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EL ENVEJECIMIENTO DEL OJO
EN EL ANCIANO, el ojo, como todos los demás órganos, es objeto de un progresivo deterioro de sus funciones y de cierta tendencia a verse afectado por trastornos o alteraciones de la capacidad visual, que pueden afectar indistintamente a los párpados, a la córnea, al cristalino, al cuerpo vítreo y a la retina.
.PÁRPADOS
Las alteraciones más significativas son las que afectan a la amplitud de la hendidura palpebral y el párpado inferior, que puede pIegarse hacia dentro o hacia fuera.
Variaciones de amplitud.
La hendidura palpebral puede verse reducida en longitud y en anchura por las siguientes causas:
• enoftalmo, consiguiente a una resorción de la grasa que normalmente existe detrás de los ojos; ello da lugar a los típicos ojos hundidos de la persona anciana;
• ptosis (es decir, prolapso o descenso) del párpado superior, que queda cubriendo parte de la córnea y a veces incluso parte de la pupila;
• blefarocalasia del párpado superior, más frecuente en las mujeres, por relajación de su tejido subcutáneo; el resultado es la formación de un gran pliegue cutáneo que llega hasta el borde de las pestañas e impide u obstaculiza la visión hacia arriba.
Entropión, ectropión y ptosis senil. El entropión senil afecta sólo a las pestañas del párpado inferior. Se caracteriza por la inversión del borde palpebral y por la molestia debida al roce del bulbo ocular por parte de las pestañas vueltas hacia el interior. La disminución del tono muscular y la atrofia de los tejidos impiden la función, y por tanto el párpado no se halla ya en estrecho contacto con el ojo. Se puede fácilmente alejar el párpado del ojo, pero cualquier movimiento de aquél, como el guiño, invierte nuevamente el borde palpebral. En cambio, en el ectropión senil el párpado inferior se pliega hacia el exterior en lugar de hacia el interior. Por esta razón la conjuntiva queda expuesta y desprotegida y ello puede determinar una conjuntivitis crónica. Además, queda desplazada asimismo la desembocadura del canal lagrimal, con la consiguiente dificultad para el drenaje normal de las lágrimas; por esta
razón el anciano presenta con frecuencia lagrimeo espontáneo.
Para la corrección de las alteraciones de los párpados pueden realizarse distintas intervenciones quirúrgicas. Todas ellas se basan en la corrección de la laxitud de los tejidos y en el restablecimiento de la acción muscular normal.
CÓRNEA
La córnea puede verse afectada por alteraciones tanto de los estratos superficiales como de los profundos. La degeneración su perficial más frecuente es el gerontoxon o arco senil, que es una opacidad blanco- grisácea en forma de anillo que se forma en la periferia de la córnea.
Las degeneraciones profundas podrían tener su origen en una alteración en la constitución del humor acuoso, es decir, del líquido que llena los espacios libres del ojo por delante del cristalino, debido a trastornos metabólicos inducidos por la arteriosclerosis. Las degeneraciones más frecuentes de los estratos profundos son:
• la distrofia nebulosa central: se trata de una infiltración bilateral de puntitos blanco- grisáceos muy abundantes y de localización central o dispuestos en líneas onduladas;
• la córnea guttata: infiltración bilateral de gotas de humor acuoso que pasan a través de hendiduras de degeneración de la córnea.
Las degeneraciones de los estratos profundos modifican la transparencia de la córnea y reducen la funcionalidad visual en proporción al grado de afección.
IRIS
El pigmento de la superficie del iris puede resultar disgregado de forma irregular o por zonas. El borde de la pupila, siempre afectado, se muestra grisáceo o translúcido. A través de los espacios sin pigmento se entrevé el estrato gris subyacente y es este tono gris el que confiere al ojo senil ese aspecto apagado y opaco.
PUPILA -
En el anciano, la pupila aparece más pequeña, menos móvil y parcialmente inerte
por las siguientes razones:
• aumento del tono parasimpático;
• degeneración del conectivo;
• aumento de la convexidad anterior del iris. La consecuencia directa es una disminución
del diámetro de la pupila, que puede reducir la visión en condiciones de escasa iluminación o comprometer la adaptación de la retina a los cambios bruscos de intensidad lumínica, sobre todo en presencia de cataratas.
