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Absceso pulmonar

Proceso patológico caracterizado por la producción de material purulento.
Actualmente puede curarse gracias a los antibióticos.

absceso pulmonar

MUCHOS son los procesos patológicos que afectan al aparato respiratorio y que tienen en común la producción de material purulento, con destrucción del tejido pulmonar afectado y formación de cavidades en las cuales se acumula el pus antes de ser eventualmente expulsado al exterior a través de las vías bronquiales. Las formas más frecuentes son el absceso pulmonar, la gangrena pulmonar y las estafilococias pulmonares.
Cabe mencionar también, por otro lado, las supuraciones secundarias a otras enfermedades fundamentales, como las que se observan en el curso del infarto pulmonar, en presencia de cuerpos extraños, de un tumor pulmonar, de tuberculosis, de micosis y de bronquiectasias.
El absceso constituye la expresión más típica de la supuración pulmonar. Hasta hace unos diez años, antes de la introducción de la quimioantibioterapia indiscriminada, el absceso presentaba un curso característico; en la actualidad este proceso patológico presenta cuadros muy distintos y no siempre fácil y correctamente diagnosticables. Las formas más leves son hoy día las más frecuentes y por consiguiente presentan una sintomatología atípica; por ello, para tener una idea clara de lo que es un absceso pulmonar, es conveniente detenerse brevemente en la descripción de lo que era un típico cuadro de absceso común hasta hace unos años.

Causas del absceso pulmonar

En la etiología del absceso pulmonar se incluyen factores microbianos y factores predisponentes. Los factores microbianos son muy numerosos y variados; los principales grupos de gérmenes responsables de la formación del absceso pulmonar son:

  • gérmenes de carácter piógeno obligado o facultativo (estreptococo, neumococo, estafilococo, etcétera);
  • gérmenes de carácter gangrenoso (Bacillus ramosus, Bacillus fragüis, Micrococcus foe-tidus, bacilos fusiformes, etcétera);
  • gérmenes espirilares y especialmente espiroquetas (S. buccalis, bronchialis, etcétera).

  • Se cree que los espirilos son los primeros en actuar, determinando las primeras lesiones pulmonares; sucesivamente intervienen los gérmenes piógenos, con la consiguiente aparición de fenómenos purulentos; posteriormente intervienen los gérmenes de la gangrena, microorganismos anaerobios que para vivir y desarrollarse necesitan un ambiente formado por los restos de tejido necrosado; con la aparición de estos gérmenes el absceso se convierte en gangrenoso.
    Los factores predisponentes son todas las causas que reducen las resistencias orgánicas, como la diabetes, las intoxicaciones crónicas, las avitaminosis, etc. Entre los factores predisponentes revisten especial importancia las enfermedades crónicas bronquiales.

    Cómo se manifiesta
    Las manifestaciones clínicas se producen paralelamente a la evolución anatomopato-lógica del proceso patológico, que tiene lugar en tres fases sucesivas:

  1. del absceso y de la condensación de la zona pulmonar afectada por el proceso patológico;
  2. reblandecimiento del tejido pulmonar donde se localiza la supuración;
  3. vaciado al exterior del material purulento a través de las vías bronquiales.

rx de torax

El proceso, generalmente localizado en un único punto, comienza simplemente como un episodio infeccioso agudo, con síntomas de tipo tóxico, con fiebre elevada de carácter continuo, dolores en el tórax, tos y disnea, y expectoración cada vez más abundante, mucopurulenta y no fétida.
En la fase de reblandecimiento que comienza al cabo de unos días se observa un progresivo deterioro de las condiciones generales del paciente, la fiebre se mantiene alta, aparece fácilmente catarro con sangre (hemoptisis) y el expectorado se hace más abundante y se torna claramente purulento. Se entra así en la tercera fase. El vómito es el síntoma más llamativo de la evacuación del material purulento; consiste en la eliminación más o menos repentina a través de las vías bronquiales de la colección purulenta que se ha ido formando.
Después del vómito, la condensación pulmonar se ulcera y radiológicamente puede detectarse la presencia en su interior de una caverna cuyas paredes son de moderado grosor y bordes anfractuosos (caverna biológica). En este momento el material excretado se torna fétido, lo cual constituye un signo de importancia diagnóstica fundamental. Con la presentación del vómito, se registra en general cierta mejoría de la sintomatología general, que sin embargo es sólo transitoria, instaurándose luego un estado tóxico.
Naturalmente no todas las formas presentan esta evolución cronológica, que hoy día es difícil encontrar, ya que, como hemos mencionado, el empleo desmedido de antibacterianos modifica los cuadros morbosos.
Si se instaura una terapia apropiada, el proceso suele evolucionar hacia la curación; en los casos menos afortunados se registra persistencia de la imagen cavitaria, que conserva el aspecto de una burbuja de aire, sobre cuyas paredes se pueden implantar sucesivos procesos inflamatorios de evolución incluso crónica. Sin embargo, la curación completa es hoy día bastante corriente; por otro lado, esta curación era frecuente también antes, ya que el foco patológico podía desaparecer espontáneamente.

GANGRENA PULMONAR

gangrena pulmonarHace tiempo se trataba de una afección de presentación común; en la actualidad es muy rara, aunque desgraciadamente siga existiendo, habiendo perdido sin embargo sus atributos de peligrosidad para la vida del paciente.
Se registra sobre todo en sujetos débiles, en ancianos, en alcoholizados, en diabéticos y en sujetos que han sufrido traumatismos torácicos graves.

