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LOS DIURÉTICOS

LA RETENCIÓN de líquidos y de sales se debe en la mayor parte de los casos a enfermedades cardíacas, renales o hepáticas, durante cuyo tratamiento pueden estar indicados los diuréticos, fármacos que sin embargo deben usarse con mucho cuidado y moderación para evitar que los inconvenientes sean mayores que las ventajas.

El volumen y la composición electrolítica de los líquidos orgánicos se mantienen entre valores relativamente constantes en virtud de numerosos mecanismos interrelacionados que actúan en función de las exigencias orgánicas.
Los principales responsables de esta continua regulación son los riñones; controlados por el sistema endocrino y nervioso, se encargan de mantener un grado apropiado de hidratación y una presencia equilibrada de electrólitos en el cuerpo, eliminando o conservando cantidades variables de agua y electrólitos, entre ellos aniones (iones negativos), como los bicarbonatos y los cloruros, y cationes (iones positivos), como los iones de hidrógeno, los fosfatos, los sulfatos, el sodio y el potasio.

CAUSAS DE EDEMA

En numerosas formas patológicas (cardíacas, renales, hepáticas, etc.) se producen a menudo retención de agua y sodio y la consiguiente expansión del volumen de los líquidos extracelulares que se acumulan en los estratos extravasculares, constituyendo esos depósitos más o menos localizados (en las piernas, en el abdomen, etc.) que reciben el nombre de edemas. Cuando la descompensación cardíaca congestiva, las enfermedades renales, las obstrucciones venosas, etc., pueden ser excluidas como causas de un edema clínicamente evidenciable, se habla de edema idiopático, cuya forma más frecuente es el denominado edema ortostático, en el que la posición erguida desempeña un papel fundamental en la retención hídríca.
El edema idiopático aparece casi exclusivamente en el sexo femenino y se caracteriza por una distribución vinculada a la fuerza de gravedad: cara y manos por la mañana; abdomen, tobillos y pies a lo largo del día. En la mayoría de los estados patológicos caracterizados por edemas, la retención de líquidos se debe a una menor capacidad de los riñones para eliminar electrólitos, sobre todo sodio.
En función de la entidad de los edemas existe un tolerancia variable a la acumulación normal de líquidos en el organismo, aunque en general se puede decir que la eliminación y la disminución de los edemas contribuyen notablemente a mejorar las condiciones de los pacientes, resultando asimismo beneficiosa en relación al tratamiento de la enfermedad que los ha causado.

TRATAMIENTO DE LOS EDEMAS

El enfoque terapéutico de los edemas se basa en tres, directrices, que pueden integrarse entre sí. En primer lugar, debe hacerse todo lo posible por curar la enfermedad principal. Es obvio que si un estado edematoso se debe a una descompensación cardíaca, el restablecimiento de unas condiciones cardiocirculatoriás mejores reducirá los edemas, del mismo modo que la menor acumulación de líquidos podrá a su vez tener efectos beneficiosos sobre el estado general del corazón. La segunda medida a la que sé puede recurrir es la disminución de la capacidad de resorción del riñon mediante fármacos apropiados que, al determinar de esta forma un aumento de la orina eliminada, reciben el nombre de diuréticos. La tercera medida para reducir los edemas es el control del sodio en la dieta, de forma que este elemento sea absorbido por el tracto gastrointestinal sólo en la medida permitida por la menor capacidad renal de eliminación.

CÓMO ACTÚAN

Recibe el nombre de "diurético" cualquier sustancia que induzca un aumento del volumen de orina actuando sobre el riñon. El término más apropiado sería el de "salurético", ya que la mayor eliminación de agua es secundaria a la mayor excreción de sodio y cloro a consecuencia de la inhibición de la resorción tubular renal de estos iones, inhibición que representa la acción primaria de los diuréticos. Bajo este punto de vista, los distintos diuréticos se clasifican en función de la entidad de la eliminación de sodio provocada por ellos.
Se distinguen por tanto:
• diuréticos de poca intensidad: inhibidores de la anhidrasa carbónica, osmóticos y ahorradores de potasio; 9
diuréticos de mediana intensidad: liaodicos y otros;
• diuréticos de alta intensidad: diuréticos del asa.

CUÁNDOSE USAN

Las indicaciones generales de los fármacos diuréticos son:
• hipertensión arterial: usados aisladamente como fármacos de primera elección, reducen rápidamente la presión arterial, mientras que su empleo da lugar a largo plazo a la disminución de las resistencias vasculares periféricas por reducción del sodio en el interior de las arterias. Usados en asociación, reducen la retención hidrosalina, provocada sobre todo por los vasodilatadores, y potencian la actividad hipotensora de otros fármacos contra la hipertensión (betabloqueantes, ACE-inhibidores, etc.);
• descompensación cardíaca crónica: sea cual sea la causa (enfermedad cardíaca, pulmonar, renal, etc.), los diuréticos mejoran la disnea (dificultad respiratoria), los edemas, la anorexia (inapetencia) y la astenia (cansancio);
• edemas de diversa naturaleza: cirrosis hepática, síndrome nefrótico, etcétera.

EFECTOS COLATERALES

Los duréticos rara vez tienen efectos tóxicos (en general de naturaleza alérgica) sobre la piel (urticaria), las células de la sangre (anemia hemolítica) o el aparato gastrointestinal.
Más comunes son los efectos inespecíficos relacionados con el metabolismo de los hidratos de carbono (azúcares) y del ácido úrico. Se observa un aumento de la uricemia a raíz de la utilización prolongada de cualquier tipo de diurético.
Varias sustancias diuréticas tienen también en común su acción hiperglucemiante; en cualquier caso, este erecto cesa al interrrum-pir la administración del fármaco.
Otro posible efecto no deseado es la alcalosis metabólica; se registra con mayor frecuencia en caso de diuréticos que inducen una elevada eliminación de cloro y sodio. Parece estar ligada a una excreción urinaria excesiva (con respecto al sodio), con la consiguiente hipocloremia y aumento de la resorción de los bicarbonatos; probablemente tiene también lugar una disminución del volumen extracelular. Otro efecto indeseado de muchos diuréticos, y en particular de la espirolactona, es la ginecomastia (aumento del volumen de las mamas en el hombre), asociada a menudo a disminución de la libido, con los consiguientes problemas psicológicos. Otro efecto que hay que controlar en los tratamientos prolongados con diuréticos es la disminución del potasio en sangre que, si es muy acentuada, puede provocar trastornos cardíacos (arritmias) o musculares (calambres).

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