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LA PREVENCIÓN DE LA INCAPACIDAD FÍSICA

MUCHAS son las causas (enfermedades orgánicas o actitudes psicológicas) que pueden determinar posturas viciadas que a su vez favorezcan o empeoren condiciones de incapacidad física. Una intervención inmediata, con los medios idóneos, constituye actualmente la única forma de recuperar la capacidad física.

A edades avanzadas la menor funcionalidad de algunos aparatos puede condicionar de forma incluso notable la posibilidad de adoptar y mantener posiciones correctas del cuerpo.
Dichas limitaciones pueden tener como consecuencia actitudes viciadas por la instauración de una patología degenerativa, por un progresivo deterioro físico o por actitudes preexistentes que sin embargo se acentúan con el envejecimiento.
Los aparatos afectados en mayor medida por dichos procesos son el esquelético, el muscular y el nervioso.

IDENTIFICAR LAS CAUSAS

Para contrarrestar o contener los efectos negativos de dicha patología y para mantener o recuperar la mayor eficiencia posible de dichos sistemas, son necesarias actuaciones estudiadas y personalizadas. Estas medidas de rehabilitación se aplicarán tras la correcta identificación de las causas de invalidez, que a menudo son atribuibles a posiciones viciadas mantenidas durante el periodo de lactancia, a una disminución progresiva de la capacidad de movilización o a una concreta actitud de renuncia.
En consecuencia, es conveniente conocer siempre la importancia de las “posturas” y de las “actitudes”, sobre todo durante los períodos prolongados de enfermedad o de reducida motilidad en el anciano.
La postura es la posición del cuerpo o de algunas de sus partes. La actitud es la forma de colocar o de adaptar el cuerpo a una determinada posición, tanto en los momentos de inactividad como en los de movimiento. Por consiguiente, una postura y una actitud correctas del cuerpo se convierten en medidas esenciales para evitar o compensar estados de invalidez derivados y consiguientes a posiciones incorrectas asumidas o mantenidas durante mucho tiempo, ya sea durante un periodo de lactancia prolongado, ya sea como consecuencia de posiciones adoptadas para compensar una menor eficiencia o para atenuar sensaciones dolorosas.
A veces las causas pueden incluso parecer aparentemente banales. Una deambulación incorrecta o viciada, o una inmovilización ocasionada por la falta de los necesarios cuidados podológicos (eliminación de callos, uñas encarnadas, uñas en forma de garra) pueden ser responsables de dicho estado de invalidez. Por consiguiente, el seguimiento de las necesarias medidas higiénicas puede constituir una forma de prevenir la inactividad de bloques articulares y de estimular el aparato neuromuscular.
Así pues, el conocimiento y la adopción de una postura correcta y de actitudes más fisiológicas son medidas terapéuticas y de rehabilitación que, en el campo de la geriatría, poseen suma importancia a la hora de evitar lesiones graves por inmovilización o por adopción de posiciones viciadas, con las consiguientes complicaciones que pueden surgir en los distintos aparatos.
Durante el envejecimiento, las actitudes incorrectas pueden ser consecuencia no sólo de enfermedades agudas (a largo plazo), sino también de enfermedades con secuelas discapacitantes (hemiplejia, paraplejia, artrosis, neumopatías, cardiopatías, caquexia, etc.) o de enfermedades cortas, así como de la adopción de forma recurrente de las mismas actitudes. Por el contrario, adoptar posiciones correctas en la cama, en la butaca o cuando se está de pie puede no sólo facilitar notablemente las actividades normales (aunque sea únicamente de forma limitada), sino también actuar positivamente sobre la actividad neu romuscular.

