Las crisis convulsivas convulsivas son casi siempre episodios
enormemente dramáticos, que ponen a prueba
la capacidad de autocontrol de los eventuales auxiliadores.
CONVULSIONES
No obstante, merece la pena recordar que las convulsiones no
son necesariamente sinónimo de enfermedad grave y que rara vez son causa
de muerte súbita.
Un ejemplo de ataque convulsivo sin una base patológica orgánica es el que
a menudo se observa en algunos niños pequeños con una personalidad, por
decirlo de alguna manera, especialmente susceptible: estos niños contienen
la respiración y entran en estado de convulsión por degradación progresiva
de la oxigenación cerebral, hasta que pierden el conocimiento.
Otro ejemplo de crisis convulsiva funcional es el que ofrecen a menudo los
ataques histéricos, durante los cuales el auxiliador no experto puede sospechar de un verdadero ataque epiléptico.
No obstante, si las crisis convulsivas no suelen entrañar en sí mismas peligro
alguno para la vida del paciente, sí pueden representarlo los accidentes que
una crisis convulsiva puede producir o favorecer: traumatismos, heridas o
caídas, cuya gravedad depende en gran medida tanto de las circunstancias
en las que tienen lugar las convulsiones como de la habilidad con la que se
realicen esos primeros auxilios.
Convulsiones ocasionales
Se trata de convulsiones debidas a la acción sobre el cerebro de sustancias tóxicas procedentes del exterior o producidas por el organismo, y que no determinan sin embargo una lesión permanente. Se presentan sobre todo en el
curso de una enfermedad aguda o de una infección del sistema nervioso (meningitis, encefalitis). Son también una manifestación muy común de un raquitismo grave o de un estado de hiperexcitabilidad psíquica. Son más frecuentes en
los primeros 2-3 años de vida, dado que a esta edad las distintas sustancias tóxicas pueden llegar con facilidad al encéfalo debido a la inmadurez de las estructuras que deberían protegerlo.
Los fenómenos convulsivos puedes manifestarse de
dos formas considerablemente distintas. En
una de ellas, el enfermo presenta rigidez de los músculos, que se muestran duros, contraídos.
Se trata de convulsiones de tipo
rígido, que reciben el nombre de "tónicas".
En otros casos el enfermo sufre
una serie de movimientos violentos que lo descomponen, una agitación motora más o menos intensa que hace que sus extremidades se muevan casí independientemente de su voluntad, con accesos imprevisibles. En este segundo caso se habla de convulsiones "clónicas". Muy a menudo ambos típos de
convulsiones se asocian y entonces el enfermo manifiesta crisis de rigidez alternadas con crisis de enorme agitación; son las convulsiones "tónico-clónicas".
A menudo las convulsiones se acompañan de otros síntomas colaterales, como
babeo, coloración azulada de los labios o de toda la cara (cianosis), rotación
de los ojos o pérdida de heces y de orina. La duración del fenómeno puede
variar desde unos segundos a decenas de minutos. Lo mismo puede decirse
de su intensidad: como ya hemos dicho, existen episodios convulsivos leves
y de duración tan corta que incluso pasan desapercibidos a los ojos de los
presentes, así como episodios muy llamativos y prolongados, que impresionan a cualquiera.
Por otro lado, no siempre las convulsiones afectan a todo el cuerpo,
Existen formas generalizadas en las que no se salva parte alguna del organismo, al menos aparentemente, pero existen también formas que afectan sólo
a la mitad del cuerpo (llamadas "hemilaterales") y formas que afectan sólo
a una extremidad, por ejemplo una pierna, o a un determinado grupo muscular.
Convulsiones mínimas del recién nacido
Neonatos prematuros o a término
desviación tónica horizontal de los ojos, movimientos bruscos y repentinos; mirada fija y prolongada con ojos muy abiertos;
abrir y cerrar de párpados y temblor de los mismos;
movimientos de succión como para besar, o babeo u otros movimientos que afectan a la cavidad oral o
a la lengua;
movimientos como "para nadar", "remar" y "pedalear";
apneas.
Carácter
Duración
Síntomas
asociados
Exámenes
Diagnóstico
Puede ser localizado o generalizado, en función del lugar en el que se encuentra la lesión cerebral
Puede tratarse de un episodio aislado que se registra en los días inmediatamente posteriores al traumatismo o convertirse en persistente, con una frecuencia variable, como consecuencia del traumatismo
fractura de huesos del cráneo o de la cara; hemorragia nasal; eventual pérdida de conocimiento
TAC; electroencefalograma; radiografía del cráneo y de la cara; revisión neurológica
Traumatismo craneal
de intensidad y localización variables en función del tipo y de la situación del tumor
persistente hasta que el tumor es extirpado
signos neurológicos por compresión de estructuras nerviosas (trastornos de la vista, episodios de parálisis, alteraciones de la sensibilidad y del movimiento, trastornos psíquicos); en caso de metástasis, signos de tumor primitivo (pulmonar, mamario, gástrico, etcétera)
TAC; NMR
Tumor cerebral primitivo y metastático
contracturas dolorosas de los músculos de la cara, de la espalda y de la nuca, y con menor frecuencia de un lado del cuerpo o de toda la musculatura
variable; en los casos favorables y bien tratados: 15-30 días
fiebre a menudo elevada; sudoración abundante; hipertensión arterial con marcados signos de insuficiencia cardiocirculatoria (aumento de la frecuencia cardíaca, arritmia, etcétera)
examen médico
Tétanos
espasmos dolorosos en principio localizados en pocos músculos (sobre todo de la cara y de la garganta) y luego generalizados por todo el cuerpo, con verdaderas crisis convulsivas generalizadas
muy corta (2-3 días)
dolor de cabeza; gran agitación y excitación; sensación de asfixia sobre todo a la vista de agua (hidrofobia); fuerte ardor; delirio; temblores
examen del animal sospechoso por el que ha sido mordido el sujeto
Rabia
hiperexcitabilidad neuromuscular que se manifiesta con espasmos musculares (sobre todo de las manos y de los pies e incluso con crisis convulsivas generalizadas
existen formas agudas y crónicas
irritabilidad, ansiedad; estridor laríngeo, fotofobia; notable astenia; piel seca y escamosa; uñas frágiles y deformadas; cataratas
análisis completo de sangre (valoración de calcio, fósforo, fosfatasa alcalina, calcitonina, paratomona, así como velocidad de sedimentación globular o eritrocítica); análisis de orina valoración de calcio y fosfatos; electromiograma; ecografía del cuello; radiografía del esqueleto; pruebas de estimulación hormonal
Hipoparatiroidismo
crisis convulsivas generalizadas
puede ser un episodio aislado o que se repite en función de determinadas situaciones emocionales
ansiedad, hiperexcitabilidad; trastornos psicosomáticos diversos (deficiencias visuales, náuseas, conatos de vómito, dolores abdominales, etc.); dolor de cabeza
examen psicológico en las formas recidivantes o crónicas