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ANATOMIA DE LOS ORGANOS SEXUALES Y SU FUNCION

Una de nuestras mayores preocupaciones es el estado de nuestros organos sexuales, fuente de un intenso placer y gozo, cuando estan en su mejor estado, son también fuente de una gran desazón cuando nos limitan nuestras relaciones de pareja, por no estar bien.

Bien es cierto que la naturaleza los creo fuertes y arquitectonicamente increibles, son tan bien hechos, que con muy poca atención, no generan mayores problemas en la mayoría de nosotros.

Elemento fundamental es nuestra buena relacion psicologica con ellos, olvidarnos de mitos que a pesar de su antiguedad, nada tienen de cierto. La descripción del sistema sexual femenino se divide en tres partes:
1- Los genitales externos o vulva- Es el nombre con el que se designa al conjunto de los genitales que pueden verse.
La vulva consta de las siguientes partes: los labios mayores, que son los labios grandes y externos; el monte púbico, situado por encima de la vulva, es un montículo blando que se cubre de pelo en la pubertad; los labios menores, que se hallan dentro de los mayores; el clítoris, situado en el punto de unión de los labios menores y el vestíbulo, que constituye una zona en forma de almendra  situada dentro de los labios menores, donde aparecen la vía urinaria y la abertura vaginal.
2- Los genitales internos- Es el sistema reproductor de la mujer y consta de las siguientes partes: el himen; Las glándulas de Bartholin; la uretra; la vagina; el cérvix; el útero o matriz; las trompas de Falopio y los ovarios, donde se almacenan los óvulos.
3- Los senos- Los cuales, a pesar de no ser genitales, tienen un significado sexual considerable.

La función sexual completa tiene su origen y desarrollo en la actividad cerebral. En las especies mamíferas, los centros cerebrales que controlan la sexualidad están relacionados con dos funciones básicas. En primer lugar, encontramos el instinto de conservación individual (huida del dolor y aproximación al placer) y en segundo lugar, la reproducción como instinto de conservación de la especie. En el cerebro, el sistema reptil es el encargado de controlar los impulsos e instintos. La red neuronal y los circuitos que unen los centros instintuales, localizados en esta parte del cerebro, así como también en el hipotálamo y otros sectores del sistema límbico, controlan los instintos básicos de conservación como el hambre, el sueño, la sed, la huida del peligro y la reproducción de la especie. En todos los casos, se trata de instintos de conservación: en algunos, de la especie; en otros, individual. En los seres humanos, como integrantes de la especie animal, existe la tendencia hacia la búsqueda del placer y la huida del dolor.

La mayor parte de los estudios sobre el tema de la relación entre la actividad cerebral y la sexualidad ha sido realizada en animales. En todos los casos, los reportes señalan que el proceso se inicia con la transmisión eléctrica en la red neuronal, que estimula el centro específico y produce el impulso (ya sea de hambre, sed, huida del dolor o de estimulación sexual).

Una de las diferencias que se encuentran entre humanos y animales se relaciona con el proceso de estimulación sexual con fines reproductivos, y su calidad de cíclico. En las hembras animales, el ciclo destinado a la reproducción tiene una duración y características específicas. Durante ese período, la hembra produce una serie de hormonas cuya emanación tiene como resultado dos situaciones: una, prepara el cuerpo para la fecundación, proceso interno durante el cual se generan los óvulos que podrán ser fecundados y el útero se prepara para albergar el embrión. En segundo lugar, se producen externamente manifestaciones de dichas hormonas, que generan en los machos una respuesta de atracción a través de las vías sensoriales (especialmente olfativa). En este período, la hembra está anatómica y fisiológicamente preparada para recibir al macho y generar la fecundación. En el caso de los animales, entonces, el proceso es fundamentalmente instintual. Además, los intercambios sexuales tienen lugar en momentos específicos del día o de la noche, que coinciden con los períodos de mayor actividad de cada especie.

En el caso de los humanos, sin embargo, intervienen otros factores, además del instinto. En primer lugar, la posibilidad de estimulación y respuesta sexual no se limita a un ciclo determinado, así como tampoco los momentos de intercurso. Por supuesto que interviene en el proceso el estímulo primariamente instintivo de los centros neuronales, que se da ante la presencia de una potencial pareja sexualmente atractiva y en el que se producen respuestas ante estímulos sensoriales (visuales, olfativos, táctiles). En una situación de estímulo sexual actúan también los otros sistemas cerebrales que no necesariamente están presentes en los animales. El sistema límbico (presente incluso en vertebrados primitivos) tiene la responsabilidad de controlar la emoción y la motivación (Kaplan). El neocórtex, por su parte, tiene influencia sobre los procesos cognitivos.

Si bien no está suficientemente claro el mecanismo (cerebral) que se produce para la activación del deseo sexual en los humanos (Kaplan, ob. cit) la anatomía del sistema sexual está bastante estudiada. En el sistema límbico se encuentran los centros del dolor y del placer. Como se mencionaba anteriormente, uno de los instintos de conservación se relaciona con la huida del dolor y la tendencia a la aproximación al placer. El instinto de huida del dolor es más fuerte que el de búsqueda de placer, porque el instinto de conservación individual tiende a ser más fuerte que el de conservación de la especie. Por lo tanto, ante dos situaciones simultáneas que producen dolor y placer respectivamente, el organismo tenderá de manera instintiva a alejarse de la fuente de dolor, antes que experimentar ambos estímulos o que acercarse a aquél que produce placer. Durante un contacto sexual, los centros del placer se ven estimulados, lo cual contribuye a explicar las sensaciones placenteas asociadas al mismo. Cuando se estimulan los centros responsables de las sensaciones sexuales en el cerebro se produce un componente químico que es recibido por receptores situados en los circuitos del placer. Cuando hay dolor, en cambio, se inhibe la sensación de placer y por lo tanto desaparece la respuesta sexual.

La anatomía y la fisiología, en conjunto, representan uno de las plataformas conceptuales a través de las cuales describir la sexualidad humana. Hay algunas características propias de la anatomía, a su vez derivadas de la carga cromosómica propia de cada cuerpo, que determinan la modalidad de respuesta ante determinados estímulos.

Aun cuando existen diferencias específicas de respuesta fisiológica ante la estimulación sexual entre hombres y mujeres, de acuerdo con sus características anatómicas, la mayoría de los autores que estudian la respuesta sexual humana coincide en señalar que las reacciones fisiológicas son muy similares.

En ambos casos, la respuesta fisiológica ante la estimulación sexual puede resumirse en cuatro etapas: excitación, meseta, orgasmo y resolución.

En la fase de excitación, los órganos genitales experimentan una vasocongestión; es decir, un considerable aflujo de sangre que genera un hinchamiento del pene (en el caso del hombre) y la vulva (en el caso de la mujer) y también el aumento de tamaño de órganos como los testículos, las mamas y los de la región pélvica en general. En la mujer, además de la inflamación de los tejidos, se produce lubricación vaginal y en el hombre, la erección del pene, situaciones ambas que permitirán la penetración.

La fase de meseta, por su parte, está caracterizada por un grado mayor de excitación, en el cual se intensifica la tensión sexual y cuya duración depende de la efectividad del estímulo.

La fase de orgasmo se caracteriza por la liberación de la tensión sexual acumulada, a través de la contractura de musculatura lisa y estriada. En el varón, estas contracciones van acompañadas de la expulsión del líquido seminal y de pulsiones rítmicas de los distintos músculos perineales. Masters y Johnson (op. cit.) hablan de dos procesos consecutivos durante el orgasmo masculino: el primero, denominado la emisión (que ellos denominan la sensación de inminencia eyaculatoria), que es la preparación de los líquidos seminales a punto de ser expulsados. El segundo es la eyaculación, mediante el cual se expulsa en chorros rítmicos el semen. En la mujer, se contraen, también rítmicamente, la vagina, el útero y los músculos perineales.

La fase de resolución, que procede al orgasmo, corresponde al retorno de los órganos a un estado de no excitación, de distensión. Una diferencia entre la respuesta fisiológia entre hombres y mujeres se relaciona con la capacidad femenina de retomar la respuesta de excitación o de meseta luego del orgasmo y de volver a experimentar otro orgasmo en un corto período. Se habla, entonces, de la capacidad multiorgásmica del organismo femenino. El cuerpo masculino, en cambio, experimenta un período denominado refractario, que impide lograr nuevamente la erección hasta transcurrido cierto tiempo. En el caso de las mujeres, también puede suceder que después de un orgasmo muy intenso se produzca un período de refractariedad en el que el cuerpo necesita “reponerse” (pasar a la fase de resolución) antes de volver a la fase de excitación. Por supuesto, en todos los casos la respuesta individual varía dependiendo de cada persona.

Otro de los sistemas directamente involucrado en la actividad y respuesta sexual es el endocrino. La producción de hormonas define en gran medida el funcionamiento sexual. Hay hormonas producidas por el organismo de los machos que condicionan el mantenimiento de la actividad sexual.

Los andrógenos son hormonas que también regulan la actividad sexual (sobre todo la motivación) y son producidas también por el organismo femenino (en los ovarios y las glándulas suprarrenales). Desempeñan un papel fundamental en el mantenimiento de la motivación sexual para ambos sexos

Otras hormonas son típicamente femeninas, como los estrógenos, que determinan entre otras cosas la receptividad sexual en las hembras animales, durante el período de estro o celo, situación que no se ve limitada en hembras de mamíferos superiores como algunos primates y que alcanza su mayor grado de independencia en las mujeres.

Hay otras hormonas relacionadas con la sexualidad, como la prolactina, cuya hiperproducción en los varones suele venir acompañada de una disminución y el interés sexual. En las mujeres no existen indicadores tan claros de la incidencia fisiológica de su hiperproducción, aunque se señala que puede producir  sequedad vaginal y dispareunia (dolor durante el coito) como síntomas que acompañan a la amenorrea (falta de menstruación) producida por la presencia exagerada de esta hormona.

Por último, la oxitocina (hormona producida por la hipófisis) está asociada con la estimulación de las contracciones uterinas durante el parto, así como la producción de leche para la lactancia. Se ha descrito la presencia de altos valores de esta hormona durante la actividad sexual, y es durante el orgasmo cuando se alcanzan los máximos valores. Se la asocia con la estimulación de la conducta sexual.

Para comprender la compleja reacción humana ante los estímulos sexuales, entonces, es necesario tomar en cuenta no solamente la respuesta de los centros cerebrales estimuladores e inhibidores (tanto del placer como del dolor) sino también los procesos que trascienden lo biológico, anatómico y fisiológico, que se relacionan con lo emocional, psicológico, cognitivo y social.

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