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PREVENCIÓN DE LOS ACCIDENTES DOMÉSTICOS
LA PÉRDIDA de visión y audición y el debilitamiento de la eficiencia muscular y neurológica son los motivos por los que los ancianos son con tanta facilidad víctimas de accidentes domésticos. Dichos sucesos, amenudo con graves consecuencias, dan
lugar a una sensación de miedo que reduce ulteriormente las posibilidades de movimiento de las personas de edad avanzada.
Las personas ancianas son con frecuencia víctimas de accidentes. Estos pueden producirse en cualquier lugar y por las causas más
absurdas. Son prueba de ello, aparte de las estadísticas oficiales, las referencias a las causas de hospitalización en los departamentos clínicos de traumatología y cirugía. Su incremento es tan progresivo y constante que en Estados Unidos constituyen la tercera causa de muerte por orden de importancia.
Estos accidentes son responsables de una elevada mortalidad por complicaciones operatorias y postoperatorias y por enfermedades que generalmente se prolongan durante largo tiempo. Independientemente de la mortalidad a que pueda dar lugar, dicha patología reviste no obstante un interés especial por que en muchas ocasiones puede ser causa de invalidez total.
Las consecuencias que puede tener un accidente en un anciano, aparte de la patología orgánica específica, son a veces también graves por la posibilidad de que provoquen deterioro psicofísico. En efecto, muy a menudo, son motivo de un repentino y progresivo decaimiento, que cursa con instauración de una serie de estados de ansiedad, miedo, inseguridad e incluso de estados confusionales más o menos graves.
El anciano que ha sufrido un accidente vive con miedo a que éste pueda repetirse y pierde confianza en sus propias posibilidades físicas, quizás aún válidas, limitando de esta forma cualquier intento de vida autónoma.
Tal circunstancia se registra incluso en accidentes de escasa entidad que han cursado con lesiones de poca importancia. La búsqueda de protección puede llegar al extremo de reclamar una hospitalización permanente, con la esperanza de obtener una mayor seguridad asistencial. Tal actitud se ve en ocasiones propiciada por el comportamiento de los familiares, que, por exceso de precaución y por un mal interpretado sentido del afecto, instan al anciano a moverse lo menos posible o incluso, en su ausencia, le obligan a permanecer en cama, empeorando así cada vez más el estado, ya de por sí comprometido, del paciente, que puede de este modo avanzar a pasos agigantados hacia una invalidez total. Es por ello conveniente que no se deseanime a los ancianos a aceptar los riesgos de la vida diaria, mientras sean capaces de reconocerlos y de afrontarlos y no constituyan un peligro para los demás.
A menudo el anciano relaciona los accidentes sufridos con la patogenia de cualquier enfermedad que haya podido presentarse con posterioridad a aquéllos.
Aunque tal circunstancia pueda registrarse en algunos casos, es frecuente que el recuerdo recurrente y agobiante del accidente sufrido se convierta en la práctica en una actitud enfermiza.
Entre los accidentes más recurrentes, los que tienen lugar en el ambiente doméstico y los de tráfico son los más importantes.
Los accidentes que se producen en casa son los más frecuentes, debido también a que en dicho ambiente es donde el anciano pasa la mayor parte del tiempo, tanto si vive sólo como con miembros de su familia.
Un porcentaje nada despreciable se halla constituido por los accidentes que se producen en las instituciones para ancianos. Esta es la razón por la que la decoración ambiental, sea del tipo que sea, debe ser segura y adecuada a las condiciones psicofísicas de la persona, con objeto de garantizar la debida protección y permitir una vida autónoma y autosuficiente.
CAUSAS
DETERMINANTES
DE ACCIDENTES
Los accidentes de tráfico se deben a menudo a la disminución de las facultades físicas y de percepción del anciano y a la lentitud a la hora de valorar ciertas situaciones que pueden producirse en la calle. Dicha posibilidad debería inducir a todos los conductores a extremar las medidas de precaución y actuar de forma adecuada siempre que les parezca encontrarse ante ancianos con dificultades para tomar una decisión.
A veces los accidentes se producen también por una falta de capacidad crítica para valorar los posibles riesgos de una determinada acción, tanto por las características especiales de algunos sentidos como por la reducida capacidad de movimiento y equilibrio.
A menudo hallan también su causa en un aporte insuficiente de sangre a los distintos centros cerebrales, circunstancia que si en condiciones normales puede influir en el mantenimiento del equilibrio, cuando se produce una demanda más o menos imprevista (cambios de postura, movimientos rápidos o decisiones repentinas) puede poner de manifiesto una clara insuficiencia. En estos casos el aporte hemático a los centros vitales puede quedar tan por debajo del punto crítico que dé lugar a signos claros de alteración de las estructuras nerviosas.
