POR QUÉ SOMOS AGRESIVOS

DÓNDE SE ENCUENTRAN LAS RAÍCES DE LA AGRESIVIDAD

MonkeyLa pregunta que surge de forma espontánea es la siguiente: ¿se halla hoy día la sociedad en condiciones de garantizar a sus miembros, a través de sus instituciones (cuyo eje es la familia), el completo desarrollo de sus posibilidades y en consecuencia un mayor amor y una menor violencia en las relaciones entre los hombres?

En un primer momento la respuesta sería pesimista.
Hoy día, en efecto, son numerosos los factores que contribuyen al aumento de la agresividad en el seno de los grupos humanos.
Ante todo, el paso de la sociedad individualizada a la sociedad de masas, donde todos están juntos pero pocos se conocen realmente, ha creado una situación que no puede satisfacernos emocionalmente.

Los “otros” son unos extraños, con quienes probablemente trabajamos codo con codo durante todo el día, pero sin poder realmente comunicarnos con ellos, porque las condiciones de vida, los ritmos de trabajo cada vez más intensos y el ansia de productividad, de bienestar y de éxito no nos lo permiten.
Y precisamente porque son unos extraños a quienes no nos sentimos unidos por vínculos afectivos, nuestra agresividad en relación a ellos se encuentra menos inhibida. La cantidad de vínculos que un hombre de hoy en día establece con otros hombres, si por un lado estimula la participación humana en los problemas de los demás, por otro puede empobrecer la calidad de las relaciones, que se tornan más superficiales y por consiguiente menos satisfactorias desde el punto de vista afectivo.

Agresividad-2La estabilidad de la familia parece también estar amenazada por los cambios ambientales introducidos por la civilización. Dichos cambios han llegado a transformar las condiciones en las que el niño viene al mundo y en las que pasa sus primeros años de vida:
nace en una clínica, la madre no cuenta ya con el apoyo de la familia alrededor de ella y debe afrontar la nueva situación de madre completamente sola, porque el padre está casi siempre ausente.
Las primeras experiencias del niño se limitan al pequeño radio de acción del apartamento de ciudad, donde le faltan los estímulos procedentes del contacto con la naturaleza y de la observación de los demás, suplidas sólo parcialmente por la disponibilidad de numerosos y sofisticados juguetes mecánicos o de otro tipo.
Sin embargo, considerando sobre todo que las experiencias de la primera infancia son las más importantes a la hora de establecer los fundamentos de la personalidad, nos damos cuenta de que el empobrecimiento de los contactos afectivos que sufre hoy el niño y la insuficiencia o la inestabilidad de los modelos de identificación condicionan el desarrollo futuro, haciendo que el niño crezca sin estar preparado para amar al prójimo.

niños peleandoAntes el miedo y la desconfianza dominaban las relaciones entre los miembros de las distintas comunidades, mientras que ahora, al vivir entre gente que en realidad no conocemos, hemos empezado a desconfiar incluso de quien tenemos más cerca. La lucha por el poder, por superar a los demás, se desarrolla sin miramientos, dominada por el miedo: se diría que no estamos a la altura de las exigencias de la sociedad de masas.

No hay duda de que nos encontramos en medio de una grave crisis, pero dado que somos seres inteligentes, está dentro de nuestras posibilidades dirigir el desarrollo futuro. El impulso agresivo y el social son innatos y se complementan entre sí: con su ayuda somos capaces de establecer y conservar vínculos con otros hombres del mundo. Sin embargo, a través de la relación personal madre hijo en el ámbito de la familia es como se desarrolla en el hombre la confianza primitiva, y sobre la base de ésta cobrará forma la actitud general hacia la sociedad y en consecuencia la capacidad de compromiso social.

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