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LAS CEFALOSPORINAS

LAS CEFALOSPORINAS son antibióticos de la familia de las penicilinas, con las que tienen en común también la capacidad de desencadenar graves reacciones alérgicas, que pueden conducir incluso al shock anafiláctico. Antes de instaurar una terapia basada en estos fármacos es conveniente someterse a pruebas alergológicas.

Las cefalosporinas son un grupo de antibióticos descubierto por un italiano, Brotzu. Este observó que la proximidad al vertido de las alcantarillas en Su Sicc, en la isla italiana de Cerdeña, había podido crear una situación ambiental propicia para el desarrollo de microorganismos capaces de destruir los bacilos del tifus y, partiendo de esta premisa, aisló una sustancia con propiedades antibióticas, la primera cefalosporina.
Análogamente a lo sucedido con las penicilinas, a partir de la primera cefalosporina natural se sintetizaron nuevas cefalosporinas "semisintéticas", para obtener un espectro más amplio de actividad antibacteriana, una mayor estabilidad gástrica para permitir la administración por vía oral, una duración más prolongada de su acción y una reducción de los efectos tóxicos colaterales. Las cefalosporinas presentan un mecanismo de acción muv narecido al de las penicilinas y, sobre todo las nuevas moléculas "semisintéticas", un espectro de acción muy amplio en relación a numerosos gérmenes.

CUANDO SE USAN

En Estados Unidos y en Japón las cefalosporinas son los antibióticos más recetados y utilizados, a diferencia de Europa, donde la elección recae a menudo en las penicilinas.
En la práctica clínica, las cefalosporinas se utilizan en el tratamiento de las infecciones de las vías respiratorias (tonsilitis, faringitis, bronquitis, bronconeumonías), en las infecciones cutáneas (erisipela, impétigo, absceso), en las infecciones de las vías urinarias, senticemia endocarditis, otitis e infecciones ginecológicas. Resultan también útiles en la prevención de infecciones en intervenciones quirúrgicas.

EFECTOS COLATERALES

En el animal de laboratorio la administración de cefalosporinas a dosis muy elevadas puede provocar lesiones renales graves e incluso una verdadera insuficiencia renal; efectos similares se han observado a veces también en el hombre, sobre todo con algunos tipos de cefalosporinas.
Factores que acentúan el riesgo renal son: el empleo de dosis elevadas, la asociación con otros antibióticos de acción tóxica sobre los ríñones, como los aminoglicósidos, el empleo simultáneo de diuréticos y la presencia de condiciones preexistentes de insuficiencia renal que reducen la eliminación del antibiótico.
En general, las alteraciones renales inducidas por las cefalosporinas remiten con la suspensión del tratamiento. Las cefalosporinas plantean ademas problemas de tolerancia local. La inyección intramuscular es muy dolorosa y requiere la asociación en el mismo vial de un anestésico local.
Para terminar, todas las cefalosporinas pueden provocar fenómenos de irritación loca! " tromboflebitis a raíz de su administración endovenosa.

REACCIONES ALÉRGICAS

Las reacciones de hipersensibilidad de tipo alérgico representan el efecto colateral mas importante tanto de las cefalosporinas como de las penicilinas. Antes se recomendaba el uso de las cefalosporinas en los sujetos alérgicos a la penicilina. Hoy día se reconoce la existencia de una alergia cruzada entre penicilina y cefalosporina y por consiguiente se desaconseja totalmente el empleo de esta ultima en pacientes alérgicos a la penicilina.

Causas. La alergia a la penicilina (y a las cefalosporinas) implica necesariamente una exposición del organismo al fármaco en el pasado (la llamada fase de "sensibilización"), que puede tener lugar según distintas modalidades, como:
• un tratamiento terapéutico efectuado en el pasado (incluso remoto) con penicilina o cefalosporina;
• la administración de sueros o vacunas esterilizados mediante adición de penicilinas;
• el uso de leche, derivados lácteos o carne procedentes de animales tratados con estos antibióticos;
• el empleo de jeringuillas contaminadas con penicilina;
• el uso de pomadas o polvos desinfectantes a base de penicilina (muchos de los cuales han sido ya retirados del mercado);
• la contaminación "profesional" de médicos, farmacéuticos y trabajadores de la industria farmacéutica.
Cuando el organismo sufre un proceso de sensibilización, tiene lugar la formación de anticuerpos antipenicilina; a cada nueva exposición o administración del antibiótico la respuesta de anticuerpos es cada vez mayor y más violenta. Por último cabe señalar que, debido al parentesco antigénico de los hongos o micetos con las penicilinas y las cefalosporinas, los sujetos que presentan micosis cutáneas o son fuertes consumidores de quesos fermentados con hongos presentan una mayor predisposición a las reacciones alérgicas a tales antibióticos.

