MAS DIETAS
CUALQUIER DIETA baja en calorías puede provocar una pérdida
ilimitada de peso, pero para adelgazar "en salud" sólo un correcto
equilibrio de todos los elementos nutritivos fundamentales puede garantizar
una pérdida de peso adecuada, sin miedo a incurrir en alguna carencia
que, antes o después, resultaba
perjudicial para el organismo.
Las necesidades calóricas de nuestro organismo podrían
verse satisfechas por la ingestión sólo de proteínas o de grasas o de
hidratos de carbono, pero ello no es viable, en la medida en que se deben
respetar las necesidades mínimas de los distintos elementos para mantener
el equilibrio metabólico.
DIETA HIPERPROTEICA HIPOGLUCÍDICA
Esta dieta se caracteriza por el consumo relativamente
alto de proteínas (sobre todo carne y pescado) y por la drástica reducción
de los hidratos de carbono (sobre todo azúcar y farináceos); junto a algunas
ventajas indiscutibles, presenta estos inconvenientes:
la excesiva cantidad de alimentos proteicos puede producir
estreñimiento pertinaz, determinar formas de colitis con putrefacción
e incrementar los valores de azoemia y de uricemia;
el aumento relativo de las grasas puede ser mal tolerado
y puede aumentar los valores del colesterol y de la lipemia;
la drástica reducción de los hidratos de carbono puede
provocar crisis hipoglucémícas pasajeras, con debilidad, astenia, sudoración,
etcétera;
la escasez de hidratos de carbono y el aumento relativo
de los lípidos provocan aumento de la acetona (cetosis), responsable de
la disminución del apetito;
el resultado final, salvo un adelgazamiento inicial más
rápido. es en la práctica el mismo que el de otras dietas hipocalóricas.
DIETA
HIPOCALÓRICA EQUILIBRADA
Esta dieta se basa en la admisión de todos los principios
nutritivos fundamentales, respetando siempre las leyes de una composición
equilibrada de la dieta, por lo que incluso los tan discutidos hidratos
de carbono están permitidos en esta dieta.
Las ventajas que ofrece una dieta hipocalórica equilibrada
pueden resumirse de la siguiente manera:
todos los elementos pueden estar representados, con la
posibilidad de formular un número ilimitado de combinaciones dietéticas,
capaces de satisfacer cualquier exigencia personal;
todos los factores esenciales de la nutrición están representados,
evitándose así cualquier trastorno carencial y dándose la posibilidad
de prolongar la dieta incluso durante largos periodos cuando sean muchos
los kilos que se desea perder.
Considerando detenidamente los problemas que plantean
los distintos principios alimentarios conviene subrayar:
la absoluta necesidad de respetar las necesidades proteicas
mínimas 1 g de proteínas al día por kilo de peso corporal ideal.
no del peso corporal actual; o bien el 15-20 % de las necesidades
calóricas totales, no de la cantidad calórica establecida por la dieta
adelgazante). Esta necesidad se debe al hecho de que el organismo no posee
reservas proteicas utilizables, por lo que las proteínas han de formar
parte de la alimentación diaria
la absoluta necesidad de proporcionar al paciente un aporte
máximo de hidratos de carbono, ya que un déficit de los mismos puede provocar
no sólo carencias de calcio, tiamina (vitamina B1, riboflavina
(vitamina B2), ácido fólíco (vitamina B6) y ácido ascórbico
(vitamina C), sino auténticos estados patológicos, con deshidratación,
desequilibrios electrolíticos, cetosis, hiperuricemia, aumento de los
lípidos séricos, debilidad, astenia, etc. Esta necesidad se debe al hecho
de que el organismo no posee reservas glucidicas aprovechables (salvo
el contenido en glucógeno del hígado), por lo que, si el suministro glucidicos
no tiene lugar a través de la alimentación, el organismo debe tomar material
de los depósitos de grasa y transformarlo en glucógeno. Esto explica la
formación de cuerpos cetúnícos (aliento a acetona), responsables del efecto
depresor del apetito pero muy perjudiciales en relación a la funcionalidad
hepática, dando lugar a la larga serie de trastornos ya examinados; e
la posibilidad de reducir el aporte de lípidos, ya que el organismo cuenta
con una notable reserva lipídica. Así como las dietas híperproteícas son
de forma implícita también hiperlipídicas, porque el porcentaje de grasas
contenidas en todos los alimentos proteicos (carnes, pescados, huevos,
leche y que es considerablemente alto, una dieta equilibrada (moderadamente
híperglucídica) puede tener un escasísímo contenido lipídico, ya que los
alimentos glucídicos (pan, pastas, farináceos, patatas, legumbres, etc.)
