones muy concretas en relación a los materiales que deben emplearse y, sobre todo, a la forma de limpiarlos; en primer lugar, han de evitarse todos los productos detergentes o de embellecimiento (cera) que pueden dejar residuos y ser así causa de resbalones y caídas.
Otro requisito es la higiene y la posibilidad de quitar la suciedad y los residuos orgánicos (orina o heces por incontinencia), alimentarios u otros materiales.
El pavimento no debe presentar por otro lado muchas rendijas (baldosas no demasiado pequeñas) o pequeños desniveles que podrían convertirse en almacenes de materiales no totalmente eliminables, dificultar la desinfección y propiciar que el anciano se tropiece. Es conveniente que las baldosas sean de un material no excesivamente poroso ni embebedor, para evitar que sustancias orgánicas líquidas (orina) puedan ser absorbidas y se conviertan así en fuente y origen de olores desagradables.
Para ayudar al anciano a ponerse en movimiento y a levantarse es útil la aplicación de tiras de material antideslizante en los lugares en los que la persona deba corrientemente disponer de una mayor posibilidad de agarre al suelo (junto a la cama o la butaca) y donde necesite tener una mayor seguridad de movimiento para pasar de una postura a otra.
En algunos casos se aconseja la instalación de suelos de colores vivos, de dibujos geométricos, ya que éstos pueden convertirse en útiles puntos de referencia en la reeducación a andar, permitiendo un continuo y progresivo ejercicio del paso.
Las alfombras deben evitarse, dado que por su inestabilidad pueden corivertirse en causa de caídas o en obstáculos en relación al uso de aparatos (sillas de ruedas, andadores, etc.).

ESCALERAS

A veces, la dificultad para subir o bajar las escaleras no se debe tanto a una minusvalía física, como al miedo a tener que realizar un esfuerzo físico o a una caída. Por ello es necesario que, antes de usar las escaleras, el anciano adquiera primero confianza en sus posibilidades físicas reales y luego seguridad, lo cual puede conseguirse mediante un entrenamiento regular varias veces al día, siempre bajo atenta vigilancia.
Aparte de la altura adecuada y de la inclinación de los escalones, es importante comprobar que éstos no sean resbaladizos y que no presenten roturas o elementos peligrosamente inestables.
Para que los escalones sean más seguros, pueden aplicarse revestimientos de goma o bien una pintura antideslizante.
La iluminación debe ser también atentamente estudiada. Los interruptores han de colocarse al principio y al final de las escaleras (como en los pasillos); deben evitarse las lám paras, que podrían producir reflejos y alterar la visión.
Los espacios deben mantenerse libres de obstáculos y han de resultar fácilmente transitables.

COLOCACIÓN DE LOS MUEBLES

Dado que los espacios desempeñan un papel determinante a la hora de permitir o impedir los movimientos, ha de prestarse especial atención a su colocación. Aunque a la luz de las actuales condiciones de muchos ancianos algunas de las siguientes indicaciones podrían parecer utópicas, puede en cualquier caso resultar de utilidad citar una serie de requisitos ambientales ideales que deben reunir algunas habitaciones.
Lo ideal sería que la casa en la que vive un anciano contase con zonas separadas de día y de noche. Dado que esto no siempre es posible, una organización adecuada del mobiliario puede suplir tal carencia.
Aparte de los volúmenes de los espacios disponibles, es importante llevar a cabo una organización racional de los muebles y de los objetos de uso corriente, para facilitar su uso y para que los espacios libres resulten más accesibles.
La correcta disposición del mobiliario (cuanto menor sea el número de muebles, mayor será la funcionalidad del ambiente) puede ayudar al anciano a desplazarse y a llevar a cabo ciertas operaciones de la vida diaria, sobre todo cuando se ve obligado a utilizar la silla de ruedas. El ambiente debe estar libre de adornos que puedan ser peligrosos o superfluos y en absoluto necesarios. En consecuencia, es conveniente reducir el número de muebles, adosar los indispensables a las paredes para formar con ellos una serie de puntos de apoyo en recorridos preestablecidos y crear amplios espacios en el centro de cada habitación.
Por cuanto respecta a los ancianos con graves trastornos de la vista, debe evitarse el cambio de lugar de cualquier objeto del mobiliario, para impedir que su reconocimiento resulte difícil o incluso imposible; tales sugerencias no son sólo útiles, evidentemente, en el caso del anciano, sino para cualquier persona con una deficiencia grave de la vista. Cabe por último recordar que cada anciano tiene su particular concepto de orden” (a veces más mental que real), que no debe en ningún modo alterarse en nombre de una aséptica disposición de las cosas que no responda a sus exigencias y, sobre todo, a sus costumbres consolidadas.

Habitacion del anciano

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