La dieta del tipo sanguíneo
Fue descubierta por el médico naturopata Dr. Peter J. D'Adamo y publicada en su libro "Eat Right For Your Type" ( Alimentese Correctamente de Acuerdo con su Tipo de Sangre), publicado en 1996 en los Estados Unidos. Muchos especialistas estan en desacuerdo con la teoría propuesta por el Dr. D'Adamo, alegando falta de comprobación científica en gran parte de sus afirmaciones, pero eso no lo trataremos aquí.
Básicamente, la dieta del grupo sanguíneo sigue la premisa de que:
- Cada grupo sanguíneo (A, B, AB y O) deben seguir dietas específicas
- Para cada grupo sanguíneo, los alimentos pueden ser clasificados como:
- benéficos: alimentos que previenen y tratan algunas dolencias
- neutro: alimentos que no previenen dolencias pero que además no perjudican a la persona
- nocivos: alimentos que pueden agravar o causar daños a la persona
Que puede comer cada grupo sanguíneo ?
Sangre Tipo O
Son carnívoros con aparato intestinal fuerte y necesitan comer proteínas animales diariamente, caso contrario, estan propensos a tener dolencias gástricas como úlceras y gastritis debido a su alta producción de jugos gástricos
Sangre Tipo A
Son vegetarianos con aparato intestinal sensible y tienen dificultades para digerir proteínas de origen animal, pues su producción de jugo gástrico es mas limitada.
Sangre Tipo B
Pueden tolerar dietas mas variadas y es el único tipo de sangre que tolera bien los lacteos en general.
Sangre Tipo AB
Necesitan una dieta equilibrada conteniendo un poco de todo.
La Aportación de James D'adamo
Como el lector habrá apreciado, la importancia de los antígenos es evidente ya que provoca reacciones inmediatas en el organismo. Pues bien, hace casi tres décadas un naturópata llamado James D´Adamo se dio cuenta de que los tratamientos dietéticos que aconsejaba a sus pacientes no obtenían siempre los mismos resultados y se preguntó a qué podría deberse. Formado en la escuela naturista, su experiencia con los pacientes le llevaría a percatarse sobre todo de que mientras la dieta vegetariana le sentaba estupendamente a algunas personas y su salud mejoraba a otras no parecía hacerles apenas efecto y a algunas incluso les sentaba mal y empeoraban. Aquello le sorprendió llevándole a la conclusión evidente de que no a todas las personas les sienta bien el mismo tipo de alimentación. E intuyó que como la sangre era la fuente principal de nutrición del organismo la respuesta podía estar en ella. Decidió pues investigarlo y a lo largo de muchos años tomó notas para poder luego cotejarlas y buscar posibles pautas comunes. Y sería de tan sencilla pero perseverante manera como llegaría a darse cuenta de que el tipo de alimentación estaba relacionado con los distintos tipos sanguíneos. Observó, por ejemplo, que las personas de sangre tipo A responden mal a las dietas generosas en proteínas cárnicas pero muy bien a las ricas en proteínas vegetales. Y que a esas mismas personas ni la leche ni sus derivados les iban bien. Es más, también mejoraban con ejercicios leves como el yoga mientras los duros y dinámicos les producían malestar. En cambio, a las personas de sangre tipo 0 les sentaba estupendamente la carne y los ejercicios más intensos. Y llegó a la conclusión de que, en efecto, el refrán que dice "lo que es alimento para un hombre puede ser veneno para otro" encerraba una gran verdad.
Todas aquellas observaciones las recogería James D'Adamo en una obra titulada El alimento de un hombre (One Man´s Food) que vería la luz en 1980.
Sería sin embargo su hijo Peter -quien estudiaría también Naturopatía si bien en el John Bastar College de Seatle (EEUU)- el que establecería ya esa conexión. Y lo hizo descubriendo en primer lugar que dos de las principales afecciones del estómago -la úlcera séptica y el cáncer de estómago- se daba más en grupos sanguíneos concretos. La úlcera en las personas del tipo 0 y el cáncer en las del tipo A.
Hasta que los datos acumulados le llevarían finalmente a concluir que el tipo de sangre predispone a las personas a un tipo de alimentación concreto y distinto en buena medida a las de otros tipos. E, incluso, que predispone más a unas enfermedades que a otras. Y no sólo eso: también descubriría que la salud depende, en mucha mayor medida de lo que la gente imagina, de la alimentación. Es decir, que hay alimentos que actúan positivamente en los organismos de las personas con un determinado tipo de sangre mientras en las personas de otros tipos son perjudiciales. Y no sólo eso: a su juicio una alimentación no acorde con el tipo de sangre que se tiene es una de las principales causas del sobrepeso u obesidad de muchas personas... y la causa de que no logren adelgazar cuando lo intentan. Algo que sí conseguirían si dejaran de ingerir los alimentos perjudiciales para su tipo de sangre (recuerde el lector que hemos publicado ya en la revista varios reportajes sobre la dificultad que para adelgazar supone ingerir alimentos a los que uno es sensible o intolerante y que hoy ello puede determinarse con bastante exactitud mediante analíticas.
