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El hombre de SagitarioNo lo digo por desalentarte, pero los hombres Sagitario tienen una costumbre extraña: montados en un gran caballo blanco, corren por las calles esgrimiendo una espada y defendiendo causas. Tienen también otra peculiaridad: andan dando tumbos como payasos en el circo, mezclándose indiscriminadamente con los elefantes y con la mujer barbuda y recogiendo alegremente grandes copos de azúcar de algodón. Ya desde ahora tienes una cosa a tu favor: son tantos los Sagitario que andan corriendo y dando tumbos por la vida, que tendrás muchos para elegir. Recuerda el estribillo de Víctor Herbert: <<Dadme algunos hombres de corazón intrépido, capaces de pelear en defensa de su fe; empezad por darme diez, de corazón intrépido, y pronto diez mil yo os daré>>. Pues así son las cosas. El entusiasmo idealista y la curiosidad de un hombre Sagitario son contagiosos. Claro que a veces esa inocente exuberancia puede desbocarse un poco. Es posible que te lance al aire en un momento de loca e impetuosa euforia... y se olvide de recogerte. La confianza es una gran cosa, pero confiar en quien no lo merece puede hacer lenta incluso una carrera de caballos. En el sentido estricto de la palabra, Sagitario no es un soñador; sus sueños están siempre sometidos al escrutinio de la lógica implacable y la curiosidad compulsiva de Júpiter, y si resisten la investigación a que se les somete, entonces es probable que resulten tan prácticos como estrafalarios, aunque el mundo no esté todavía maduro para ellos. Una vez ha llegado a la conclusión de que hay alguna esperanza de realizarlos, Sagitario saca su caja de colores y pinta sus sueños prácticos con la imaginación más vivida y desatada que se pueda imaginar. Pero siempre hay carcamales dispuestos a sofocar las ideas avanzadas y estrangularlas antes de que hayan tenido tiempo de demostrar lo que valen, y como todo el mundo sabe, los carcamales son muy numerosos. Claro que con una suerte así cualquiera es optimista. Aunque siempre hay algún día en que una piedra es una piedra y el papel de estaño es papel de estaño, el Sagitario típico se recupera rápidamente de golpes tan aplastantes. Algo muy semejante pasa con tu jupiteriano y el amor: tiene suerte. Y cuando no la tiene, se recupera con rapidez. Se muestra parcial en cuestiones de honradez, pero esa es su única parcialidad; por eso tiene tantos amigos y gente que le quiere bien. Dirige su mirada mas allá de la apariencia externa de las personas, en busca de un valor mas autentico e intrínseco. No es que no tenga enemigos; los tiene, pero muchos menos de los que pueden acumular otros signos solares. Es posible que quienes padecen el aguijonazo de su franqueza en el comentario le miren con odio y sientan deseos de estrangularle, pero por lo general acaban comprendiendo que su intención era inofensiva. El pecado del varón Sagitario es la falta de tacto y el atolondramiento, pero no la crueldad deliberada. Es posible que a estas alturas ya hayas descubierto que su manera de hablar es tan directa como su flecha simbólica. Es capaz de decir cosas horrorosas, y si estas enamorada de el, puede ser que salga de ello sin mayores problemas. Pero tienes todo el derecho del mundo a ofenderte si un Sagitario a quien acabas de conocer se te queda mirando francamente con sus ojos brillantes y despiertos, antes de comentar que eres exactamente el tipo de mujer que un hombre elegiría como querida. Cuando estés a punto de darle con algo en la cabeza, pondrá el gesto más inocente e infantil y te explicará con encantadora ingenuidad que lo que quería decir era que, sabes, en la Edad Media los reyes y los aristócratas hacían matrimonios de conveniencia. Entonces, claro, la esposa solía ser una criatura fea y sin gracia, por más sangre noble que tuviera. En cambio, la querida era hermosa y deslumbrante, el tipo de chica con la que ellos habrían querido casarse enamoradísimos, si hubieran imperado diferentes reglas. A él siempre le interesó ese período, de manera que ha estado leyendo mucho sobre el tema. Es posible que su explicación consiga calmarte, y hasta