CRISTALINO
El cristalino sigue desarrollándose durante toda la vida, aunque a edad avanzada disminuya su ritmo de crecimiento. Cuando crece, sus fibras más viejas son empujadas hacia el centro, o núcleo, y este hecho, asociado a modificaciones del metabolismo del cristalino, determina alteraciones a cargo de los tejidos que conducen a una disminución de la transparencia, conocida como catarata.
PRESBICIA
El ojo normal en reposo está estructurado de tal modo que los rayos de luz procedentes de un objeto distante se enfocan sobre la retina. La acomodación es posible gracias a la contracción de los músculos de las pestañas que relajan las fibras del cristalino, permitiendo a este último adquirir una conformación globosa.
La capacidad de acomodación se reduce con los años desde cerca de 14 dioptrías en la infancia hasta apenas 4 dioptrías hacia los 45 años y a una sola dioptría a los 60 años. Esta progresiva disminución de la acomodación se conoce en general con el nombre de presbicia o presbiopía.
Se cree que se debe al endurecimiento del núcleo del cristalino, que impide las modificaciones de forma. Un cómodo punto situado a 25 centímetros, es decir a una distancia normal de lectura, requiere una acomodación de 6 dioptrías, aunque muchas personas no son capaces de realizarla después de los 40 años. Por tanto, con el paso de los años puede resultar necesaria una corrección óptica para conservar un punto próximo normal y cómodo.
GLAUCOMA
Los glaucomas constituyen un grupo de condiciones patológicas en las que la presión en el interior del ojo aumenta hasta el punto de impedir el funcionamiento normal del nervio óptico. Las causas son diversas, pero no todas ligadas al envejecimiento.
El glaucoma crónico afecta a cerca del 1 % de la población por encima de los 40 años de edad. La causa no está clara, aunque las vías de drenaje del humor acuoso del ojo se ven sin duda afectadas.
El avance de la enfermedad es constante, pero en los estadios iniciales carece de síntomas. Sólo realizando una comprobación de la presión intraocuiar es posible detectar a los pacientes afectados. La característica clínica, aparte del aumento de la presión intraocu lar, es la disminución del campo visual.
CUERPO VÍTREO Y RETINA
El cuerpo vítreo, que ocupa la mayor parte del volumen ocular, se modifica con la edad con formación de pequeños sacos (vacuolas) llenos de líquido. Cuando una vacuola entra en contacto con el espacio comprendido entre el cuerpo vítreo y la retina, puede separarlos; esta circunstancia repentina recibe el nombre de desprendimiento vítreo y puede determinar la aparición de síntomas como ‘moscas volando” y relámpagos luminosos.
La causa reside en el cuerpo vítreo que, al tornarse móvil, realiza movimientos verticales en el interior del ojo y estimula la retina para que produzca nuevos impulsos, que son interpretados por el cerebro como relámpagos luminosos.
Los síntomas que se manifiestan en el desprendimiento de retina son muy parecidos.
El deterioro de la estructura de la retina pone en peligro la función visual. El enfermo puede tener una visión clara del ambiente, de modo que anda y se desplaza con suficiente seguridad, pero no es capaz de desempeñar aquellas actividades que requieren atención visual, como escribir o leer. También es posible que manifieste dificultades para percibir y ver bien el ambiente porque no sabe adaptarse a la luz.
Son también importantes las alteraciones visuales consiguientes a alteraciones vasculares arteriales o venosas, como:
• espasmo de la arteria de la retina: comienza con visión de imágenes en forma de tela de araña, de mosca o de hilos, que a veces desaparecen y a veces persisten durante largo tiempo o recidivan; no pocas veces concluye con una embolia que puede conducir a la ceguera;
• oclusión de la arteria de la retina: se manifiesta con ceguera repentina y definitiva;
• oclusión de una rama de la arteria de la retina: la ceguera es repentina, a menudo permanente, pero siempre limitada a un sector del campo visual;
• oclusión de la vena de la retina: la vista se nubla pero no se pierde, aunque luego pueda evolucionar hacia la ceguera;
•hemorragias retínicas: se manifiestan con la aparición de sombras repentinas y estables en el campo visual; la vista no suele estar, en general, afectada.
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