Dicho lo cual hay que aclarar desde ya que el propio autor deja claro que esas conexiones no son radicales. Es decir, no todos los organismos de las personas del mismo tipo son intolerantes a todos los alimentos ni el grado de sensibilidad es igual en todos al alimento al que son intolerantes. Las pautas generales que ofrece tras sus años de estudio clínico son pues sólo orientativas. Téngalo en cuenta. En todo caso, si desea profundizar en este tema sepa que encontrará las conclusiones de Peter D'Adamo publicadas en su obra Los grupos sanguíneos y la alimentación (Ed. J. Vergara).
En suma, el doctor Landsteiner descubrió la razón de por qué unas personas fallecían después de una transfusión de sangre y otras no: sus sangres no eran compatibles. Desde entonces sabemos que:
Las personas con sangre del tipo 0 son "donadoras universales". Es decir, pueden donar sangre a cualquiera de las que tienen otros tipos de sangre pero sólo pueden recibir la suya propia.
Las personas del tipo AB son "receptoras universales", es decir, pueden recibir sangre de todos los demás pero sólo pueden donar a los de su propio tipo.
Las personas del tipo A pueden recibir sangre de su mismo tipo y del grupo 0 pero no de las de los tipos B y AB. Y puede donar a los de su mismo tipo y a las de tipo AB. Y,
-Las personas del tipo B pueden recibir sangre de su mismo tipo y del grupo 0 pero no de las de los tipos A y AB. Y puede donar a los de su mismo tipo y a las de tipo AB.
LOS GRUPOS SANGUINEOS
Este descubrimiento le sería recompensado a Karl Landsteiner con el Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1930.
Cabe añadir que Landsteiner descubrió tres antígenos más (M, N y P) similares a los antígenos de los grupos A y B pero, a diferencia de éstos, su presencia en los glóbulos rojos no supone la existencia en la sangre humana normal de aglutininas naturales. Y posteriormente otro en 1940 -junto a Alexander Salomon Wiener- que bautizaría como antígeno D o factor Rh (llamado así porque lo encontró en el suero de conejos inmunizados con sangre procedente de un mono de la especie Macacus Rhesus). Este antígeno tiene su importancia cuando la madre no tiene el antígeno y el padre sí ya que en el segundo embarazo los anticuerpos específicos anti-Rh que desarrolla la madre pueden atravesar la placenta y provocar el aborto o una enfermedad hemolítica en el recién nacido que cursa con ictericia: la temible eritroblastosis fetal. Finalizo diciendo que posteriormente se llegarían a descubrir hasta 42 antígenos distintos en los glóbulos rojos si bien su incidencia es al parecer notablemente menor y no vamos por tanto a entrar a profundizar en ello.
Agregaré, por último, que los datos disponibles indican -de forma aproximada- que el 40% de los europeos posee sangre del tipo 0, otro 40% del tipo A, el 15% del tipo B y alrededor del 5% del tipo AB. ç El autor, Meter J. Adamo opina que al seguir sus recomendaciones, aparte de perder peso, reduciremos el riesgo de contraer diabetes, enfermedades coronarias, del hígado e incluso cáncer.
¿Qué hay de cierto en esta dieta?
La dieta presenta una serie de conceptos inmunológicos, nutricionales y filosóficos tan entretejidos y enredados que cualquiera diría que el autor sabe mucho al respecto.
Sin embargo, no existe ningún estudio científico respetable que compruebe la teoría de la dieta. Si uno leyera simplemente algo de un libro de fisiología, nutrición o biología, no encontraría nada que relacione a los grupos sanguíneos con recomendaciones alimenticias.
La dieta se pone un tanto peligrosa, cuando se dan recomendaciones sin saber o evaluar el estado de salud de la persona. Es decir, si alguien tiene deficiencias proteicas, de vitamina B12 y/o vitamina D, y da la casualidad que su grupo sanguíneo es A -en el que se recomienda una dieta prácticamente vegetariana- esta dieta podría aún más acentuar sus deficiencias.
Es sabido que el probar nuevas dietas nos encanta, y si lo hacemos por pocos días no nos trae mayores problemas de salud. Sin embargo, no debemos olvidarnos que adelgazar no es cuestión de seguir la dieta de moda, sino de cambiar múltiples aspectos de nuestra vida, como la alimentación y la actividad física.
ALIMENTACIÓN SEGÚN EL GRUPO SANGUÍNEO
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