DIARREA, causas, diagnostico, soluciones

DIARREA

La diarrea es la evacuación de heces líquidas con aumento de la frecuencia de deposiciones; en casos persistentes puede provocar una grave deshidratación.

La diarrea no es en sí misma una enfermedad, sino sólo un síntoma que puede responder a distintas causas. Es uno de los trastornos más comunes en el curso de muchas enfermedades intestinales, pero puede ser también consecuencia de enfermedades no localizadas en el aparato digestivo. La diarrea puede definirse como una serie de rápidas evacuaciones de heces demasiado líquidas; el paso acelerado de los alimentos por el intestino impide su total digestión e impide también, de forma total o parcial, la absorción de los principios nutritivos.

CAUSAS

La diarrea está provocada por una serie de estímulos irritativos químicos, bacterianos, mecánicos o nerviosos que dan lugar a una aceleración de la motilidad intestinal normal y en consecuencia a un tránsito más rápido. Los estímulos químicos suelen correr a cargo de sustancias tóxicas, que pueden ser elaboradas en el interior del tracto digestivo o bien proceder de otras partes del cuerpo, siendo luego eliminadas por vía intestinal.

Sin embargo, la diarrea no siempre responde a causas tóxicas; en muchos casos una digestión gástrica insuficiente o bien la falta de secreciones digestivas intestinales, al no permitir la completa digestión de los alimentos, dan lugar a un aumento de la velocidad de tránsito de un material insuficientemente elaborado y en consecuencia a diarrea. En función de la duración de la diarrea, se distinguen formas agudas, que duran pocos días, y formas crónicas, en las que el trastorno es algo cotidiano o casi cotidiano durante largos periodos. En general las causas de las formas agudas residen en procesos infecciosos o toxi-infecciosos localizados en el tracto digestivo. La ingestión de bacterias o de los productos de su metabolismo, denominados toxinas, da lugar a un estado irritativo o inflamatorio de la mucosa intestinal, al que sigue un aumento de la motilidad intestinal.

Otras veces las sustancias tóxicas están contenidas en los alimentos debido a una mala conservación de los mismos, y no proceden por tanto de gérmenes.
Las causas de diarrea crónica se incluyen en cambio en el marco de enfermedades generales o localizadas en el tubo digestivo (estómago, intestino delgado, colon), del hígado, de las vías biliares y del páncreas.

QUÉ HACER

La distinción entre formas agudas y formas crónicas es conveniente también desde el punto de vista terapéutico. En las formas agudas y en las fases agudas de la diarrea crónica, la preocupación del médico debe centrarse en las consecuencias de la pérdida de agua y sales que se registra a raíz de numerosas deposiciones de heces líquidas.
En estos casos, el primer objetivo de la terapia consiste en reponer el patrimonio hídrico y salino del organismo, para lo cual se recurre a la administración intravenosa de agua y sales. En los casos menos graves es conveniente instaurar un tratamiento dietético: ayuno durante al menos 24 horas, seguido de la administración de té diluido, manzanas crudas ralladas, puré de zanahorias, arroz hervido y crema de arroz con caldo vegetal ligeramente salado. La administración de agua y de otros líquidos debe realizarse con precaución durante las primeras 24 horas; luego, si son bien tolerados, se aumentará su administración para rehidratar el organismo.
Después de un episodio agudo de diarrea, en las colitis diarreicas y en las demás infecciones del colon (colitis ulcerosa, diverticulosis), así como en las diarreas crónicas durante la fase de espera impuesta por la realización de pruebas con fines diagnósticos, está indicada la dieta pobre en residuos (ver tabla). El objeto de dicha dieta consiste en eliminar de la alimentación aquellas sustancias que no pueden ser correctamente digeridas y absorbidas en el intestino, garantizando al mismo tiempo una nutrición adecuada. Dicha dieta contiene una modesta cantidad de material indigerible, representado fundamentalmente por la celulosa y la fibra contenida en los vegetales; está indicada, no sólo en las circunstancias arriba mencionadas, sino también en todos aquellos casos en los que la ingestión de alimento vaya seguida de una formación anormal de gases en el estómago y en el intestino (meteorismo) y después de intervenciones quirúrgicas del abdomen.
Verduras con poca fibra y por tanto reco-mendables: espárragos (puntas), remolacha, coliflor, cebolla, berros, endibias, lechuga, patatas, guisantes, tomates, apio, espinacas, calabaza, calabacín.
Verduras no permitidas: alcachofas, berza, coles de Bruselas, judías verdes, alubias, lentejas, guisantes secos, pimientos.
Fruta recomendable: albaricoques, piña, naranjas, plátano, cerezas, manzanas, melón, melocotón, pomelo.
Fruta no permitida: frutos secos, uva, dátiles, higos secos, fresas, frambuesas, peras.
El tratamiento de la diarrea, junto al tratamiento específico de los factores causales (antibiótico o sulfamídico de acción intestinal), requiere la administración de astringentes intestinales (subnitrato o carbonato de bismuto, ácido tánico o acetiltanino), antiespasmódicos (derivados de la belladona y del opio) y, aún mejor, de antidiarreicos de síntesis que, además de disminuir la motilidad intestinal, aumentan la resorción de agua.
En las formas con deshidratación grave está indicada la administración de soluciones fisiológicas o glucosadas por venoclisis o hipodermoclisis y de analépticos cardiovasculares. En el niño, el tratamiento de la diarrea consiste en regular la alimentación de forma que las comidas sean poco frecuentes y que la administración de líquidos nunca se encuentre por debajo de los 150 mililitros por kilo de peso corporal en 24 horas.

AMEBIASIS –

Intestino delgado e intestino grueso

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