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LAS MODIFICACIONES DEL PIE

PROCESOS INFLAMATORIOS y degenerativos, agresiones mecánicas, problemas de exceso de peso y cambios anatómicos debidos al envejecimiento se cuentan entre las numerosas causas de las enfermedades de los pies que con tanta frecuencia se observan sobre todo entre pacientes en edad geriátrica.

pie en el ancianoCon el paso de los años, los trastornos y las patologías que afectan al pie se hacen más frecuentes. En la mayor parte de estas patologías el tratamiento debe ser conservador e incluye el uso de calzado adecuado, aparatos ortopédicos correctores y plantillas y la administración de fármacos; la prescripción de dicho tratamiento debe correr a cargo del médico especialista.
La intervención quirúrgica debe considerarse como último recurso, que deberá tenerse en cuenta sólo cuando todas las demás terapias hayan resultado totalmente ineficaces.
El elevado predominio de patologías que afectan a los pies en pacientes en edad geriátrica puede atribuirse a toda una serie de factores fisiológicamente asociados al envejecimiento y a la mayor incidencia de enfermedades sistémicas al avanzar la edad.
Las patologías más frecuentes y que requieren tratamiento son, en sujetos mayores de 60 años:
• pie plano;
• pie cavus;
• callosidades;
• hailux valgus;
• deformidades en otros dedos.

RECUERDO ANATÓMICO
El pie representa una especie de plataforma que soporta el peso del cuerpo durante la estación erguida y que actúa a modo de palanca a la hora de impulsar el cuerpo hacia arriba y hacia adelante al caminar, correr o saltar.
El pie se halla integrado por 26 huesos y 33 articulaciones.
Los huesos están unidos entre sí por medio de numerosos ligamentos y parcialmente también por los músculos y los tendones que los rodean.

MODIFICACIONES DEBIDAS AL ENVEJECIMIENTO

pie cavusLos cambios que trae consigo el envejecimiento afectan también a los pies. Las almohadillas o cojinetes de grasa localizados en la región plantar y encargados de atenuar los traumatismos mecánicos a los que se ve sometido el pie por acción del peso corporal se atrofian y degeneran. A consecuencia de ello, aumenta la agresión mecánica a que se ven sometidas las estructuras osteoartromusculares, con posibilidad de aparición de procesos inflamatorios. Los procesos degenerativos articulares alteran la funcionalidad de las articulaciones del pie, conduciendo a una pérdida de movilidad articular y dificultando la fase de apoyo en la deambulación.

ALTERACIONES DE LA PARTE POSTERIOR DEL PIEpie

Tendinitis del tendón de Aquiles.
La tendinitis del tendón de Aquiles se caracteriza por la aparición de dolor e inflamación, con o sin tumefacción, localizados exclusivamente a la altura del tendón.
En la población general la forma más común de tendinitis del tendón de Aquiles es la causada por traumatismos directos o bien por contracción súbita y fuerte del conjunto musculotendinoso; el paciente anciano puede sin embargo desarrollar una tendinitis por sobrecarga funcional crónica. En este grupo de edad, la inflamación del tendón puede también ser consecuencia de la fricción local ejercida por el calzado.
Numerosas enfermedades sistémicas de carácter inflamatorio, dismetabólico o infeccioso pueden también afectar al tendón de Aquiles.
El paciente que sufre una tendinitis del tendón de Aquiles refiere a menudo dolor local y tumefacción. El examen objetivo pone de manifiesto enrojecimiento, tumefacción y dolor en el área del tendón. Durante el movimiento, pueden percibirse crepitación y en caso de tendinitis crónica pueden también apreciarse a la palpación unos nódulos.
Tratamiento.
El tratamiento conservador de una tendinitis del tendón de Aquiles incluye varias posibilidades. En los casos agudos graves puede ser necesario recurrir a alguna modalidad de inmovilización mediante instrumentos ortopédicos, así como al uso de muletas para evitar la carga del peso corporal sobre el lado afectado. En casos menos graves, pueden bastar una disminución de la actividad física y la aplicación de una plantilla blanda en el zapato, bajo el talón, con objeto de reducir el riesgo de excursión del tendón. Pueden resultar también útiles la aplicación de calor y la realización de pediluvios calientes con sales. En estos pacientes da también a menudo buenos resultados la instauración de un corto ciclo terapéutico con fármacos antiinflamatorios no esteroideos.
En los casos en los que la irritación mecánica del calzado sea una de las causas de la tendinitis, conviene proceder a la modificación del calzado, usando por ejemplo zapatos con el talón abierto o aplicando almohadillas de goma esponjosa para evitar la fricción.

