Meditación...¿para qué? 
Muchas personas me escriben preguntándome qué es meditar... y cómo
se puede aprender a meditar. Voy a tratar de responder a ambas preguntas,
y además a otra que es aún más importante: ¿para qué sirve aprender
a meditar?
Si realizan una encuesta entre 100 personas preguntándoles qué es meditar,
con toda probabilidad que van a recibir 100 respuestas distintas. Lo
que comúnmente se denomina como meditación es una experiencia supremamente
subjetiva. Para un monje la meditación bien puede ser un estado sublime
de oración a través del cual busca alcanzar un nivel de éxtasis místico.
En el otro extremo tenemos a personas, como yo, para quienes la meditación
equivale a sentarse frente a una vertiente a observar el agua bajando
entre las piedras con el fin de proveer un descanso a la mente del agobio
y las preocupaciones diarias.
Las técnicas del proceso son tan diversas como las experiencias que
se obtienen. Hay personas que cierran los ojos y pierden toda consciencia
de su realidad presente cuando entran en distintos niveles de meditación;
otras se valen de elementos físicos para concentrar su atención, como
el agua en mi caso o una vela, y permanecen todo el tiempo con los ojos
abiertos.
No importa el método que se emplee o la intensidad de la experiencia,
el objetivo de toda meditación es alterar las ondas cerebrales para
entrar, a voluntad, en niveles de consciencia distintos a nuestro estado
normal. Más aún, se ha comprobado científicamente que cuando la persona
pasa de un estado de consciencia a otro (cuando las ondas cerebrales
registran niveles de alfa, beta, delta, teta, gama, etc.) se producen
también cambios fisiológicos en el cuerpo (las extremidades aumentan
de calor, al dormir se producen movimientos rápidos con los ojos, disminuyen
las palpitaciones del corazón, etc.). Esto quiere decir que controlando
MENTALMENTE el proceso de la meditación estamos, a la vez, controlando
nuestro cuerpo. Este dato es muy importante tener en cuenta porque nos
ofrece una prueba más de que con la mente podemos controlar las funciones
y estado del cuerpo.
Antes de proseguir con mi explicación sobre la meditación quiero también
hacerles notar que el cerebro desempeña funciones específicas cuando
se encuentra en cada uno de los distintos niveles de consciencia. Cada
nivel de consciencia se distingue por el tipo de frecuencia de las ondas
cerebrales que se emiten y las actividades que pueden llevarse a cabo
en cada nivel. Por ejemplo, cuando la persona está dormida, las ondas
cerebrales registran un nivel delta. Cuando estamos concentrados en
algo, las ondas cerebrales registran un nivel beta. Si se miden las
ondas cerebrales de un monje en profunda meditación descubrimos que
está emitiendo ondas cerebrales al nivel de gama. De manera que, dependiendo
del nivel de las ondas cerebrales en que se encuentra el cerebro, nos
resulta posible desempeñar plenamente ciertas funciones como sería el
sueño, la concentración o la profunda meditación.
Ahora bien, tal como decía anteriormente, las técnicas de meditación
varían mucho, pero por lo general se comienza con un proceso de concentración
mental, disciplina, perseverancia y sobre todo práctica. El cometido
es, con nuestra intención, lograr generar las ondas cerebrales que nos
llevan a los distintos niveles de consciencia en los cuales podemos
desempeñar diferentes funciones. Pero, más allá de un esfuerzo consciente
de concentración, ¿existen otras formas de controlar las ondas cerebrales?
¡Sí!
Uno de los medios más efectivos (y fáciles) es el sonido (música, tonos,
vibraciones, sonidos de ambiente, etc.). A eso se debe el uso de cánticos,
plegarias con sonidos repetidos (como las letanías del rosario), himnos,
campanas, tambores, etc. de los cuales se han valido todas las religiones
y ritos a través de la historia. El sonido puede hacer que sin ningún,
o poco esfuerzo de nuestra parte, se alteren la ondas cerebrales llevándonos
rápidamente a distintos niveles de consciencia.
La meditación es una experiencia que va madurando y evolucionando a
medida que aprendemos a controlar conscientemente el proceso. Pero ¿por
qué o para qué necesitamos esforzamos en aprender a meditar?
Es posible que una de las mayores ventajas y objetivos de la meditación
sea el lograr callar el incesante "bullicio" interno de nuestra
mente. Ese constante fluir de pensamientos nos distrae y dificulta la
concentración. Cuando logramos enfocar nuestra atención en algo específico,
el nivel de creatividad aumenta en cualquier actividad que estemos desempeñando.
Otro beneficio de la meditación es que nos permite aprender a recibir
respuestas internas a cualquier interrogante. ¿Han recibido respuestas
en sus sueños o momentos de esparcimiento a preguntas importantes en
sus vidas? Esos momentos de "inspiración" han sido la base
de la mayoría de los grandes inventos de la historia. Por lo general
ocurren sin control alguno de la persona. La meditación nos permite
lograr acceso a esas fuentes internas de inspiración y conocimiento
cuando lo deseamos, en vez de tener que depender de un proceso interno
al azar.
Otro beneficio sumamente importante que nos rinde la meditación es
que podemos aprender a controlar conscientemente las funciones del cuerpo
a fin de poder aportar de manera consciente a todo proceso de curación
que necesitemos. Ya mencioné anteriormente que podemos tener un efecto
directo sobre las funciones fisiológicas del cuerpo cuando meditamos
o nos concentramos en determinados procesos con nuestra mente. El poder
de curación de la mente es superior al de cualquier método de medicina
y es mediante la meditación que logramos acceso a ese potencial.
De modo que en respuesta a la pregunta inicial: ¿para qué sirve la
meditación? Podríamos decir que, entre otras cosas, sirve para aumentar
la auto-estima, la creatividad, la intuición y la auto-expresión; eliminar
estrés, traumas emocionales y obstáculos mentales; superar la timidez,
fobias o irritabilidad; mejorar los patrones de sueño y recordar sueños;
explorar altos niveles de consciencia; aprender de manera acelerada;
romper malos hábitos; eliminar náuseas, malestares físicos y facilitar
la recuperación durante y después de un embarazo; curar el cuerpo de
todo tipo de enfermedades y eliminar dolor.
¿Les parece que pueden valerse de algunos de esos beneficios en sus
vidas? Pues bien, ahora voy a decirles que hay formas de aprender a
meditar sin tener que invertir años de disciplina y práctica. Todo lo
que se requiere es un lugar tranquilo, una media hora sin interrupciones,
una reproductora de audio con un buen par de audífonos estéreo y la
VOLUNTAD de querer meditar.