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LOS PSICOFÁRMACOS

SE TRATA de fármacos que actúan fundamentalmente sobre las funciones nerviosas del cerebro, modificando de forma más o menos transitoria el estado psíquico y el comportamiento del sujeto. No obstante, un uso prolongado de los mismos puede conducir incluso a modificaciones estables de la personalidad del individuo.

sicofarmacosEl término general de "psicofármacos" engloba todas las sustancias que de alguna forma influyen en los procesos mentales, induciendo cambios de comportamiento, en sentido estimulante o sedante. En sentido más estricto y más práctico, se indican con este término los fármacos utilizados en la terapia de los trastornos psíquicos. Esta definición ha sido origen de numerosos problemas y ha alimentado en estos últimos años un vivo debate cultural, y no sólo en el ámbito médico.
Las dudas en torno a la definición exacta de enfermedad psíquica han dado lugar a importantes malentendidos también en relación al uso y a la utilidad de la psicofarmacología. Considerados a veces como "instrumentos de control de las desviaciones del comportamiento", los psicofármacos, al margen de su papel fundamental en el desarrollo del conocimiento de las causas de las enfermedades mentales, han representado desde el punto de vista práctico una de las novedades terapéuticas más importantes de los últimos años.
La importancia en la práctica médica de una correcta información en este sentido es evidente: al margen de la cuestión de los abusos y sobre todo de sus causas determinantes, el propio médico se ve a menudo presionado por una demanda agobiante y generalmente mal informada de pacientes que, ante cualquier molestia, piden una respuesta farmacológica taumatúrgica. Junto a aspectos sin duda positivos, no debe ocultarse un uso castigador del psico-fármaco, una utilización antiterapéutica como instrumento exclusivamente de sedación y a menudo más al servicio de la tranquilidad de la familia y de quienes conviven con el paciente que de la salud de éste. No obstante, también es extremista la postura de quienes consideran que el psicofár-maco es sólo el nuevo medio químico de contención que viene a sustituir a los antiguos medios físicos, el instrumento que, imponiendo la adaptación a los modelos y a los valores vigentes» niega la libertad de expresión y de diversidad del individuo.

ANSIOLÍTICOS E HIPNÓTICOS

La ansiedad es un estado de ánimo desagradable que se basa en una penosa sensación de espera en relacióaa un acontecimiento que habría de privar al sujeto de algo que se considera un bien necesario (la salud, un objeto, una persona, un ideal político o religioso, etc.). Es un fenómeno que no afecta sólo al campo psicológico; a menudo, en efecto, el estado de ansiedad genera trastornos funcionales y orgánicos (enfermedades psicosomáticas con síndromes cardiovasculares, gastrointestinales, respiratorios, ginecológicos, etcétera). Los sujetos psicológicamente normales pueden también presentar un estado de ansiedad que, sin embargo, tiene siempre su origen en dificultades reales y objetivas. La ansiedad expresión de enfermedad no guarda en cambio relación con situaciones reales y no resulta de utilidad al sujeto, ya que excita o deprime de forma desorganizada sus facultades psíquicas y físicas y ello acaba por ser un obstáculo para la superación real de los problemas.
En estos casos es efectivo el empleo de fármacos ansiolíticos o la psicoterapia.
El sueño es un fenómeno fisiológico, periódicamente indispensable para el mantenimiento de la salud; los trastornos que lo alteran pueden revestir notable importancia, no sólo por cuanto respecta al bienestar general del individuo, sino también a su equilibrio psicológico. Existen distintos tipos de insomnio: a la hora de conciliar el sueño, a mitad de la noche o en la última parte de la noche. Ante una disminución del sueño es necesario determinar, si es posible, la causa del insomnio. Recordemos brevemente que existen insomnios por factores contingentes (concentración mental prolongada, inversión del ritmo vigilia-sueño, factores alimentarios, condiciones desfavorables de sueño, etc.), insomnios "internos" (por afecciones de los aparatos respiratorio, digestivo, cardiocircu-latorio, etc.) e insomnios neurológicos y psi-cosomáticos.
Una vez detectada la causa, su eliminación resuelve el problema. Cuando no se puede establecer una terapia causal, se recurre al uso de farmacos hipnóticos, cuyo empleo está permitido sólo bajo prescripción médica.