Un ejemplo de este tipo de situaciones imprevistas lo constituye la característica molestia que puede aparecer durante la emisión de orina tras una retención prolongada, es peor en los hombres. La evacuación rápida, al determinar una caída repentina de presión en la cavidad abdominal, puede, en efecto, dar lugar a desmayos. Otros ejemplos son el síncope que puede producirse al despertarse, cuando el anciano pasa de la posición horizontal a la vertical, y las molestias que se experimentan con los golpes de tos, especialmente cuando son fuertes y prolongados, debido a variaciones en el flujo sanguíneo cerebral.
La disminución de la capacidad visual y de los reflejos puede también ser responsable de algunos accidentes.
MEDIDAS
DE PREVENCIÓN
En cualquier caso, los accidentes domésticos son los que tienen una mayor incidencia en esta patología traumática. Sin embargo, una cuidadosa organización y la aplicación de una serie de medidas preventivas pueden reducir en gran medida los riesgos.
Independientemente del tipo de estructura de la vivienda, de la ubicación de la casa, de las salidas de seguridad para incendios y emergencias, del uso de materiales ignífugos y de las instalaciones eléctricas, que son normas concretas que hay que tener en cuenta en todo proyecto de construcción, parece oportuno subrayar aquí las características que debe reunir el ambiente en el que vive el anciano.
Las habitaciones deben pemitir desplazamientos rápidos, fáciles y directos. Las puertas deben abrirse contra las paredes y no entorpecer el paso. Es muy importante la colocación del mobiliario, que puede convertirse en un peligro cuando obstaculiza el paso de una habitación a otra o si se coloca en el centro de una habitación. Su perfecta ordenación podrá, además de permitir fáciles desplazamientos, convertirse en un medio de ayuda en la actividad de recuperación de la motricidad.
El tipo y la forma de los muebles deben responder a una serie de obligadas características: seguridad, ligereza, facilidad de desplazamiento y volumen en proporción a la amplitud de la habitación. Deben ser estables, sin ángulos demasiado salientes y con aristas redondeadas. Los tejidos de revestimiento deben ser fáciles de limpiar, resistentes a las manchas, antialérgicos y antiinflamables. Dado, por tanto, que el mobiliario y los tejidos pueden representar un riesgo de eventuales accidentes, es esencial que sean cuidadosamente elegidos.
ILUMINACIÓN
Para que la iluminación natural sea acogedora y confortable no debe ser demasiado intensa. Ello responde a ciertas características del aparato visual del anciano. Por consiguiente, dejando a un lado consideraciones sobre la forma de las ventanas, que se incluyen entre las indicaciones arquitectónicas y que por tanto no consideraremos aquí, cabe recomendar el uso de cortinas u otro tipo de protecciones que atenúen la luminosidad intensa y molesta según la época del año y la hora del día.
La iluminación artificial debe responder a una serie de requisitos concretos:
• iluminar el ambiente con intensidad uni forme y homogénea;
• evitar la formación de zonas de sombra que puedan resultar peligrosas o arriesgadas;
• colocar puntos de luz en determinados sectores para facilitar la realización de actividades varias (leer, coser, cocinar, etcétera).
Los interruptores deben ser de fácil utilización y seguros, y deben colocarse en lugares al alcance de la mano (posición y altura), fuera de la habitación, con objeto de permitir la entrada a un ambiente previamente iluminado.
Es indispensable colocar linternas en todos los ambientes (sobre todo en los cuartos de baño y en el dormitorio) al alcance de la mano, siempre en el mismo sitio, para evitar que repentinos cortes de corriente puedan crear estados de ansiedad y peligro con con secuencias a veces muy graves.
El uso de colores vivos correctamente aplicados para llamar la atención sobre zonas de peligro puede servir para evitar eventuales accidentes. Se aconseja, por ejemplo, pintar de blanco (u otro color claro) el último y el primer peldaño de una escalera (para que resulten más visibles por la tarde y por la noche), pintar con colores fuertes las ruedas de regulación de estufas y cocinas (para indicar las posiciones de “encendido” y “apagado”) y las cajas de medicamentos (uso externo, uso interno).
La elección del color del ambiente resulta determinante a la hora de definir el carácter de las habitaciones. Los colores cálidos y brillantes hacen que la casa resulte más acogedora, mientras que los fríos son relajantes.
SEGUNDA PARTE DE LA PREVENCION DE ACCIDENTES
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