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LA OXIGENOTERAPIA

oxigenoEL OXÍGENO es un elemento indispensable para la vida. Su utilización es resolutiva en algunas enfermedades y beneficiosa en otras, entre ellas las intoxicaciones por gases. Su inhalación se produce en condiciones normobáricas o hiperbáricas.

El oxigeno, cuyo símbolo químico es O., es un gas presente en el aire que respiramos normalmente. El aire esta compuesto por un 12 °'c de O,, un 71 °'c de nitrógeno y trazas de otros gases. La producción de oxigeno en la Tierra comenzó con la aparición de las primeras células vegetales fotosintetizadoras.
Actualmente la concentración de oxígeno en la atmósfera terrestre es el resultado de un largo proceso bioquímico que alcanza el equilibrio gracias a la fotosíntesis. La presencia de una elevada cantidad de oxígeno en la atmosfera ha impulsado el proceso evolutivo de los organismos vivos ya sea hacia el desarrollo de las defensas frente a elevadas concentraciones de dicho gas, ya sea hacia el nacimiento de sistemas de producción de energía oxigenodependientes.

PARA QUÉ SIRVE EL OXÍGENO

terapia con oxigenoEl hombre necesita oxígeno para garantizar la producción de energía necesaria para los procesos vitales de las células. El oxígeno entra en el organismo mediante los actos respiratorios, alcanza la membrana alveolocapilar de los pulmones y entra en contacto con la sangre. Aquí se mezcla en pequeña proporción directamente con el plasma, mientras que una cantidad importante se une a una proteína, la hemoglobina, presente en los glóbulos rojos; gracias a ella, el oxígeno alcanza, a través del sistema vascular, todos los tejidos, donde es liberado y queda disponible para los procesos metabolicos celulares. La concentración del oxígeno en el cuerpo humano debe respetar siempre ciertos valores, cuya variabilidad es mínima. El encargado de atender dicha exigencia es el sistema vascular y respiratorio mediante complejos mecanismos fisiológicos en los que se hallan también implicados los centros nerviosos reguladores del ritmo de los actos respiratorios y del flujo de la sangre a los pulmones. Esta claro que cualquier patología o situación ambiental que interfiera en los procesos normales de respiración o de transporte de los gases a través de la sangre conduce a un déficit en la cantidad de oxígeno que llega a los tejidos, dando lugar a un estado de hipoxia; este ultimo sera tanto mas grave cuanto mayor sea su duración. En relación .1 cuanto se ha dicho, si por cualquier causa se registra de repente un aporte inadecuado de oxigeno a todo el organismo o a algún tejido concreto, es conveniente que el paciente respire, en lugar de aire, oxígeno puro, recurriendo pues a la denominada oxigenoterapia.
Esta puede llevarse a cabo de dos tormas: en condiciones de normobarismo o de hiperbansmo. En normobarismo el paciente respira oxigeno a la misma presión que existe en el ambiente, es decir, en la práctica, en lugar de ventilar aire, ventila oxígeno. Viceversa, la administración de O, en hiperbarismo tiene lugar inhalando este gas a presión superior a la atmosférica en ambientes especiales denominados cámaras hiperbáricas.

LA TERAPIA NORMOBÁRICA

terapia normobaricaA diferencia de la terapia hiperbarica, que es competencia exclusiva del especialista, el tratamiento con oxígeno normobarico es mas sencillo y de aplicación corriente en las clínicas. El oxígeno de uso terapéutico se conserva en bombonas especiales, en cuya válvula de salida existe un reductor de la presión y un flujímetro para asegurar un flujo constante. Luego, para que el gas inspirado no resulte irritante, es humidificado mediante el paso por un nebulizador o un burbujeador con agua. Según las condiciones del paciente se seguirán distintos métodos de inhalación: la introducción de una sonda nasal desde la nariz hasta la rinotaringe o por traqueotomía; el empleo de mascaras especiales colocadas en la cara mediante cintas elásticas; la colocación del paciente en el interior de una "tienda de oxígeno"; la utilización de cunas especiales en el caso de neonatos; y por ultimo por medio de cámaras hiperbáricas, aunque al ser esta forma de administración mucho mas compleja ha quedado reservada para casos especiales que veremos mas adelante.
Generalmente la terapia con oxigeno se realiza a la presión atmosférica y esta indicada en todos los casos en los que se detecte un aporte insuficiente de gas, es decir, hipoxia, al margen de la causa. Por consiguiente, la administración a presión normal de O, se incluye entre las medidas de primeros auxilios de numerosas patologías, como las intoxicaciones por monóxido de carbono u otros gases tóxicos; la parada cardíaca; el coma; el envenenamiento voluntario o accidental con preparados de acción depresora sobre los centros nerviosos que regulan la respiración; el edema pulmonar; las crisis enfisematosas o de asma; el neumotorax; los traumatismos torácicos; la embolia pulmonar y en el curso de amplios procesos inflamatorios a cargo del pulmón o de parálisis de los músculos respiratorios. A tal respecto conviene destacar que durante las maniobras de reanimación el uso del oxígeno va asociado a otras intervenciones de urgencia y dosificado a menudo a través de aparatos llamados respiradores artificiales, que permiten el desarrollo de la función respiratoria en pacientes que de lo contrario no serían capaces de cumplirla. La oxigenoterapia normobárica está también indicada en enfermedades de curso lento que determinan un estado de hipoxia hística crónica, es decir, una oxigenación insuficiente de las células, cuya supervivencia garantiza, aunque en condiciones de sufrimiento metabólico. Tal es el caso, por ejemplo, de ciertas formas asmáticas, enfisematosas, bronquíticas o de descompensación cardiocirculatoria. No obstante, en el enfermo con hipoxia crónica, la oxigenoterapia debe realizarse bajo indicaciones concretas del médico y con mucho más cuidado que en caso de primeros auxilios. En efecto, en condiciones normales el estímulo nervioso que regula el ritmo respiratorio está ligado a la existencia de receptores que son sensibles a la concentración de dióxido de carbono y de oxígeno en el organismo, mientras que en el sujeto con hipoxia crónica los receptores sensibles al dióxido de carbono son ineficaces y el único estímulo para respirar es la tasa de oxígeno. En tales condiciones, la inhalación excesiva de oxígeno podría determinar un aumento de la concentración de este gas en sangre muy modesto, pero capaz de inhibir el estímulo procedente de los receptores todavía sensibles. Ello deprimiría el ritmo respiratorio incluso en presencia de una elevada concentración de dióxido de carbono. Se trata de una situación paradójica en la que un pequeño aumento de la concentración de oxígeno en la sangre puede conducir a la parada de la función respiratoria; para evitar un riesgo de tal magnitud es cada día mayor entre los enfermos crónicos el uso de otro tipo de tratamientos, que incluyen la utilización de aparatos de gimnasia respiratoria.