Reciben el nombre de ansiolíticos los fármacos que resuelven los estados de ansiedad y de tensión típicos de pequeñas psicopatías; dichos fármacos corrigen ligeras desviaciones de la orientación psíquica del individuo. La accion ansiolítica favorece el sueño cuando el insomnio se halla sostenido por un estado de ansiedad (efecto euhipnótico o hipnoinductor). En estos últimos años el uso de ansiolíticos se ha ido extendiendo cada vez más, poniendo de manifiesto cierta ligereza y simpleza de fondo en la forma en la que la gente afronta el problema del "sueño". Se recurre a ellos, incluso sin prescripción médica, para obtener una relajación de la tensión, del estrés al que nos somete la vida moderna.
No obstante, en el uso de estos fármacos hay que tener en cuenta que:
• el uso prolongado de fármacos que ejercen su acción sobre la psique puede dar lugar a cambios en la personalidad del paciente (disminución de la actividad intelectual, de la respuesta a los estímulos, tendencia a eludir las responsabilidades, repentinos cambios de humor y de estado de ánimo, etcétera);
• los tranquilizantes potencian la acción depresora sobre el sistema nervioso de otros fármacos y del alcohol. Los hipnóticos son fármacos que inducen un sueño similar al fisiológico; no quedan abolidos los reflejos ni la sensibilidad general (por ejemplo, el dolor impide el sueño y se puede despertar al paciente simplemente sacudiéndolo).
Los fármacos utilizados actualmente se dividen en:
• euhipnóticos o hipnoinductores (benzodiacepinas): favorecen la instauración de un sueño con características próximas a las del sueño fisiológico;
• hipnóticos (barbitúricos): determinan un sueño percibido subjetivamente como "anormal" y a menudo no permiten un despertar lúcido.
Los hipnóticos producen fácilmente hábito; el uso prolongado de algunos de ellos puede conducir a fenómenos de dependencia (más psicológica que real) y a fenómenos de abstinencia en caso de suspensión brusca.
Tal es el caso de los barbitúricos.
Las benzodiacepinas se usan:
• como ansiolíticos en el tratamiento de estados de ansiedad y de tensión, en síndromes depresivos acompañados de ansiedad, en distintas enfermedades de carácter psicológico; en la clínica médica general, se usan, debido a su actividad ansiolítica, como coadyuvantes en el tratamiento de los síndromes más diversos;
• algunos fármacos del grupo, a dosis adecuadas, se usan como hipnoinductores. Estos fármacos actúan eliminando los estímulos (sensoriales, emocionales) que impiden el desarrollo regular de los mecanismos fisiológicos que conducen al sueño;
• por sus propiedades anticonvulsionantes, se usan a veces en el tratamiento antiepiléptico (por vía oral en la prevención y en el tratamiento de crisis convulsivas por fiebre alta en los niños; por vía endovenosa en el tratamiento de la crisis epiléptica);
• en ocasiones se aprovechan sus propiedades miorrelajantes, sobre todo en las tensiones musculares que afectan a los músculos de la cara. Las benzodiacepinas presentan escasa toxicidad. Los efectos colaterales son raros: cansancio, somnolencia, vértigos y rara vez, sobre todo en pacientes ancianos, fenómenos paradójicos de agitación.
Por dosis elevadas y por administración endovenosa pueden registrarse hipotensión y variaciones de la frecuencia cardíaca. Las dosis varían según el fármaco utilizado, la vía de administración, el sujeto y la indicación. Conviene recordar que la asociación benzodiacepinas-alcohol conduce a una notable disminución de los reflejos, ya que este cóctel tan perjudicial frena la transmisión neuronal a la altura de las sinapsis.
Los barbitúricos son fármacos depresores del sistema nervioso central y hallan aplicación, aunque pocas veces, como hipnóticos. El sueño inducido por barbitúricos deja a menudo sensaciones desagradables (aturdimiento, pesadez de cabeza, etcétera). Los barbitúricos son metabolizados en el hígado y eliminados por vía renal; está por tanto contraindicado su empleo en presencia de insuficiencia hepática o renal grave. Entre los efectos indeseados, el más grave es la farmacodependencia, que se instaura con cierta facilidad; por esta razón los barbitúricos forman parte de la categoría de fármacos sujetos a las diposiciones legales para estupefacientes y sustancias psicotropas. Otros efectos indeseados son las manifestaciones alérgicas y reacciones idiosincrásicas (efecto excitante). En caso de dosis excesiva (a menudo con fines suicidas) se produce depresión respiratoria, colapso vascular, pulso débil, hipotermia, insuficiencia renal y coma.

Clasificación de los psicofármacos

Sedantes. Llamados también sedantes-hipnóticos, son sustancias que tienen una acción general depresora de las funciones celulares de los tejidos sensibles. Su efecto no se limita en consecuencia al cerebro, si bien éste es particularmente sensible a su acción. El prototipo de esta clase de fármacos se halla integrado por los barbitúricos. El descubrimiento de fármacos de acción más selectiva y más manejable ha reducido en gran medida el empleo de estas sustancias con fines psicofarmacológicos, para inducir sueño y sedación. Se trata, no obstante, de fármacos por ahora insustituibles en otros campos (terapia de la epilepsia, anestesia).

Tranquilizantes menores (ansioliticos). Son fármacos de acción ansiolítica, sedante y relajante de los músculos; su difusión es en la actualidad enorme y constituye un importante fenómeno sociocultural de nuestros tiempos. Consecuencia de ello es que se les atribuyen con mayor frecuencia fenómenos de abuso y de uso indebido, debido a su indicación terapéutica ante un síntoma que constituye un aspecto fundamental de la existencia humana, la ansiedad, y a su peligrosidad, generalmente considerada escasa.

Tranquilizantes mayores (neurolépticos, antipsicóticos). Son fármacos de acción antialucinógena y contra las psicosis graves. Se utilizan sobre todo en el tratamiento de la esquizofrenia. Se trata de sustancias que han cubierto un área hasta ahora muy pobre de la práctica terapéutica, con un impacto fundamental, tanto práctico como teórico, en la psiquiatría moderna.

Antidepresivo. En esta categoría se agrupan los fármacos que desarrollan su acción terapéutica sobre la amplia gama de trastornos adictivos, y en particular sobre la depresión. Completan la clasificación los psicoestimulantes {cuyo prototipo es la anfetamína), los alucinógenos y los fármacos llamados "nootrópícos" cuyos efectos se ejercen principalmente sobre el sistema intelectual.

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