POSICIONES Y ACTITUDES CORRECTAS

En el anciano autosuficiente o inválido la posición corporal correcta debe mantenerse con ayuda de los esquemas y los medios utilizados corrientemente para la rehabilitación física y para hacer gimnasia. Tales medios son por otro lado necesarios para prevenir o compensar anquilosis articulares, retracciones de los músculos, de los tendones y de las cápsulas ligamentosas y deformaciones esqueléticas, y son capaces además de favorecer la recuperación de módulos de actividad debilitados o perdidos.
En el caso del anciano es necesario recomendar las posiciones y las actitudes correctas en cuanto aparece una movilidad reducida o limitada. En los primeros momentos de enfermedad es especialmente importante evitar que una mala posición adoptada momentáneamente se convierta en habitual e induzca las alteraciones tróficas de los tejidos y los desequilibrios musculares ya mencionados.
Las actitudes correctas, los medios y las formas más idóneas para adoptarlas deben elegirse tras haber observado cómo permanece tumbado el paciente en la cama, la actitud que adopta cuando está sentado y su forma de andar.
En la cama es importante evitar posiciones viciadas de la pelvis. Ello se consigue haciendo que el paciente se acueste sobre una superficie rígida. Es indispensable que se mantenga correctamente la alineación de la cabeza y del tronco mediante la colocación de almohadas.
Las mantas, las sábanas y las colchas no deben pesar demasiado, para evitar que extremidades eventualmente afectadas por procesos patológicos puedan sufrir rotación externa del muslo, flexión de la cadera o flexión de la rodilla.

PEQUEÑAS MEDIDAS
Para prevenir actitudes viciadas del pie (concretamente equinovarus) es conveniente colocar a los pies de la cama un plano rígido vertical contra el cual el paciente podrá apoyar las plantas de los pies. También se pueden aplicar orillas de yeso, de cuero, de metal o incluso de madera. Estos métodos requieren sin embargo mucha precaución y una escrupulosa observación, ya que pueden favorecer la aparición de llagas de decúbito.
Cuando la posición supina pueda complicar una situación de estasis venosa posiblemente latente en sujetos que padecen alguna patología del sistema venoso, sobre todo en las extremidades inferiores, deben evitarse posibles compresiones ejercidas por ropa no adecuada. Se aconseja además la aplicación de vendajes elásticos y el levantamiento de las extremidades para favorecer el flujo venoso, valiéndose de medios tan sencillos como soportes de madera forrados con gomaespuma o redes articuladas.
En los enfermos del corazón la posición en la cama debe caracterizarse por el levantamiento de la cabeza y del tronco, evitando todas aquellas posturas anómalas de la columna cervical.
Es necesario prestar especial atención en caso de sujetos artropáticos con complicaciones neuromusculares, para impedir la instauración de graves anquilosis. Los grupos articulares afectados en mayor medida son:
• las articulaciones de la espalda, del gómito, del antebrazo, del pulso y de las manos;
• la cadera, que puede presentar una rotación externa, la rodilla, que puede sufrir flexión, y el pie, que puede presentar caída en flexión del plantar.
Para la alineación de los segmentos corporales y para la eliminación de estas actitudes en flexión de las extremidades inferiores pueden resultar de utilidad, aparte del arco metálico, un rollo de gomaespuma aplicado sobre el lado externo de la extremidad paralizada (evitando tambíen la rotación externa de la extremidad), o bien un rollo colocado bajo la cavidad poplítea.
Una almohada colocada debajo de la extremidad superior paralizada permite adoptar la posición intermedia más adecuada entre la pronación y la supinación. Por otro lado, hay que tomar medidas especiales para mantener en la correcta posición la muñeca y los dedos.
Es necesario estimular al paciente para que pase lo más rápidamente posible de la posición de tumbado en la cama a la posición de semisentado y luego a la de sentado.
Para evitar actitudes que, de prolongarse en el tiempo, podrían convertirse en posturas viciadas, es conveniente recurrir al uso de diversos aparatos y medidas, unos claramente ortopédicos y otros sencillísimos y de uso corriente, pero no por ello menos útiles:
tirantes o triángulos de tela para sostener extremidades superiores paralizadas, orillas (contención), guantes rígidos, correas y muelles para alteraciones de la mano, es decir para evitar actitudes discapacitantes, obligando a la extremidad a adoptar un posiciún correcta. Para eliminar o prevenir actitudes viciadas del pie y de la articulación tibiotarsiana pueden resultar útiles los zapatos ortopédicos o simplemente unos zapatos que presenten una buena capacidad de contención del tobillo.
Si estas posturas anómalas cursan acompañadas de sensaciones dolorosas es indispensable, en primer lugar, eliminar el estado de sufrimiento, para aplicar luego los aparatos correctores.

MOVILIZACIÓN PASIVA Y MOVIMIENTO ACTIVO

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