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LAS PENICILINAS

LAS PENICILINAS —uno de los más importantes descubrimientos científicos de nuestro siglo— son antibióticos de origen natural o semisintético, muy activos sobre numerosos gérmenes. Su mayor inconveniente reside en que pueden desencadenar reacciones alérgicas y manifestaciones secundarias de distinto tipo y gravedad.

Los antibióticos actualmente disponibles son muy numerosos, poco menos de un centenar. Aunque algunos de ellos tengan actividades similares, se trata en cualquier caso de un número considerable de fármacos: la elección correcta frente a un caso clínico puede resultar pues difícil.
No obstante, la clasificación por grupos que se utiliza en la actualidad y la caracterización de los principios derivados ofrecen indicaciones que constituyen una directriz aplicable con relativa facilidad a los casos clínicos más corrientes.
En los casos más complicados, resultan en cambio necesarios estudios clínicos y diagnósticos muy especializados para orientar la terapia: a veces hay que recurrir a derivados de uso menos común, en dosis especiales o bien en asociación a otros compuestos.
Los antibióticos disponibles hoy día ofrecen distintas posibilidades desde el punto de vista del objetivo, es decir, del germen contra el cual son eficaces.
Hay fármacos activos frente a una sola especie bacteriana, como es el caso de la estreptomicina, activa contra el gonococo; otros ejercen su acción sobre un grupo reducido de bacterias; y existen por último los antibióticos conocidos como "de amplio espectro", activos frente a un elevado número de gérmenes.
El hecho de disponer de fármacos con diferente actividad antibacteriana permite su utilización clínica en distintas situaciones. Si el comportamiento más racional en el tratamiento de una infección es el establecimiento de una terapia estudiada, dirigida exclusivamente hacia el germen responsable, es evidente que el empleo de un fármaco de amplio espectro resulta de gran utilidad cuando no existe un diagnóstico bacteriológico claro y no hay síntomas indicativos de una infección específica, así como en presencia de una infección causada por distintos gérmenes.

PENICILINA

En 1928, Fleming, estudiando el crecimiento in vitro (es decir, en laboratorio) de varios tipos de estafilococo, observó la presencia de un hongo contaminante que provocaba la muerte de muchos gérmenes y, dado que el hongo en cuestión pertenecía al género Penicillium notatum, designó a los principios activos antibacterianos con el nombre de "penicilina". Sin embargo, sus observaciones no tuvieron consecuencias durante cerca de once años; en 1939 Florey consiguió extraer, aunque de manera burda, los principios activos del hongo Penicillium notatum y con este material basto obtuvo resultados significativos en ratones infectados experimentalmente con estreptococos.
El extracto se utilizó por primera vez en el hombre en 1941; sin embargo, debido a su coste prohibitivo, en los dos años siguientes se tratarían con él sólo 500 casos.
En esa misma época otro norteamericano, Chain, de origen chino, determinó la estructura química de las distintas penicilinas, que designó con las letras mayúsculas G, K, F y X.
Entre ellas pronto destacó la penicilina G, la más estable y, con ciertas reservas, la más activa, aunque en cualquier caso con lagunas y carencias terapéuticas; sobre ellas se trabajó duramente hasta que sucesivas investigaciones condujeron por fin a la producción de las llamadas penicilinas semisintéticas, es decir, obtenidas de forma natural a partir de determinados hongos y modificadas luego químicamente para aumentar su actividad.

TIPOS DE PENICILINAS

Las penicilinas naturales que se extraen de los cultivos de hongos son sustancias muy inestables, que resultan fácilmente inactivadas por agentes químicos, físicos y enzimaticos. De las cuatro penicilinas naturales (G, K, F y X) la única empleada en terapia en el hombre es la bencilpenicilina o penicilina G. Sin embargo, es prácticamente inactiva si se administra por vía oral, ya que es destruida por la acidez gástrica, o por vía rectal, puesto que resulta rápidamente escindida e inactivada por una enzima (beta-lactamasa) producida por los gérmenes presentes en el intestino. La penicilina G puede administrarse sólo por inyección intramuscular o por venoclisis endovenosa. Las concentraciones en sangre del antibiótico son modestas al cabo de 4 horas e incluso insignificantes al cabo de 6 horas de su administración, y ello se debe a su rápida eliminación a través de los ríñones.
Por esta razón la penicilina G debe ser administrada varias veces en un periodo de 24 horas (como media, cada 4-6 horas) o por vía endovenosa continua (venoclisis), o bien debe combinarse con una sustancia que interfiera su excreción renal; sus niveles en sangre pueden mantenerse altos durante más tiempo; si se administra ligada a determinadas sustancias (procaína o benzatina): se obtienen asi las "penicilinas de acción prolongada".
Estas penicilinas son muy útiles desde el punto de vista preventivo (profilaxis reuma articular agudo en la infancia) o enfermedades infecciosas que requieren tratamientos de larga duración (por ejemplo: sífilis). Para evitar el inconveniente de la inactivación de la penicilina por parte de 1a acción acida del estómago, se han realizado; penicilinas acidorresistentes", que pueden administrarse por vía oral. Su absorción por esta vía es muy variable, por lo que se necesitan dosis dos veces más altas que las utilizadas con la penicilina G.

Dentro de la terapia penicilínica ha supuesto un gran avance las "penicilinas resistentes a la penicilasa", compuestos que no son destruidos por las enzimas (penicilas, lactamasa) de los gérmenes intestinales; actualmente se dispone de penicilinas resistentes tanto a las penicilasas bacterianas y a la acidez gástrica, y por consiguiente son administrables por vía oral. Por último, recientemente se han sintetizado "penicilinas de amplio espectro, activas sobre un elevado número de germenes.

