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RECOMENDACIONES PARA LOS RECEPTORES A DISTANCIA DE REIKI
A pesar de que el Reiki no está sujeto a las condiciones materiales de
espacio-tiempo, pues pertenece al nivel supremo de la Consciencia, de todas
formas podemos aprovechar mejor el descenso de su Actividad sobre la estructura
del yo personal del receptor, invitándole a ser consciente y estar en una actitud
relajada, es decir, procurando una explícita armonización por su parte con el
hecho del tratamiento.
A este fin, cuando el tratamiento a distancia sea acordado con el receptor,
podemos establecer el momento del día en que vamos a realizarlo, para que el
receptor entre en un estado de tranquilo descanso y apertura interior.
Si esto
no es posible, procuraremos advertir a nuestro receptor para que alrededor del
tiempo en que emitamos la ayuda Reiki, tome una actitud positiva y emocionalmente
armoniosa, sin necesidad de que interrumpa sus actividades.
En último caso, si el receptor es desconocedor de nuestro tratamiento, el Reiki
acude igualmente a su cuerpo causal superior, y el descenso transformador sucederá
según la Inteligencia divina directora o Yo Soy del individuo determine en consecuencia.
La ventaja de estar conscientes y al caso del tratamiento es que la mente personal
puede establecer contacto con su propia esencia Yo Soy, a la vez que esta abre
la puerta desde arriba.
De esta manera los efectos pueden ser mas inmediatos.
También es posible programar el Reiki para que actúe en determinado momento
del futuro. Es decir, el sanador lo emite en el presente, pero declara que este
Reiki se mantenga en el campo causal del individuo o circunstancia para descender
activamente sobre el cuerpo o los hechos a partir de un instante determinado.
Así uno puede programar Reiki para ser recibido por sí mismo, en previsión de
una ocasión especial que uno ha de atravesar. No importa que no sepamos el exacto
momento en que el Reiki habrá de actualizarse, con tal que asociemos la activación
Reiki al hecho específico.

LA ACTITUD DEL SANADOR REIKI-II Y SU RESPONSABILIDAD
COMO PORTADOR DE LA LUZ
Con cada grado de Reiki al que somos iniciados, aumenta nuestra responsabilidad,
puesto que aumenta nuestro poder.
Si el sanador Reiki-I era un Servidor de la Luz, esta actitud de entrega, de
sencillez, de don altruísta... no debe desaparecer con el grado siguiente. Simplemente
aumentan las facultades y uno, ademas de servidor, es Portador de la Luz.
Hasta ese momento el adepto Reiki llamaba a la Conciencia/Energía, la cual se
manifestaría impersonalmente.
A partir de ahora, con el Reiki psíquico, el practicante se sienta en la cabina
de pilotaje, en el centro de mando del sistema lumínico sanador...
La generosa Sabiduría cósmica le deja, como a un niño sentado en la falda de
su abuelo, conducir la poderosa energía, tomar el volante, guiar el vehículo...
aunque con una fuerte presencia protectora en lo invisible.
Por eso se puede bromear diciendo que el reikista de segundo grado es un "transportista",
alguien que se dedica a pasar un bien precioso de una dimensión a otra...
Como dueño del vehículo y conocedor del camino, intérprete de todas las señales
como conductor licenciado, él sabra mejor qué ruta tomar, con tal de alcanzar
su objetivo, vincular a su receptor con la Luz y con las especiales claves de
su evolución o sanación.
El sanador Reiki-II tiene la responsabilidad, entonces, de sacarse ese "carnet
de conducir" la Luz, a base de trabajo interior, de desarrollo de su propia
inteligencia intuitiva. Pero sin olvidar que está sirviendo, y que aquello que
está facilitando no pertenece a su ego sino al propio Universo, en el que por
supuesto esta incluído.
La tarea del reikista-II es trabajar su propia sensibilidad y sensitividad,
fortalecer su mente para proyectar la energía y el comando de su visión interior,
y purificar su alma para reflejar nítidamente la claridad del ser espiritual,
el Todo-Bien que es el auténtico fundamento de todas las cosas.
Recibir el diploma como sanador Reiki-II es solamente ser acreditado como receptor
del conocimiento del método en este nivel.
No implica ser reconocido como el hábil y amoroso sanador que la práctica y
nuestro propio propósito aplicado a la autoevolución nos podrá traer en el futuro.
Cada grado Reiki es el principio de lo que conlleva, no el fin.
Un inicio especialmente cualificado porque en los alineamientos obra una Gracia
espiritual, el poder y la bendición de un linaje de maestros...
Por tanto, una semilla preciosa que permitirá el despliegue de enormes facultades
benefactoras.

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