LAS CÁMARAS HIPERBÁRICAS

camara hiperbarica
La oxigenoterapia hiperbárica consiste en la administración de oxígeno en ambientes especiales o cámaras hiperbáricas, en las que se crea una presión por encima de la atmosférica. En la práctica, la cámara hiperbárica consiste en un cilindro metálico a cuyo interior se accede por una puerta hermética. Una vez que el paciente está dentro, se introduce en ella aire mediante unos compresores para aumentar la presión, al mismo tiempo que se administra oxígeno al paciente mediante mascarillas especiales. En el interior de la cámara hiperbárica se crea una situación comparable, por cuanto respecta a las variaciones de la presión ambiental, a aquella en la que se encuentra un submarinista en el curso de una inmersión, con la única diferencia de que en el caso que nos ocupa las distintas condiciones de presión se consiguen en seco. Conviene señalar que el desarrollo de la tecnología y de la terapia hiperbárica debe mucho a los estudios relacionados con la fisio-patología y la clínica de los submarinistas. Más concretamente, un individuo que respira el aire de sus bombonas de oxígeno a determinadas profundidades debe subir a la superficie con cuidado, pues la mayor presión ambiental determina un aumento de la cantidad de gas presente en su organismo. La eliminación del exceso de gas puede producirse con una vuelta a la presión normal lenta y gradual, indicada en tablas especiales llamadas de descompresión. Quienes no respetan dichas reglas corren el riesgo de desarrollar la enfermedad de descompresión, así como una embolia gaseosa traumática. La primera consiste en la formación de pequeñas burbujas de aire en las arterias y en las venas, que pueden ocluirlas y determinar graves lesiones rústicas; la segunda es una laceración del pulmón causada por la caída repentina de la presión ambiental y por la consiguiente expansión de los gases presentes en las vías aéreas. En tal situación, la cámara hiperbárica constituye el medio terapéutico ideal, en cuanto, aumentando la presión, permite reducir tanto la dimensión de las burbujas de aire circulantes en sangre como el volumen del aire contenido en el aparato respiratorio. Si al aumento de la presión se asocia la inhalación de oxígeno en el interior de la cámara hiperbárica, se obtendrán ulteriores efectos beneficiosos sobre los tejidos hipóxicos. En efecto, aunque respirando oxígeno a una presión superior a la atmosférica la cantidad de este gas que se une a la hemoglobina no varíe considerablemente, sí aumenta en gran medida el porcentaje que se disuelve directamente en el plasma. Así, un aumento de una atmósfera de presión en el interior de la cámara hiperbárica supone la disolución de otros dos mililitros de oxígeno por cien mililitros de plasma.

INDICACIONES

Los principales componentes de la acción terapéutica de la oxigenoterapia hiperbárica son dos: en primer lugar, garantizar el transporte de oxígeno a los tejidos incluso cuando la hemoglobina y los glóbulos rojos no se encuentren en condiciones de hacerlo, como sucede en el curso de anemias o de intoxicaciones por gases como el monóxido de carbono; en segundo lugar, favorecer la difusión del oxígeno de los capilares a las células, donde por cualquier causa existe una menor perfusión sanguínea. Por consiguiente, la oxigenoterapia hiperbárica está también indicada en todas aquellas formas patológicas en las que exista hipoxia hística. A este grupo pertenecen patologías como la ya citada enfermedad por descompresión y otras no relacionadas con la actividad de los buzos, como la intoxicación por monóxido de carbono, las gangrenas tanto gaseosas como diabéticas y determinadas infecciones de los tejidos blandos. Además existen testimonios de la influencia positiva del oxígeno hiperbárico en relación a los procesos de reparación de los tejidos lesionados, con especial referencia al óseo y al cutáneo, especialmente después de quemaduras o trasplantes. En otras formas clínicas, la oxigenoterapia hiperbárica, al reactivar procesos metabólicos deficitarios, puede conducir a la curación.

Otras aplicaciones

Asociado a otros tratamientos, el oxígeno hiperbárico representa una ayuda valiosísima en numerosas enfermedades:
• insuficiencia arterial periférica
• tratamientos preoperatorio y postoperatorios en cirugía ortopédica y vascular
• osteomielitis
• osteoporosis
• diversos síndromes de aplastamiento
• algunas afecciones de origen an-toinmunitario
• formas neurológicas.

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