Causas
La condición desencadenante es la presencia en el pulmón de gérmenes anaerobios, poco sensibles a los medicamentos antibacterianos, con rápida invasión de todo el pulmón por parte del proceso morboso. Estos elementos diferencian el absceso de la gangrena pulmonar; el primero, en efecto, tiende a ser limitado con respecto al parénqui-ma que lo rodea, mientras que la gangrena tiende a invadir desordenadamente el pulmón. Hay que tener en cuenta que muchas veces la gangrena es una complicación del absceso por aparición de gérmenes de la gangrena junto a los purulentos.

Cómo se manifiesta
El comienzo del proceso suele ser repentino y brutal; las condiciones generales son malas, la fiebre alta y el aliento pesado o incluso fétido. Inicialmente el proceso patológico no tiene nada de característico en relación a los demás procesos pulmonares, pero al cabo de unos días el cuadro se torna claro: la expectoración, emitida con frecuencia en forma de vómito, es tremendamente fétida, cremosa, fluida, de color grisáceo tendente a veces al marrón por la presencia de sangre.
La evolución espontánea es siempre grave y generalmente hacia la muerte en el plazo de unos días. Si se instaura un tratamiento adecuado y sobre todo si el organismo se encuentra en condiciones de poder reaccionar a la enfermedad, se registra a menudo una sorprendente y rapidísima modificación detodo el cuadro clínico, que puede evolucionar rápidamente hacia la curación; ello se debe a la eliminación de los gérmenes anaerobios, especialmente sensibles a los antibióticos. Por desgracia, la curación con antibióticos es posible sólo en las fases iniciales de la enfermedad; cuando ésta se encuentra ya en fase avanzada, en general persisten pequeños focos purulentos que pueden ser eliminados sólo mediante tratamiento quirúrgico.

ESTAFILOCOCIAS PULMONARES

estafilococosLas estafilococias pulmonares han ido adquiriendo en los últimos años especial importancia, tanto por su incidencia como por las dificultades terapéuticas derivadas de la fácil presentación de resistencias a los antibióticos por parte de estas bacterias.
Se han descrito formas primitivas que se presentan por exaltación de virulencia de los gérmenes que viven en estado saprofito en el sujeto sano, y formas secundarias que aparecen en el curso de septicemias o de procesos estafilocócicos en otro lugar del organismo.

Cómo se manifiestan
El comienzo de la enfermedad es en general agudo, con una sintomatología que recuerda a la de la neumonía lobar: fiebre, disnea, cianosis, astenia grave y deterioro del estado general, tos y expectoración purulenta, nunca fétida. La evolución es generalmente irregular, intercalándose periodos de relativa mejoría y de reactivación de la enfermedad. Son frecuentes complicaciones como la pleuritis purulenta y el pioneumo-tórax espontáneo.
Radiológicamente se puede observar un único foco de inflamación o varios focos diseminados por el parénquima pulmonar. En el caso de focos múltiples, es característica la observación de focos en distinto grado de desarrollo, de modo que junto a simples infiltrados es posible observar la presencia de infiltrados ulcerados o incluso de cavidades redondeadas con aspecto de burbujas. En algunos casos de curso especialmente agudo, es radiográficamente posible evidenciar la presencia de numerosas burbujas que se muestran como cavidades aéreas claramente redondeadas y que sufren frecuentes y rápidas variaciones de volumen, de modo que el aspecto radiográfico puede cambiar de un día para otro. Estas formaciones suelen remitir de forma espontánea o por acción del tratamiento,* pero en ocasiones pueden persistir indefinidamente en forma de quistes de paredes delgadísimas.

CONCLUSIONES
En caso de supuración pulmonar es indispensable establecer un diagnóstico exacto con objeto de poder instaurar lo antes posible un tratamiento adecuado. Para conseguir tales objetivos son indispensables la radiología, los exámenes de laboratorio y la broncoscopía.
Ya se han mencionado los aspectos radiográficos más frecuentes de la supuración. La broncoscopia, como ocurre en la mayor parte de las demás enfermedades broncopulmona-res, es indispensable para poder tomar una muestra de material procedente directamente de los focos patógenos, material que habrá que enviar luego al laboratorio para la realización de los exámenes necesarios para el estudio del factor bacteriano y de la resistencia de los gérmenes a distintos recursos terapéuticos.
La identificación de la flora bacteriana responsable del proceso supurativo es muchas veces esencial para el éxito del tratamiento médico. Tal identificación puede hacerse únicamente a partir del material tomado mediante broncoscopia, en la medida en que es muy fácil que el material emitido mediante expectoración se contamine.

El médico responde
¿Se puede producir un absceso pulmonar como consecuencia de una tromboflebitis de las extremidades inferiores?

Sí, la enfermedad tromboembólica es una grave complicación que se puede registrar en el curso de procesos tromboflebíticos, y el órgano afectado con mayor frecuencia es el pulmón. El cuadro pulmonar varía en función de la arteria ocluida por el émbolo; si la arteria ocluida es la pulmonar, tiene lugar el cuadro de shock, que a veces puede conducir incluso a la muerte. En caso de episodios embólicos repetidos puede también suceder que los émbolos, si poseen un carácter séptico, es decir infeccioso, se conviertan en verdaderos abscesos pulmonares

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