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LAS CAÍDAS EN LA TERCERA EDAD

EN EL ANCIANO las caídas son a menudo manifestación de un estado patológico, por lo que se hace necesario recoger todos los elementos necesarios para diagnosticar la enfermedad de origen. Además, la estabilidad, afectada ya por discapacidades ligadas a la edad, puede verse alterada por el uso de fármacos.

Las caídas son accidentes frecuentes entre los ancianos, dada la progresiva inestabilidad a edades avanzadas.
Entre los sujetos de edad superior a los 65 años, cerca del 20 % de los hombres y del 40 % de las mujeres ha sufrido al menos una caída y el número de caídas y la gravedad de las complicaciones es mayor cuanto más anciano es el sujeto. Las caídas representan la causa de muerte más frecuente por motivos accidentales y sólo un cuarto de los sujetos hospitalizados a raíz de una caída sobrevive al cabo de un año. A pesar de que la mayor parte de las caídas carecen de consecuencias, pueden sin embargo dar lugar a una reducción de la movilidad, a una restricción de la actividad física, a una reducción de la autoestima y a la pérdida de autonomía.
La mayor parte de estas personas, conscientes casi instintivamente de cierta predisposición, viven a menudo con un miedo constante a las caídas, adoptando actitudes y movimientos dirigidos precisamente a evitarlas. Si están sentadas, se levantan muy despacio, no sólo debido a una menor eficiencia muscular, sino también como medida de precaución. Permanecen sentadas en la butaca durante mucho tiempo, incluso cuando deberían moverse. Les da miedo subir y bajar escaleras y bordillos de aceras, etcétera.
No podemos olvidar, por otro lado, que las caídas repetidas constituyen uno de los motivos más frecuentes de internamiento en instituciones para la tercera edad de personas hasta ese momento independientes.

INESTABILIDAD
El mantenimiento de la posición erguida requiere el equilibrio de una gran masa con un centro de gravedad alto sobre una base muy pequeña (pies). Este delicado equilibrio se mantiene gracias a los músculos antigravitanos y a los estímulos nerviosos sensitivos procedentes de la piel, los músculos y las articulaciones. Estos proporcionan la información necesaria en cuanto el centro de gravedad se desplaza de la base, y de esta forma los músculos correspondientes pueden contraerse para corregir este movimiento. Naturalmente a ello contribuyen también la vista y la función vestibular. Este complejo mecanismo se aprende en la infancia y es reflejo e inconsciente durante gran parte de la vida. Sin embargo, y al igual que muchas otras funciones automáticas del organismo, el reflejo de mantenimiento de la posición erguida se debilita a medida que pasan los años. Disminuye así la capacidad para corregir rápida y adecuadamente las oscilaciones del centro de gravedad fuera de la base, lo cual puede ser una de las causas de la elevada incidencia de caídas. La manifestación más frecuente es un aumento de la inestabilidad.

CAUSAS DE CAÍDA
Las caídas no representan una enfermedad, sino un síntoma que requiere una serie de atentos estudios dirigidos a esclarecer el problema subyacente. Desgraciadamente, como a menudo ocurre en geriatría, las caídas son sintomáticas de muchos factores, tanto intrínsecos (cambios fisiológicos ligados al envejecimiento, enfermedades, fármacos...) como extrínsecos (factores ligados al ambiente don de vive el anciano, barreras arquitectónicas...). Con el paso de los años los factores más importantes desencadenantes de las caídas van cambiando. De hecho entre los ancianos “más jóvenes” predominan los riesgos ambientales, asociados quizá a un deterioro fisiológico de las capacidades físicas (una reducción de la capacidad visual en una habitación con obstáculos basta para determinar una caída). Por el contrario, entre los más ancianos las caídas se hallan más a menudo ligadas a una enfermedad neurológica, a un trastorno cardíaco o al uso de fármacos.