Bursitis del tendón de Aquiles.
La bursitis del tendón de Aquiles es la inflamación de una de las dos bolsas existentes alrededor del calcáneo:
— la bolsa retrocalcánea, localizada entre el tendón de Aquiles y el calcáneo;
— la bolsa precalcánea, situada entre el tendón de Aquiles y la piel.
Cada una de estas bolsas puede resultar afectada por procesos inflamatorios, dismetabólicos o infecciosos. La causa más común de bursitis del tendón de Aquiles es, no obstante, la presión mecánica repetida ejercida por el talón del calzado.
Los síntomas incluyen una marcada tumefacción local, con aumento progresivo del dolor en el movimiento de dorsoflexión del pie. El examen objetivo pone de manifiesto tumefacción local y dolor a la palpación.
Tratamiento.
El tratamiento conservador primario resulta a menudo eficaz, y debería incluir:
— disminución de la actividad física;
— baños calientes;
— eliminación de la presión local usando calzado adecuado;
— aplicación de una plantilla bajo el talón para levantarlo y aliviar la irritación mecánica ejercida por el borde del zapato sobre la bolsa tendinosa.

• Síndrome doloroso de la almohadilla calcánea.
Dicho síndrome consta de un proceso inflamatorio que afecta al tejido adiposo elástico que cubre la cara plantar del calcáneo, atribuible al traumatismo crónico durante la deambulación. La carga prolonga da del peso corporal, el andar (sobre todo sobre suelos rígidos) y la obesidad representan todos ellos factores predisponentes a la aparición del síndrome.
En el paciente en edad geriátrica dicho síndrome se asocia a atrofia de la almohadilla calcánea. En efecto, al avanzar la edad, el cojinete adiposo calcáneo sufre un proceso de degeneración progresiva, a consecuencia del cual el calcáneo ha de soportar una mayor presión, desencadenándose así el proceso inflamatorio.
El paciente refiere dolor en la cara plantar del calcáneo en la fase de apoyo y, a la palpación, en la parte posterior de la tuberosidad calcánea, que soporta el peso del cuerpo.
Tratamiento.
El tratamiento consiste en la reducción de la presión sobre el área afectada y en la aplicación de otras medidas, sobre todo de tipo conservador. La reducción de la actividad física puede resultar útil. Así, una copa flexible de plástico aplicada sobre el calcáneo permite transmitir el peso desde el suelo directamente a la tibia, evitando que el paciente cargue excesivo peso sobre el calcáneo.
En estos pacientes puede estar también indicada la administración de fármacos antiinflamatorios y, en los casos que no respondiesen al tratamiento, la inyección de cortisona y de anestésicos locales.

Fascitis plantar.
También es frecuente la aparición de una reacción inflamatoria en el lugar de inserción de la fascia plantar; en este caso la inflamación es también el resultado de un síndrome de sobrecarga. La fascitis plantar se manifiesta con mayor frecuencia entre los ancianos de sexo masculino; son factores predisponentes el mantenimiento durante periodos prolongados de la estación erguida y un peso corporal excesivo.
Los síntomas comprenden dolor agudo al tener que soportar el peso corporal y aumento del dolor al realizar movimientos de dorsoflexión pasiva de los dedos del pie.
Tratamiento.
En estos pacientes se aconseja una reducción de la actividad física, baños calientes, la administración de fármacos antiinflamatorios y además el cambio de calzado.
La colocación en el calzado de una plantilla de soporte del calcáneo y del arco longitudinal medial del pie puede resultar asimismo muy útil.
En los casos crónicos puede considerarse la posibilidad de aplicar una inyección local de cortisona y de un anestésico local.

PATOLOGÍA DE LA PARTE MEDIA DEL PIE

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