TRATAMIENTO PSICOLÓGICO DE LA ANSIEDAD

A menudo el paciente en estado de agitación o de ansiedad extrema acude a urgencias acompañado de familiares o amigos. El médico debe valorar rápidamente si la presencia de estas personas desempeña algún papel en el origen del problema o en su solución. Puede ser conveniente tratar de separar al paciente de sus acompañantes, aunque sea por un corto periodo de tiempo. Así se podrá tranquilizar a quienes acompañan al paciente, convenciéndoles de que la ansiedad o la agitación pueden ser rápidamente controladas. Al mismo tiempo, se dispondrá de unos minutos para observar si el paciente se encuentra mejor en presencia o en ausencia de sus acompañantes.

Naturalmente, si el paciente se siente más seguro junto a ellos no existe razón alguna para que éstos no estén presentes. No obstante, no está de más en este último caso preguntar al paciente si está dispuesto a que se hable libremente de temas de naturaleza personal. A menudo las personas que acompañan al paciente pueden ser utilizadas de forma constructiva, ya que es muy fácil que el paciente se olvide de las instrucciones o de los consejos que se le dan, aunque sea de forma escrita (como debería ser). Si diera la impresión de que los acompañantes alimentan la ansiedad del paciente, puede ser conveniente considerar la posibilidad de que otro miembro de la familia o algún amigo intervenga en la visita, para que contribuya a calmar con su presencia a la persona que sufre una forma de ansiedad.

Evidentemente es del todo necesario adoptar una actitud confiada y segura. Por otro lado, no hay que permanecer impasible, sino que hay que expresar con palabras que se comprende cuánto está sufriendo el paciente, que está preocupado y asustado, y que se puede hacer algo para aliviar los síntomas agudos.

Por otro lado, en caso de pacientes que se encuentran muy agitados y no son capaces de hablar con coherencia, es conveniente seguir tranquilizando al paciente, asegurándole que “todo se arreglará”. Salvo en los casos en los que el paciente esté tan alterado que no sea capaz de comunicarse de forma satisfactoria, es conveniente tratar de reunir el máximo de datos mediante anamnesis antes de hacer uso de fármacos. En ocasiones, el contacto directo con el paciente ansioso resulta muy útil; el hecho de coger de la mano o del brazo al paciente puede tener un efecto calmante de gran ayuda. Un contacto humano es siempre tranquilizador.

Otro argumento referido con frecuencia por el paciente ansioso es su miedo a perder de alguna forma el control de sí mismo o de “volverse loco” y tener que acabar internado en un hospital psiquiátrico. Es conveniente sondear brevemente los miedos que el paciente alberga sobre sí mismo —sobre todo, qué significa para él “volverse loco”— y luego explicarle que lo que le ocurre es que está sufriendo un ataque de ansiedad, pero que no está volviéndose loco. Si el paciente no ha sufrido con anterioridad episodios de pérdida de autocontrol, puede resultar tranquilizador recordárselo y añadir que no hay razón alguna para que pierda el control en ese momento.

En la mayor parte de los casos, una actitud adecuada y a menudo efectiva consiste en pedir al paciente que imagine por unos momentos que eso que él o ella tanto teme ha sucedido y subrayar así que, incluso si aquello llegase a suceder, no sería tan catastrófico. Naturalmente este razonamiento no es válido si el paciente está preocupado porque teme matar a sus hijos o realizar alguna acción que realmente resultaría desastrosa. Sí es en cambio aplicable cuando el paciente teme que le abandone su amante, que le despidan del trabajo o que su dinero esté mal invertido.

Cuando el paciente ha sido suficientemente comunicativo y se ha establecido una relación entre él y el médico, habría que profundizar cuidadosamente en las circunstancias que han determinado la presentación de la ansiedad. Se deberían buscar los factores desencadenantes, las situaciones que empeoran o por el contrario reducen la sensación de ansiedad, así como los demás síntomas asociados a dicho estado. Todo este estudio desempeña al mismo tiempo una función terapéutica, ya que permite al paciente tomar conciencia y dar salida a algunas de las sensaciones más fuertes vinculadas con el estado de ansiedad. Es importante averiguar cómo el paciente ha conseguido superar situaciones similares en el pasado y por qué sus mecanismos para enfrentarse a la realidad no han sido suficientes en esta ocasión.

Aunque los temores del paciente sean generalmente exagerados en ningún caso hay que tratar de minimizarlos o ridiculizarlos. A veces los miedos son reales. Cuando el paciente afirma que se encuentra amenazado por alguien, puede darse la circunstancia de que se esté refiriendo con exactitud a la realidad. Por ello, se aconseja tratar de obtener del paciente algunas referencias que permitan comprobar la veracidad de sus argumentos.

 

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