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LA DIETA PARA LAS ENFERMEDADES DEL HÍGADODEBE SER RICA en proteínas y contener sólo ciertas grasas; los azúcares pueden incluirse, mientras que el alcohol está totalmente prohibido. Éstas son las líneas generales, válidas para las insuficiencias hepáticas moderadas. Cuando el cuadro clínico es más complejo, la dieta, al igual que la terapia, es competencia del médico. Pocas otras enfermedades, aparte de la insuficiencia hepática, presentan, en el ámbito de la variabilidad individual, una gama tan amplia de restricciones alimentarias injustificadas. Incluso en los más célebres tratados de dietética, el espacio dedicado al tratamiento dietético de la "pequeña" insuficiencia hepática, es decir de las formas más frecuentes y de grado más leve, suele ser en efecto exiguo y, en algunos casos, incluso nulo, y las razones de este contraste residen en un doble orden de cosas. PRINCIPIOS GENERALES Desde el punto de vista práctico, para estas formas de ligera insuficiencia hepática la dieta puede enfocarse siguiendo las líneas generales de una dieta ligera o suave, según los siguientes principios fundamentales:
En definitiva, se trata de la misma dieta que se recomienda a cualquier persona con dificultades digestivas, sean de la causa que sean; además, en caso de insuficiencia hepática, se recomienda reducir de forma especial las grasas de condimento, dando preferencia al aceite de oliva crudo. El valor calórico global diario se determina sobre la base del peso ideal, el sexo, la edad, las condiciones de vida y el ambiente. Siendo la cantidad de proteínas de 1 g por kilo de peso y la de lípidos equivalente al 35-40 % de las calorías globales, el resto ha de ser proporcionado por los carbohidratos, que deben derivar, al menos en su mayor parte, de los polisacáridos (pan, pasta, arroz, legumbres, patatas). Para una correcta prescripción dietética es por último necesario recurrir a las tablas de composición de los alimentos. Se puede emplear una cantidad diaria de unos seis gramos de cloruro sódico, a excepción, naturalmente, de los pacientes con amenaza de coma, en coma o con graves alteraciones electrolíticas. Desde el punto de vista de la higiene alimentaria, la mencionada cantidad de sal sería apropiada también para el individuo sano, y es suficiente para dar sabor a los alimentos. En las formas crónicas, el reposo y una dieta racional y agradable son a menudo suficientes para superar la inapetencia y encaminar la mejoría. Desayuno Leche o yogur desnatados, si se desea con un poco de café; té ligero; azúcar, miel, mermelada, jalea de fruta; zumo de cítricos, batidos de frutas, fruta fresca; pan o grisines integrales o tostadas. Almuerzo Pasta o arroz, condimentados con aceite crudo o mantequilla fresca y queso parmesano, o bien con salsa de tomate u otras salsas simples que no contengan embutidos, carnes grasas, vísceras, especias, mostaza, pimienta, pimentón o mayonesa. Carne blanca preferiblemente a la plancha, o bien hervida o al horno (evitar las salsas), o cocida al vapor, o cruda: ternera, pollo, pavo (de las aves evitar la piel), conejo; pescados: lenguado, dentón, lubina, pulpo, mero, trucha, merluza, emperador y salmonete, hervido o a la plancha, condimentado con aceite y salsa de limón Verdura de temporada cruda o hervida, condimentada con aceite y vinagre o zumo de limón. Fruta de temporada fresca o rallada o batida, o cocida o al horno, o zumo de cítricos; evitar la fruta poco madura o reseca, los dátiles, los piñones y las castañas. Pan o grisines integrales o pan tostado. Comida Sopa de fideos o de arroz sin grasa, puré de verduras o sopa de verduras con pasta o arroz, sémola (preparada con caldo o con leche, crema de cebada, crema de arroz, tapioca. Quesos no grasos y frescos: queso de Burgos, mozzarella, requesón; se consumirán con moderación el gallego, el holandés o el manchego fresco; puede tomarse jamón cocido o serrano, pero sólo la parte magra; dos veces a la semana dos huevos, duros o mejor pasados por agua o escalfados. Verdura, fruta y pan, véase comida. HEPATOPATÍAS GRAVES Especialmente delicada es la cuestión de la nutrición cuando aparecen signos amenazadores de encefalopatía hepática, cuya presentación puede ser consecuencia de diversos factores, como trastornos alimentarios, consumo excesivo de alcohol, infecciones intercurrentes, hemorragia digestiva o evolución especialmente violenta de una hepatitis aguda. En este caso puede ser necesaria la hospitalización del paciente. La patogenia real de la encefalopatía no está todavía muy clara; es probable que intervengan varías causas de acción sinérgica. Para una correcta interpretación de las medidas que se han de adoptar desde el punto de vista nutricional, hay que tener en cuenta que por acción de la flora bacteriana del colon sobre las proteínas se forman productos tóxicos que el hígado insuficiente no es capaz de metabolizar o que pasan a la circulación general, escapando así a la acción elaboradota de la víscera.
El pescado, cocinado y condimentado sin grasas, está muy indicado por su elevado aporte proteico.
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