que te ufanes un poco. Además quedarás impresionada. ¿Cuantos hombres hay que se pasen las horas leyendo libros de historia sin obligación alguna? Quien sabe si no es un genio. ¡Imagínate, si podrías ser la esposa de un intelectual! Te equivocas, podrías ser la querida de un intelectual. Para el momento en que su inteligencia te haya dejado boquiabierta, ya no te darás cuenta de que si hubieras reaccionado bien ante su primera proposición –y no te confundas, que de eso se trataba– él no habría perdido el tiempo con su próxima jugada y tú serias una mujer caída. Claro que no todas las mujeres aceptarían tan rebuscada explicación para una evidente torpeza, pero no importa. Aunque sus victimas estallen indignadas, cuando la cólera se enfría, vuelven a ser grandes amigas de Sagitario. Que eso te sirva para comprender cuales son los peligros que te acechan con ese chiflado aparentemente inofensivo. Con su sonrisa cándida e ingenua, no recuerda en absoluto a un lobo; mas parece un boy scout. Pero en asuntos de amor no es un boy scout. Mas vale que lo tengas presente cuando te invite a salir de campamento. Volvamos a la cuestión de su honradez, que es un tema menos espinoso. Si una amarga experiencia te ha enseñado lo frágiles que pueden ser las promesas de amor eterno de otros hombres, apreciarás su franqueza. Ni te acobardarás siquiera cuando te cuente la cantidad de aventuras que ha tenido y lo que espera de ésta contigo, con toda claridad y lógica. Sagitario no ajustará a sabiendas un lazo legal con una mentira en el corazón o en los labios, pero de alguna manera puede complicarse en un flirteo que termine en una propuesta matrimonial (posiblemente de la muchacha, no de él), y tendrá que darse una gran carrera para escapar del altar. Como es un poco torpe, es posible que tropiece y que ella le alcance antes de que haya ido demasiado lejos. En ese caso, Sagitario lo volverá a pensar todo y decidirá ilógicamente que, si ella le atrajo en algún sentido –ya sea mental o físico, no importa cual–, terminara por atraerle en todos los demás. Entonces accederá, se casara y así habrán quedado sembradas las semillas de un nuevo divorcio de Sagitario. Aparentemente, su capacidad de razonamiento (normalmente confiable) le abandona cuando ha picado el anzuelo romántico. Si eres una chica despierta, que usa la cabeza para algo más que para meterla debajo del secador –y mas vale que lo seas, porque los hombres de este signo valoran la inteligencia en una mujer–, a esta altura ya lo habrás entendido. No seas celosa, no seas desconfiada. Dale mucha, mucha cuerda si quieres terminar por colgarlo. No le hagas preguntas ni llores ni le acoses ni le amenaces con dejarle. Ahógale con la libertad; imagínate lo grato que puede ser eso para él. Si te tomas la vida con el mismo ánimo con que se la toma él, y a la gente tal como es, reúnes los requisitos básicos para ser la mujer–esposa que él necesita. Mientras seáis básicamente sinceros el uno con el otro, remontar cometas juntos puede ser la gran diversión. ¿A que preocuparse porque alguna vez caerán al suelo? Si están tan hermosas y libres, balanceándose allá en lo alto. No, a este hombre no tienes que darle todo lo que él quiera para conquistarle. Limítate a ser lo que él quiere. Se vivaz y despierta, pero deja que él dirija y domine tus energías. Disfruta con los deportes. Sal de campamento con él, pero haz que te acompañe tu San Bernardo. Muéstrate generosa, afectuosa, entusiasta, y no intentes mantenerle todas las noches encerrado en la despensa, haciendo cremas. Y deja bien en claro que tampoco él puede reclamar la exclusividad sobre ti. Hazle saber que tú eres un espíritu libre, tanto como él. Jamás eches agua fría sobre el entusiasmo con que abraza sus ideas descabelladas, y ocúpate tú de otras cosas mientras él anda por ahí disparando flechas a blancos imposibles. De esa manera, llegará una maravillosa noche en que te diga sinceramente que tú eres más o menos todo lo que él esperaba en una mujer. Una vez haya llegado a ese punto, dile con la misma franqueza que tú tampoco tienes nada que objetarle, pero que es hora de tomar una decisión. Explícale que él te gusta tanto que hasta pensarías en casarte con él, siempre que te prometiera no interferir con tu libertad. Si no es así, realmente ya no tienes más tiempo para seguir saliendo con él. Es una lástima, ya que os entendéis tan bien, pero siempre has tenido curiosidad por saber que tal era eso de tener hijos; la maternidad es una cometa que también te gustaría remontar. Tenlo todo preparado para que un antiguo amor te llame justo en mitad de tu discurso. Arregla un encuentro como sin darle importancia, en presencia de tu Arquero y, cuando cuelgues, sonríele con tu mejor sonrisa y comenta que no hay razón para que no podáis seguir siendo buenos amigos. Después, invítale a que salga con vosotros, para que no tenga que quedarse solo por ahí. Con eso será suficiente. (¡No hay de qué!) Cuando os hayáis casado, es probable que no tengas problemas con tu familia política. A muchos Sagitario les importan un bledo los vínculos familiares. No aceptan la teoría de que hay que amar a los consanguíneos, a menos que se lo merezcan. Mantén siempre una maleta preparada, que tendrás que hacer muchos viajes. Y tendrás que seguir llevando al San Bernardo cuando vayáis de campamento, no ya como perro guardián sino porque a tu flamante marido le encantan los animales. (Explícale al chucho que ahora ya no es necesario que monte guardia ante la cremallera de la tienda.) Mantente siempre ocupada y déjale salir solo todas las noches que quiera, sin poner nunca en duda su fidelidad amorosa. Cuando se enoja, el Arquero es capaz de echar una puerta abajo o de agujerear de un golpe una pared; no hace más que soltar presión, pero complica las cosas, porque ¿cuántas veces puedes estar llamando a los albañiles? Es mucho más fácil para todo el mundo si empiezas por no acusarle nunca de falta de integridad. Cuando haga algo malo, es casi seguro que te lo contara, y esa situación ya será bastante difícil de afrontar, para que te andes preocupando por cosas imaginarías. Prepárate para enfrentar su franqueza, por si ese mañana llega alguna vez, y prepárate para saber que todavía te ama, en vez de perseguir hoy falsos rumores. Respecto de las emociones humanas, se tan practica como él; te sorprenderás de la fuerza con que puede arraigar el amor en ese ambiente de sinceridad. La verdad tiene el poder de reforzar la permanencia de una relación. Tendrás que dedicar algunas horas al papel de mujercita de su casa. Como le encantan los deportes, esperará probablemente que veas todos los grandes partidos por televisión junto con él, pero también te llevará a sus múltiples actividades sociales, si eres bonita y divertida y si te gusta la gente. Sagitario no aguanta a las mujeres lánguidas y pegajosas, sin capacidad de contacto social. Se enorgullecerá de cualquier talento que tengas, de manera que esfuérzate por tener alguno. Lee muchísimos libros y prepárate para defender alguna de sus causas, especialmente las causas perdidas. Disfrutará más con los niños cuando sean mayores, pero los bebés y los muy pequeñitos pueden desconcertarle un poco. A los papás Sagitario les encanta, generalmente, salir con su progenie a dar paseos al aire libre. Es posible que se sienta más próximo a los varones y que comparta sus deportes y otras actividades, pero con las niñas será tierno y afectuoso; encontrarán en él más bien un camarada que una imagen paterna. A medida que crezcan se irán acercando más a él. De vez en cuando, su franqueza puede molestarles, cuando necesiten intimidad; los niños son celosos de sus secretos, y las curiosas indagaciones de Sagitario, amén de sus observaciones nada recatadas, pueden llegar a herir sus sentimientos. Las escapadas juveniles serán para el motivo de diversión más que de enojo, pero esa misma tolerancia les marcara un límite; es probable que sea estricto únicamente si le dicen mentiras. Será una de las pocas ocasiones en que le vean disgustado. No le desatiendas por los pequeños; cuando te llame para remontar con él alguna cometa, deja los imperdibles y los polvos de talco, llama a una canguro (que no sea tu madre) y ve con él. |
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