SÍNDROMES DISOCIATIVOS

Los síndromes disociativos más llamativos son las amnesias, en las cuales el paciente puede incluso ser incapaz de recordar su propia identidad, o los casos de personalidad múltiple, en los que una o varias personalidades no son conscientes de las demás.

Otras veces pueden registrarse estados de huida, pérdida de la memoria y condiciones en las cuales se niega la existencia de ciertos síntomas.

La escritura automática, el sonambulismo o el funcionamiento independiente de cualquier grupo de procesos mentales pertenecen a dicho grupo.

Del mismo modo que el paciente con reacciones de conversión percibe realmente el dolor que describe, en los estados disociativos existe un tipo de “negación” que permite al paciente ignorar el dolor, las situaciones “insoportables” y las alteraciones funcionales que resulta evidente que está sufriendo, aunque sólo sea por su estado emocional.

Tratamiento

Una vez excluida cualquier condición orgánica de origen (por ejemplo, epilepsia del lóbulo temporal, estado crepuscular postic-tus, epilepsia tipo pequeño mal) y una vez esclarecido el diagnóstico, sigue hallando indicación la consulta psiquiátrica. En efecto, el psiquiatra, ayudando al paciente a expre¬sar de forma exhaustiva algunos de sus sentimientos en torno a la situación “insostenible” de la que ha huido, puede reconducir al paciente a un nivel normal de consciencia. A veces es necesario recurrir a técnicas especiales, como la hipnosis, para recuperar y movilizar la memoria perdida. Si la situación ambiental traumatizante persiste invariable y es demasiado oprimente para que el paciente pueda soportarla sin caer en un estado disociativo, está indicado el internamiento en un hospital psiquiátrico.

El desahogo

En ocasiones el paciente da salida a ciertos estados emocionales y mentales que está experimentando. El “desahogo” parcial de las emociones suaviza la presión. El paciente, con frecuencia un niño o un adolescente, puede atacar a sus padres, hermanos o hermanas, tratar de incendiar la casa o realizar alguna otra acción antisocial.-Los que le rodean se ven tentados de adoptar una actitud tranquilizadora y de considerar lo sucedido como un accidente aislado, ya que generalmente el paciente de-muestra luego gran remordimiento.

Dicha actitud funciona probablemente en nueve de cada diez casos, pero en el décimo caso puede provocar la repetición del hecho, con posibles resultados desastrosos. Si no se puede acudir inmediatamente al psiquiatra, es mejor adoptar frente al paciente una actitud realista, haciendo que intervenga la policía y que detenga al paciente hasta que se pueda disponer de asesoramiento psiquiátrico. La detención policial debe ser muy corta y debe aplicarse sólo en casos de graves problemas de desahogo que constituyan una amenaza para las demás personas, ya que en algunas zonas los centros de detención juvenil son lugares realmente terroríficos y que pueden provocar en el sujeto ulteriores traumas psíquicos.

Ante casos de desahogo de menor gravedad, se puede retrasar algo más la visita al psiquiatra, aunque en cualquier caso la consulta psiquiátrica es siempre esencial, ya que este tipo de comportamiento es en algunos casos un signo de enfermedades más graves que pueden poner en serio peligro la integridad física del paciente y la de las personas que viven junto a él.

 

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