suelen ser pobres en lípidos.
Durante un dieta hipocalórica adelgazante, el organismo
entra en una fase autofágíca, es decir de consumo de sus reservas de grasas.
DIETA ALTERNADA 
La dieta hipocalórica va con el tiempo perdiendo eficacia;
ésta es, entre Otras, la razón por la que es necesario recurrir a una
dieta progresivamente más restringida a medida que el paciente se va acercando
al peso deseado. Sin embargo, puede suceder que dichas medidas no sean
suficientes y que el pro ceso de adelgazamiento se tambalee, no avance,
sin que ello sea atribuible a errores o transgresiones de la dieta.
En tal caso, se aconseja sustituir la cena (o la comida,
si esto facilita la labor del paciente) un día cada dos o tres por una
comida que no aporte prácticamente más que agua y proteínas animales (30-40
g),
Si el resultado no es satisfactorio, puede ser interesante
proponer, en un segundo tiempo, la alternancia de la dieta en curso (que
aporta de 1.200 a 1.800 calorías), mantenida durante una semana, con una
dieta más estricta (durante otra semana), que aporte entre 550 y 900 calorías,
procedentes en su mayor parte de proteínas y fibras alimentarias.
DIETAS VARIADAS 
CUANDO no es posible seguir una dieta hipocalórica
y, sobre todo, cuando se desea seguir una dieta de mantenimiento, puede
resultar de utilidad una "dieta disociada",
que impone una distribución de los alimentos a lo
largo del día, dejando libertad en cuanto a la cantidad.
LA DIETA DISOCIADA
Siempre es necesario ofrecer una alternativa, en la
medida en que no todas las personas son iguales y no todas son capaces
de afrontar los mismos compromisos y con los mismos resultados: hay quien
lo consigue y quien fracasa, quien pierde y quien gana. Para quien haya
fracasado en el intento con una dieta hipocalórica equilibrada existe
una última alternativa: la dieta disociada. Para entendernos, la
culpa del fracaso de una dieta hipocalórica equilibrada no recae sobre
ésta, sino sobre el sujeto, ya que, si se sigue una pauta basada en reglas
sanas, un adelgazamiento bien programado es matemáticamente seguro.
Hay que admitir que el tratamiento dietético es difícil
porque, aparte de los numerosos problemas psicológicos ya analizados que
pueden obstaculizar cualquier intento de reducción ponderal, existen muchas
tentaciones y ocasiones para cometer errores.
Hay sujetos que no aguantan ninguna forma de restricción
y que reaccionan negativamente frente a todo régimen que contemple el
uso de pesos y de medidas en lugar de la libre elección de la calidad
y de la cantidad de los alimentos.
existen sujetos armados de la mejor voluntad, deseosos
de llevar enseguida a la práctica las sugerencias del experto en dietética,
que juran que serán constantes en su empeño, pero que luego se comportan
de forma confusa y superficial, lo hacen todo deprisa y se olvidan de
las advertencias más elementales.
Existen sujetos que empiezan bien, impulsados por
la novedad y por el rápido descenso de la aguja de la balanza, pero que
tras el entusiasmo inicial se ven superados por el aburrimiento y el cansancio
debidos al autocontrol continuo, a las severas restricciones, a la dieta
monótona.
Pues bien, para los impacientes, los incumplidores,
los chapuceros y los débiles existe una última esperanza y una última
prueba: