HOY DIA es posible seguir el desarrollo y el crecimiento del feto
mediante una serie de exámenes, muchos de ellos de realización simple
y segura, que permiten hacer un seguimiento racional de cualquier embarazo.
Entre estos exámenes, los mas corrientes son la ecografía,
la amnioscopia, la fetoscopia y la cardiotocografía.
El control de la salud del feto en el embarazo normal se reduce a
pocas y simples comprobaciones realizadas durante el reconocimiento obstétrico.
MEDIOS DE CONTROL
El desarrollo regular del útero es una prueba del crecimiento del
feto, y un feto que crece bien en el tiempo es muy probablemente un feto
sano. A partir de la 12ª semana de gestación es posible comprobar el latido
cardiaco fetal mediante ultrasonidos, y a partir de la 25-30ª semana mediante
el estetoscopio. El latido cardiaco del feto es una prueba segura de vitalidad.
La existencia de movimientos fetales es también signo de buena salud;
la madre debería empezar a notarlos hacía la 18ª semana de gestación sí
es multípara (esto es, si ya ha tenido otros hijos) y hacia la 20-22ª
semana sí es primípara (es decir, sí no ha tenido antes ningún otro hijo).
La ausencia de movimientos durante un día entero o una reducción considerable
de los mismos es un índice de sufrimiento fetal.
Un examen al que toda las mujeres embarazadas deberían someterse,
incluso a falta de indicaciones especiales, es la ecografía. En efecto,
se ha demostrado que este examen puede poner de manifiesto tanto la normalidad
del feto como situaciones patológicas que de lo contrario difícilmente
serían diagnosticadas, como anomalías de inserción placentaria, diámetros
fetales no correspondientes a la época de embarazo o embarazo gemelar.
Gracias a la ecografía pueden además diagnosticarse
algunas malformaciones fetales.
El periodo más indicado para realizar la ecografía es de la 18ª a la 24ª semana de gestación.
En este periodo de tiempo la relación feto-liquido amniótico es la óptima
y el feto es bastante pequeño, por lo que puede ser fácilmente visualizado
y estudiado en su totalidad. Además, los parámetros de medición del feto
(diámetro de la cabeza, diámetro torácico, circunferencia abdominal) se
ven menos influidos en este periodo que en los siguientes por defectos
o excesos de desarrollo, por lo que es posible establecer con bastante
exactitud en qué momento de la gestación se encuentra la mujer. Si los
distintos parámetros maternos y fetales visualizados son normales, si
se detectan movimientos fetales y éstos son regulares y sí también la
ecografía es normal, no son necesarias más pruebas complementarias.
Unicamente si el parto no se produce en la fecha prevista, sino que
el embarazo se prolonga más tiempo (gestación fuera de término), es necesario
realizar en días alternos, empezando por la fecha prevista del parto,
una amnioscopia. Se introduce un tubo de metal por el cuello uterino y
se apoya sobre las membranas que envuelven al feto y, mediante un sistema
de iluminación, se observa el color del líquido amniótico. Si éste es
claro, significa que el feto está bien, si es de color (amarillo, verde),
significa que el feto ha emitido meconio, síntoma de sufrimiento fetal.
Se realiza dicho examen en los embarazos fuera de término porque en ellos
es más fácil que el feto sufra algún trastorno.
En algunos embarazos el feto presenta un mayor riesgo que en la población
general de sufrir ciertas anomalías cromosómicas, enfermedades metabólicas,
malformaciones o enfermedades hereditarias de la sangre (talasanemia).
En estos casos, entre la 16a y la 18a semana de
embarazo, se puede realizar una amniocentesis, de gran utilidad para el
diagnóstico del sexo del niño, de anomalías cromosómicas y de ciertos
defectos metabólicos.
Por cuanto respecta a los demás tipos de anomalías, excepto las visualizadas
mediante ecografía (espina bífida, hidrocefalia, enanismo, etc.), será
en cambio necesario llevar a cabo una fetoscopia, examen hoy por hoy realizable
en poquisímos centros. En el embarazo de riesgo, tanto por malas condiciones
maternas como por defectos de desarrollo del feto o de la placenta, las
pruebas de control deben ser mucho mas estrictas.
La placenta es un órgano no sólo con función de intercambio entre
la madre y el feto, sino también con una función hormonal. Las hormonas
placentarias clínicamente más importantes son la gonadotropina coriónica
(HCG) y la hormona lactogenoplacentaria (HPL). La HCG es una hormona de
aparición muy precoz, hasta tal punto que se emplea en el diagnóstico
de gestación. En la amenaza de aborto y en el aborto su valor hemático
disminuye hasta desaparecer si la gestación se interrumpe. No obstante,
dado que la negativización del test de embarazo puede producirse incluso
10-15 días después de la interrupción, la valoración de la HCG para diagnosticar
el aborto ha sido ya casi completamente sustituida por la ecografía, que
ofrece resultados inmediatos. Hacía la semana 15ª de gestación empieza
a ser valorable en sangre la HPL. Niveles normales de esta hormona son
indicativos de una buena funcionalidad placentaria y por tanto confirman
indirectamente el buen estado del feto.
En el embarazo de riesgo la ecografía desempeña también un papel fundamental.
La realización de ecografías seriadas con medición de los diámetros fetales
permite valorar el crecimiento fetal con mucha mayor exactitud que mediante
reconocimiento médico. Un crecimiento normal y regular en el tiempo es
indicativo de buen estado del feto.
Otro instrumento indispensable de diagnóstico es la cardiotocografía.
Sobre una tira de papel mílimetrado quedan registrados paralelamente dos
trazados, uno que corresponde al latido cardíaco fetal detectado mediante
ultrasonidos, y el otro a la presión que ejerce el útero contra un sensor
aplicado sobre el abdomen. Si el trazado es normal significa que el feto
está sano y reacciona normalmente a los estímulos (movimiento, contracciones).
La amnioscopia es una prueba de gran validez y de fácil ejecución.
En los embarazos patológicos se emplea junto con otros tests incluso antes
del final del embarazo. No obstante, dado que el riesgo de la amnioscopia
radica en la rotura de las membranas, se utiliza sólo a partir de la 36ª
semana.
El seguimiento de un embarazo de riesgo debe realizarse por tanto
en un hospital, recurriendo simultáneamente a pruebas hormonales, cardiotocográfícas,
ecográficas y amnioscópicas, aparte naturalmente de curar la eventual
enfermedad materna. Todos estos controles se realizan generalmente en
el tercer trimestre de gestación, momento en el que resultan evidentes
los trastornos fetales y en el que el resultado de los controles puede
orientar la intervención del tocólogo. Si dichos controles indican un
sufrimiento fetal o si las condiciones de salud de la madre ponen en peligro
la continuación del embarazo, se hace necesaria la cesárea. Generalmente,
para realizarla, se espera a la 34ª semana de gestación, cuando el feto
es ya lo suficientemente maduro como para tener buenas posibilidades de
supervivencia. Si por el contrarío las condiciones son tan graves que
posponer la intervención hasta la 34ª semana supondría la muerte del feto
o la precipitación de las condiciones maternas, se realizará la operación
incluso antes.