CAMBIOS FISIOLÓGICOS
Existen cambios a nivel de los distintos aparatos que pueden considerarse fisiológicos en relación a la edad y que representan factores de riesgo de caída.
Aparato visual. Con la edad, el tamaño de la pupila y su capacidad de reacción a la luz disminuyen, con la consiguiente dificultad del sujeto para adaptarse a las variaciones de intensidad de la luz y una mayor sensibilidad a la luz deslumbrante; por último, la presencia de opacidad del cristalino supone una disminución de la agudeza visual.
Equilibrio y deambulación. El equilibrio es el resultado de complejas interacciones entre los sistemas visuales, vestibulares y sensoriales; una alteración en uno de estos sistemas puede suponer aumento de la inestabilidad.
Con el envejecimiento aumenta la intensidad de las oscilaciones corporales del sujeto que se mantiene de pie, con la consiguiente pérdida de estabilidad. Distintos estudios han puesto de manifiesto que las oscilaciones posturales son más amplias en los sujetos que tienden a caerse que entre los que no presentan caídas en su historia clínica.
La tendencia a la disminución de la sensibilidad propioceptiva y de la sensación de vibración incrementa el peligro cuando el sujeto camina por terrenos accidentados. Los pasos se van haciendo progresivamente más cortos y se tiende a levantar menos el pie del suelo en la fase de oscilación.
Muchos sujetos, incluso en ausencia de alteraciones orgánicas del aparato locomotor, por la costumbre de andar arrastrando los pies, corren el riesgo de tropezar en las desigualdades del terreno.
Aparato cardiovascular. Dado que es f recuente que el sujeto en posición erguida registre una disminución de la presión arterial, la hipotensión arterial puede asociarse a la alteración del equilibrio o puede por sí sola ser el origen de algunas caídas.
Aparato musculoesquelético. Con la edad se produce una pérdida de la fuerza muscular, lo cual guarda al parecer relación con la frecuencia de caídas. El anciano tiende además a adoptar una postura característica, con la cabeza y el cuello inclinados hacia delante, los muslos y las rodillas flexionados. Esta postura no sólo aumenta la inestabilidad, sino que hace más difícil el evitar una caída que está a punto de producirse.

ALTERACIONES PATOLÓGICAS
La mayor parte de las caídas no accidentales se deben a problemas de orden médico más que a cambios fisiológicos ligados a la edad. Las causas más frecuentes de caídas al suelo pueden resumirse brevemente de la si guiente manera:
• Vértigos. El sujeto puede referir tanto vér tigos objetivos como subjetivos. Dicha sin tomatología se asocia a menudo a pérdida de equilibrio y a síntomas neurovegetativos. Estos vértigos pueden deberse tanto a una patología del oído interno como a enfermedades del sistema nervioso, en particular del tronco del encéfalo y del cerebelo.
Hipotensión ortostática. Normalmente el organismo responde a la adopción de la posición erguida con una contracción del sistema venoso y arteriolar y con un aumento de la frecuencia cardíaca. En la hipotensión ortostática fallan estos mecanismos de compensación.
Dicho fenómeno puede registrarsé también en sujetos sanos, aunque generalmente se presenta en pacientes en tratamiento con diuréticos o con fármacos vasodilatadores. A veces una hipotensión ortostática puede ser sintomática de una neuropatía periférica.
Síncope de compresión del seno carotídeo. Al parecer este trastorno está ligado a un estado de hipersensibilidad de la mencionada estructura nerviosa, localizada en el cuello, inmediatamente por debajo del codo de la mandíbula; su estimulación provoca una caída repentina de la presión arterial y una disminución de la frecuencia cardíaca, hasta la parada. El estímulo puede ser una modesta compresión, producida por ejemplo al afeitarse o al ponerse la corbata.
• Arritmias. Las alteraciones del ritmo cardíaco (taquicardias o bradicardias) pueden ser a menudo origen de episodios sincopales.
Alteraciones de la vista. Estudios epidemiológicos han puesto de manifiesto la relación existente entre disminución de la agudeza visual y número de fracturas de fémur en sujetos mayores de 75 años. Dado que el equilibrio es el resultado de la integración de varios sistemas (visual, sensorial y vestibular), la alteración de uno de ellos requiere un mecanismo compensador por parte de los demás, que sin embargo, en caso de alteraciones múltiples, resulta insuficiente.
Anomalías en la deambulación. Todas las alteraciones de la deambulación que se registran en la tercera edad pueden ser causa de caídas al suelo. Entre ellas las más importantes son las alteraciones debidas a patologías de los centros nerviosos de la deambulación.
• Fármacos. En la anamnesis de un paciente que se cae, aparece a menudo el uso de sedantes, diuréticos o laxantes el día antes.
• Enfermedades de presentación aguda. Para terminar, no hay que olvidar que, en el anciano, una caída al suelo puede ser el primer signo de una enfermedad de presentación aguda, como un proceso bronconeumónico, un infarto de miocardio o una hemorragia del aparato gastrointestinal.

Prevencion de las caidas
Las alteraciones de la deambulacion

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