CUANDO SE USA LA PENICILINA

Las penicilinas són los antibióticos más recetados, aunque su eficacia clínica se halla en constante disminución debido a las resistencias bacterianas que se vienen produciendo cada día con mayor frecuencia. En efecto, numerosos gérmenes son inicialmente sensibles a la penicilina; sin embargo, con el tiempo se desarrollan nuevos tipos de gérmenes, sobre los cuales la penicilina no resulta ya activa.
Infecciones del aparato respiratorio.
A menudo las amigdalitis bacterianas tienen su causa en un estreptococo, por lo que su tratamiento con penicilina por vía intramuscular u oral permite obtener óptimos resultados. En la pulmonía bacteriana, en los últimos años mucho menos frecuente que la gripal causada por virus, la penicilina reduce el riesgo de muerte por absceso o empiema pulmonar, aunque por desgracia muchos gérmenes responsables de neumonías o abscesos pulmonares son ya resistentes a la penicilina, que por ello resulta a menudo ineficaz.
En las bronquitis agudas o en las reagudizaciones de las bronquitis crónicas, las penicilinas semisintéticas representan a menudo el fármaco de primera elección, sobre todo en los niños y en los sujetos ancianos.
• Infecciones de huesos y de articulaciones.
En estas infecciones, como alternativa a otros antibióticos, pueden utilizarse las nuevas penicilinas semisintéticas que alcanzan en el tejido óseo y articular concentraciones muy altas y activas. Cabe señalar que estas infecciones deben tratarse durante al menos seis semanas si son agudas y durante 3-6 meses si son crónicas.
• Infecciones cutáneas.
También en muchas infecciones cutáneas, sobre todo en la erisipela, las penicilinas representan el tratamiento antibiótico de elección.
Infecciones del sistema nervioso.
La penicilina es el fármaco de elección en las meningitis bacterianas; su empleo por punción lumbar es sin embargo peligroso y además no es útil como tratamiento con fines preventivos.
• Infecciones urinarias.
En estas infecciones se hallan con frecuencia implicados gérmenes resistentes a la penicilina, por lo que en general se usan otros tipos de antibióticos.
Otras infecciones.
La penicilina ha resultado muy eficaz en otras numerosas infecciones, que precisamente gracias a la introducción de este antibiótico han llegado a ser mucho menos peligrosas y frecuentes; cabe mencionar a este respecto la sífilis, la gonorrea, la difteria, el tétanos, la gangrena gaseosa y la leptospirosis.

EFECTOS TÓXICOS

La toxicidad de las penicilinas es muy baja y rara vez se producen manifestaciones secundarias significativas. Incluso dosis diarias muy elevadas por vía endovenosa, como en ocasiones son administradas en el tratamiento de la endocarditis bacteriana aguda, no causan trastornos de especial relieve. La toxicidad local puede manifestarse con dolor y signos de inflamación en el lugar de inyección intramuscular, mientras que la administración por vía endovenosa puede determinar flebitis y tromboflebitis. La penicilina G, administrada a dosis muy altas, puede dar lugar a fenómenos de irritación a cargo del sistema nervioso central (sobre todo si éste se encuentra ya afectado), que se manifiestan en forma de convulsiones y, a veces, coma: se trata de fenómenos más frecuentes en sujetos con insuficiencia renal. Un efecto colateral rarísimo es la hepatitis por administración de dosis altas de penicilina G; se trata en todo caso de hepatitis de curso benigno y de rápida resolución. Las penicilinas orales pueden presentar los mismos inconvenientes que la penicilina G; la frecuencia es sin embargo menor y no se registran nunca trastornos del sistema nervioso central, dado que estas penicilinas no alcanzan concentraciones muy altas en sangre; no son en cambio nada raros los trastornos digestivos, con náuseas, vómito y diarrea. Después de tratamientos prolongados a base de penicilina se han dado casos, aunque raros, de depresión de la médula ósea, con reducción del número de glóbulos blancos y plaquetas. La ampicilina, posiblemente la más usada de las penicilinas semisintéticas, puede además dar lugar con cierta frecuencia a la aparición de alteraciones cutáneas de tipo exantemático, similares a las del sarampión; dichas alteraciones suelen aparecer al cabo de 5-6 días de tratamiento y remiten de forma espontánea después de 1-2 semanas desde la suspensión del antibiótico. El mayor inconveniente en el uso de las penicilinas es sin embargo la posibilidad de que se produzcan reacciones alérgicas. En algunos sujetos su administración da lugar a trastornos y alteraciones patológicas de distinto tipo y gravedad. En muchos casos, equivalentes al 10 % aproximadamente, pacientes alérgicos a la penicilina presentan reacciones análogas también frente a otros antibióticos, las cefalosporinas, químicamente muy similares a la penicilina y de las cuales hablaremos en la próxima pagina.

Efectos colaterales de las penicilinas

Irritación en el lugar de inyección
Irritación meníngea, psicosis, convulsiones
Alteración de los electrólitos tras la administración al recién nacido o al individuo con insuficiencia renal
Náuseas, vómito, diarrea y alteraciones de la flora microbiana intestinal
Leucopenia, granulocitopenia
Aumento de las transaminasas
Reacciones de Herxheimer (en el tratamiento de la sífilis)
Ictericia por estasis
Reacciones alérgicas .

Ver LAS CEFALOSPORINAS

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