LA ANOREXIA NERVIOSA

LAS DIFICULTADES DIAGNÓSTICAS

El diagnóstico de anorexia nerviosa es bastante raro en el ejercicio médico, si bien reviste notable importancia porque existen estados patológicos orgánicos que pueden tener como síntoma principal un fuerte adelgazamiento y que evidentemente tienen un tratamiento y un pronóstico totalmente distintos a los de la anorexia nerviosa primaria.

Los criterios que pueden conducir a una correcta identificación de la anorexia son:aparición de la sintomatología antes de los 25 años; una pérdida de peso del 25 % con respecto al peso original; observación de una obstinada actitud negativa en relación a la comida y a la conveniencia de engordar, a pesar de presiones, peticiones o amenazas; exclusión de cualquier otra enfermedad orgánica o psíquica que pueda ser causa de la aversión a la comida y del adelgazamiento; distorsión en la valoración de su propio cuerpo por parte de la paciente; hiperactividad, que contrasta con el aspecto consumido; cese de la menstruación; ausencia de estímulos de hambre o cansancio, a pesar de la nutrición insuficiente o de la hiperactividad; tendencia a la autoinducción del vómito y aversión por todos los alimentos; terror a la obesidad.

El examen físico de la paciente anoréxica pone en evidencia una notable emaciación, la piel se muestra a menudo seca y escamosa y la madurez sexual se halla notablemente retrasada. Contrasta con el estado de deterioro orgánico la actitud psíquica de la paciente, propia de una chica despierta, inteligente y aparentemente colaboradora. Los datos objetivos demuestran una disminución de la presión arterial, de la temperatura corporal y del metabolismo basal.

El curso de la enfermedad varía considerablemente en función de una serie de factores y de circunstancias que han de ser valoradas por separado; la edad de aparición de la enfermedad, la duración, el nivel intelectual de la paciente, la situación familiar y los tratamientos aplicados. En general, se puede decir que la mayor parte de las anoréxicas, convenientemente tratadas, pueden llegar a curarse, aunque al cabo de meses de tratamiento; parte de ellas avanza hacia la cronicidad y parte muere.

LA ANOREXIA NERVIOSA

LA ANOREXIA nerviosa debe afrontarse desde dos frentes: por un lado es indispensable inducir a la paciente a alimentarse y a recuperar el peso perdido, y por otro hay que resolver, mediante un eficaz programa de psicoterapia, los problemas psicológicos propios de la enferma y de sus relaciones con los demás miembros de la familia.

EL TRATAMIENTO

La estrategia terapéutica es bastante ecléctica y, más que de indicaciones exactas, consta de sugerencias de sentido común que, si se siguen con firmeza, pueden ofrecer óptimos resultados en estas pacientes realmente difíciles. Uno de los primeros objetivos que se han de perseguir en el tratamiento de la anorexia nerviosa es convencer a los padres de la naturaleza y de las probables causas de la enfermedad, tanto si la joven paciente va a ser tratada en so domicilio como si resulta indispensable su hospitalización. Todo esto supone un cambio radical de actitud por parte de los padres, que en primer lugar tendrán que renunciar a cualquier intento de forzar a su hija a comer.

La niña o la adolescente anoréxica mantiene una extenuante y continua lucha contra todos aquellos que se preocupan por su adelgazamiento y se empeñan en que la chica se decida a comer. La comprensión por parte de los padres y el consiguiente respeto por la personalidad, aunque alterada, de la paciente es el primer paso hacia un acercamiento más directo a la situación.

La anorexia nerviosa debe luego afrontarse desde dos frentes estrechamente relacionados entre Sí: por un lado es necesario conseguir que la joven paciente se alimente y recupere poco a poco el peso perdido; por otro, es esencial que se dé cuenta paulatinamente de que el negarse a alimentarse no es más que un rechazo a la idea de crecer.

La estrategia terapéutica contempla una explicación clara a la paciente de la gravedad de la situación y de los peligros, incluso fatales, que supondría una ulterior pérdida de peso. Se debe sobre todo procurar que la enferma se dé cuenta de que nadie quiere aumentar so peso por encima del mínimo indispensable; si la obesidad es la principal preocupación de la anoréxica, no menos preocupación debe suponer para quien la trata un sobrepeso que no resultaría de ninguna utilidad. En los casos en los que sea necesaria la hospitalización, se considerará que el tratamiento ha concluido satisfactoriamente y que la paciente se encuentra ya en condiciones de abandonar la clínica sólo cuando se hayan conseguido algunos resultados de incremento de peso. Las condiciones de hospitalización deben ser totalmente normales y el personal médico y auxiliar debe demostrar continuamente una actitud atenta y de respeto hacia la paciente.

El control de peso debe naturalmente realizarse diariamente: es la única forma de comprobar que la paciente está realmente comiendo los alimentos que se le ofrecen a diario. Muchas son en efecto las estratagemas a las que recurren las anoréxicas para no ganar peso; aparte del vomito y de la eliminación de los alimentos en el cuarto de baño, es también frecuente la hiperactividad física, destinada a perder esas calorías que, muy a su pesar, se han visto obligadas a ganar. Asimismo se falsean también los controles de peso mediante la ingestión de grandes cantidades de agua pocas horas antes de la pesada. No obstante, si los controles periódicos de peso no muestran una mejoría, una buena medida puede ser la administración de un vaso de liquido de alto valor calórico 3-4 veces al día, coincidiendo con los horarios de administración normal de las demás medicinas a las demás pacientes. Cuando la vida de la paciente se halle en peligro, se debe recurrir a la alimentación forzada mediante sonda nasal.

LA PSICOTERAPIA ES EL PRINCIPAL RECURSO

La recuperación de peso no debe ser, sin embargo, el único objetivo de la terapia. Muchas pacientes se someten a la nutrición impuesta sólo para alcanzar el peso necesario para abandonar la clínica, pero una vez fuera vuelven a sus restricciones. El éxito pleno depende de la psicoterapia y puede considerarse totalmente consolidado cuando la paciente demuestre que ha recuperado una valoración normal de la imagen de su cuerpo. Por otro lado, el tratamiento habrá llegado a su fin cuando los padres hayan comprendido el aspecto negativo de su comportamiento, básicamente coercitivo, en el largo periodo anterior a la manifestación de los conflictos psíquicos en forma de anorexia nerviosa, y hayan aprendido a llevar de forma distinta las relaciones con su hija. En ese momento la paciente empezará a verse como realmente es, anormalmente delgada, y desarrollará un deseo normal de cambiar.

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