Cómo se manifiestan. Generalmente las reacciones alérgicas son mucho menos frecuentes y, en cualquier caso, menos agudas y graves cuando el antibiótico es administrado por boca que cuando es inyectado por vía intramuscular. Además, los lactantes y los niños pequeños presentan reacciones alérgicas con frecuencia mucho menor que los adultos. El accidente más grave y dramático es el shock anafiláctico, que puede conducir en pocos minutos al colapso cardiocirculatorio y a la muerte. Una vez desencadenada la crisis, se impone un tratamiento urgente de reanimación: incisión inmediata en cruz y succión en el lugar de inyección (ventosa); administración intramuscular o endovenosa de adrenalina al 1 % (0,5 ce por vía intramuscular o 0,1-0,2 ce por vía endovenosa) y de un derivado soluble de la cortisona; inyección intramuscular de un fármaco antihistamínico; mantenimiento de la permeabilidad de las vías aéreas mediante intubación traqueal; y oxigenoterapia inmediata. La procaína-penicilina G (usada a menudo en la profilaxis de la enfermedad reumática) puede provocar, aparte de las reacciones anafilácticas descritas, reacciones inmediatas menos graves, causadas por la penetración brusca (totalmente accidental) de la procaína en forma de cristales en una vena después de la inyección intramuscular. Estas reacciones, que consisten en general en malestar, vértigos y desvanecimientos con pérdida de conocimiento, remiten sin embargo bastante rápidamente y en general no son nunca muy graves.

En otros casos, las reacciones alérgicas se manifiestan de forma más tardía con un cuadro similar a la llamada "enfermedad del suero' : alteraciones cutáneas tipo urticaria, fiebre y dolores articulares. La aparición de fiebre durante el tratamiento con penicilina o cefalosporina de una infección plantea un difícil problema diagnóstico.
La fiebre de origen alérgico se reconoce fácilmente porque desaparece al suspender el antibiótico. Por último, después de aplicaciones locales o en el personal que maneja estos antibióticos (enfermeras, laboratorios farmacéuticos, etc.), es posible la aparición de dermatitis de contacto tipo eccema.

Estudio de la. alergia a la penicilina.

Se realiza mediante anamnesis y eventualmente mediante intradermorreacción (con muchísimo cuidado y a ser posible en un hospital, y siempre que se disponga de todo lo necesario para tratar un eventual shock anafiláctico). El criterio seguido en la anamnesis es esencial para detectar la presencia tanto de antecedentes personales y familiares de alergia, como de manifestaciones de cualquier tipo registradas en el curso de un uso anterior del antibiótico. A tal respecto se recomienda recordar la eventual aparición de reacciones tipo urticaria a raíz de la administración de un fármaco, del cual ha de conocerse también el nombre: afirmaciones como "soy alérgico a los antibióticos" no tienen sentido; los antibióticos son una categoría de fármacos muy distintos entre sí y la alergia se refiere sólo a un grupo de ellos, pero nunca a todos.
Existen, por otro lado, varias pruebas utilizadas para determinar la eventual presencia de una alergia a la penicilina o a la cefalosporina.
Entre ellas las más conocidas y usadas son las pruebas cutáneas.
Así, por ejemplo, se prepara, por sucesivas diluciones, una solución que contenga 100 unidades ce de penicilina y se inyecta 0,1 ce por vía subcutánea.
Si no se observa reacción alguna (enrojecimiento, roncha, prurito) se puede pasar a una solución más concentrada (por ejemplo 1.000 unidades;cc).
La lectura se realiza a los 20 minutos, a las 24 y a las 48 horas. Recientemente se han propuesto algunas pruebas que pueden realizarse directamente a partir de una muestra de sangre. En realidad, sin embargo, y al igual que en todas las pruebas alergológicas, una reacción negativa no excluye de forma absoluta la posibilidad de que se registren accidentes.

Profilaxis de la alergia penicilínica según las directrices de la Organización Mundial de la Salud
• Minuciosa anamnesis personal y familiar.
• Disponer de los fármacos necesarios para combatir las manifestaciones anafilácticas.
• Usar la penicilina sólo en caso de necesidad en los sujetos con diátesis (predisposición) alérgica (asma, fiebre del heno, etc.).
• Requerir siempre que sea posible las pruebas inmunológicas para la comprobación de la alergia penicilínica.
• Informar al paciente de que le va a ser administrada penicilina.
• Evitar contaminaciones, empleando jeringuillas desechables.
• Mantener al paciente en observación durante al menos una hora y media después del tratamiento.

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