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LA DIETA DEL ANCIANO
EL AUMENTO DE LA ESPERANZA DE VIDA, importante “logro biológico” de nuestro siglo, ha dado lugar al envejecimiento de la población. El problema de la alimentación ha pasado por tanto a ser fundamental para que el anciano viva en buenas condiciones
de salud.
Los errores en la dieta se cometen a veces mucho antes de que la persona alcance la tercera edad y se perpetúan con los años, creando a menudo graves daños físicos.
De un estudio realizado para valorar el estado nutricional de la población anciana resulta
que una proporción que varía del 15 al 25 %
se alimenta de forma cuantitativamente insuf iciente, mientras que en el 20-30 % de los casos
el aporte alimentario es elevado. De aquí la necesidad de una dieta que garantice un aporte calórico suficiente, con una composición de principios nutritivos equilibrada y adecuada para mantener constante el peso, para mejorarlo si es escaso o disminuirlo si es excesivo.
LA IMPORTANCIA
DE LA ALIMENTACIÓN
Los componentes más frecuentemente deficitarios, en especial si se sigue una dieta de bajo contenido calórico (1.500 kcal diarias), son las vitaminas (sobre todo la A y la C), el calcio, el hierro y el cinc. En estos casos es conveniente recurrir a integradores vitamínico-minerales preparados a tal fin, ateniéndose naturalmente siempre a los consejos del médico.
Otros factores que influyen sobre el estado nutricional del anciano son las condiciones socioeconómicas, las modificaciones del organismo senil, la torpeza física, las enfermedades crónicas, los problemas psicológicos y los fármacos, aparte de la estructura corporal y de los órganos digestivos (la disminución de la “masa magra”, equivalente al 6,3 % para cada década de edad, el incremento de la “masa grasa”, o la reducción de la “masa ósea”, que se regula, por ejemplo, con la dieta y la actividad física). La carencia de ciertos nutrientes puede además determinar la pérdida de las funciones cognitivas y ciertas alteraciones en el comportamiento. Incluso la funcionalidad del sistema inmunitario puede verse alterada por factores nutricionales.
En los ancianos enfermos o ingresados en los hospitales la malnutrición puede ser causa de retraso en la cicatrización de las heridas, puede favorecer la formación de llagas de decúbito si han de guardar cama durante largos períodos y, en cualquier caso, prolonga la convalecencia.
UNA DIETA
EQUILIBRADA
¿Qué consejos han de darse por tanto a una persona ya no joven para ayudarla a conservar su físico?
En la composición de la dieta del anciano más del 55-60 % de las calorías totales deben proceder de los hidratos de carbono, el 25-30% de los lípidos y el 15-20 % de las proteínas; las calorías proporcionadas por el alcohol no deben superar el 5 % del aporte total.
Una dieta equilibrada debe contener también vitaminas y sales minerales en cantidad suficiente; es así muy importante el contenido en calcio de los alimentos, en la medida en que un aporte insuficiente se considera uno de los factores que favorecen la aparición de la osteoporosis (enfermedad de los huesos, cuya fragilidad se ve aumentada por una prolongada falta de calcio).
Las fuentes alimentarias de calcio más importantes son la leche y sus derivados, así como las verduras verdes, las acelgas, las uvas, las legumbres y los frutos secos.
Por cuanto respecta al hierro, la dieta debe aportar 10-15 mg de hierro absorbible al día para cubrir las necesidades de alrededor de 1 mg. Oligoelementos a tener en cuenta son el magnesio, el cromo, el cobre, además del cinc, importante por su función de mantenimiento del gusto, del olfato y de la vista. Por cuanto respecta a las vitaminas, hay que considerar que su carencia prolongada en el tiempo (sobre todo de vitamina C y de B puede contribuir a la reducción de la capacidad cognitiva, circunstancia que no ha de acompañar inevitablemente a la vejez, sino que puede tener su causa en un estado de malnutrición.
NO AL ALCOHOL
Una buena norma de salud aconseja que la persona anciana no consuma bebidas alcohólicas. Al envejecer se produce, en efecto, un aumento de la sensibilidad a los efectos del etanol. Por otro lado, la eventual presencia de enfermedades crónicas, más frecuentes en el anciano, y el uso contemporáneo de fármacos pueden agravar el daño producido por el alcohol, que por otro lado parece ser un factor de envejecimiento precoz, además de causar la aparición de síntomas similares a los de la demencia.
Debido al efecto depresor más que estimulante del alcohol, su consumo abusivo puede comprometer las funciones cerebrales del organismo, reduciendo la capacidad de atención, de juicio, la coordinación y los reflejos. Para el anciano, se considera moderado un consumo inferior a los 50 g de alcohol diarios para el hombre y a los 30 g para la mujer (es decir, alrededor de 500 y 300 cc de vino de gradación media al día.) Este es, naturalmente, un valor puramente indicativo, ya que conviene considerar las condiciones físicas de cada persona además de la reacción personal al consumo de sustancias al cohólicas.
POR QUÉ EL ANCIANO COME
MAL
Las causas de una alimentación incorrecta se hallan a menudo ligadas a razones puramente fisiológicas. La masticación, por ejemplo, se ve afectada de forma negativa por las condiciones de la dentadura, a menudo precarias por el padecimiento de numerosas caries o por la pérdida de dientes, a veces incluso total. Las prótesis dentarias no son frecuentes debido a su alto costo y cuando son posibles son a menudo mal toleradas; ello supone la exclusión habitual de la dieta de muchos alimentos nutricionalmente importantes.
Por otro lado, la sensibilidad gustativa disminuye a medida que aumenta la edad. Así, en algunos casos, se produce una disminución de la sensibilidad a lo dulce, a lo salado, a lo amargo o a lo ácido y en otros un aumento de la sensibilidad a lo amargo, especialmente entre los fumadores.
En el estómago se producen notables disminuciones en la secreción de ácido clorhídrico, pepsina y factor intrínseco, con la consiguiente deficiencia en la digestión y absorción incompleta de algunos nutrientes.
En la composición de la dieta del anciano las
vitaminas son esenciales.
Es importante que la dieta del anciano sea estudiada
en función de sus necesidades específicas. En un hombre de 70 años las necesidades
energéticas son de 2,300 kcal. diarias.
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