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LA EDUCACIÓN SEXUAL EN LOS CENTROS EDUCATIVOS

La educación sexual en la LOGSE

Un estudio realizado recientemente en la Comunidad Autónoma de Madrid definía el centro educativo como el lugar que los jóvenes encuestados preferían para recibir educación sexual. La escuela, el instituto son lugares de aprendizaje en su más amplio sentido. En los centros educativos no sólo se adquieren conocimientos y capacidades para enfrentarse a la vida profesional. A la vez que los alumnos y alumnas van adquiriendo este tipo de destrezas y conocimientos, van aprendiendo a convivir y a comprenderse a sí mismos y al mundo que les rodea.

Como espacio de socialización, como lugar de preparación para la vida adulta, el centro escolar cumple, junto con la familia, un papel fundamental en nuestra sociedad. En las aulas, los pasillos y los tiempos de recreo, los niños y las niñas van desarrollándose como personas y se educan, muchas veces al margen de programas y planes de estudio.

El conocimiento sobre la sexualidad en la infancia y la adolescencia se nutre de forma importante de las experiencias y comentarios acaecidos en la escuela, tanto a través de los adultos como de sus compañeros/as de estudio. Esta realidad ha sido, hasta hace poco tiempo, olvidada por la mayor parte de las personas que ejercían la función docente y aquellas que tenían diversas responsabilidades en nuestro sistema educativo.

Solo desde las dos últimas décadas algunos docentes entendieron que la educación sexual era un elemento intrínseco más de sus funciones de enseñantes y comenzaron a incluir la sexualidad entre los contenidos que abordaban en las aulas. En la actualidad, la Reforma Educativa que se está desarrollando en nuestro país incluye la educación sexual como un aspecto educativo más a desarrollar en los centros.

La LOGSE contempla la Educación Sexual dentro de las denominadas materias transversales. Concretamente como uno de los contenidos de la Educación para la Salud. Recordemos aquí que la Organización Mundial de la Salud define la salud como "un completo estado de bienestar físico, mental y social que no consiste únicamente en ausencia de enfermedad". La Educación Sexual es una parte de la Educación Para la Salud como también lo son la prevención de drogodependencias, la educación sobre salud mental, buco-dental, etc.

Los temas transversales se denominan de esta manera porque se pretende que no configuren una materia más a impartir en el aula sino que deben desarrollarse "transversalmente" a lo largo de todas las etapas del proceso de enseñanza, inundando las demás áreas del currículum o enseñanzas que se programan y desarrollan curso a curso.

Dicho de otra manera, no se trata de instaurar una nueva asignatura en los planes de estudio que se denomine Educación Sexual, sino de desarrollar en materias como las ciencias sociales, lengua o literatura, ciencias naturales, etc., contenidos y actividades sobre sexualidad. Además se trata de que estas actividades de educación sexual se desarrollen a lo largo de todo el proceso educativo y no de que se concentren en un momento o curso determinado.

Para ello el Ministerio de Educación ha elaborado unos materiales incluidos en las denominadas "Cajas Rojas" en los que se incluyen directrices generales y unas orientaciones didácticas. No se trata de un programa cerrado dirigido a su realización sistemática en los centros.

Una vez aclarado el lugar que ocupa la Educación Sexual dentro de la Reforma, tocaremos otros dos aspectos de la LOGSE que inciden directamente en la materialización concreta de este tema transversal en los centros educativos: el constructivismo y la autonomía pedagógica.

Aunque han sido en algunos casos entendidos como una moda, los planteamientos psicológicos y pedagógicos por los que ha apostado la LOGSE van mucho más allá y persiguen obtener el máximo provecho a la situación de enseñanza-aprendizaje que se da en las escuelas. Desde hace algunas décadas, las investigaciones sobre cómo se realiza el aprendizaje humano han sacado a la luz que todas las personas, cuando aprendemos algo nuevo, hacemos uso de nuestros conocimientos anteriores y contamos con nuestras experiencias, afectos y motivaciones previas para abordar lo que se nos presenta como nuevo. En otras palabras: nunca se aprende partiendo desde cero sino desde una base amplia de conocimientos y experiencias anteriores. El conocimiento se construye.

El modelo constructivista parte de estos supuestos y propugna que el proceso de enseñanza-aprendizaje debe comenzar explorando los conocimientos, las experiencias, las expectativas y las motivaciones del alumnado. Partiendo de esta base se conseguirá que los aprendizajes de los alumnos/as resulten significativos. Si este modelo general lo aplicamos a la Educación Sexual, tendremos claro que sólo si somos capaces de acercarnos a las realidades de los niños, niñas y adolescentes podremos realizar una adecuada Educación Sexual.

A lo largo de estos Materiales para la Formación y el Debate hemos hablado ya de ello, pero no está de más insistir sobre la importancia de adaptar la información y la educación sobre sexualidad a las necesidades y demandas del alumnado. Si nos olvidamos de las necesidades de los niños y las niñas, puede que los adultos nos quedemos algo más tranquilos pero es dudoso que hayamos cumplido una función educadora.

El otro aspecto de orden general de la Reforma que afecta a la forma en que se realice la educación sexual es la denominada autonomía docente de los centros. Esto significa que en cada centro la comunidad educativa deberá disponer de más libertad a la hora de desarrollar las actividades educativas en función de sus intereses y recursos y también de las necesidades, motivaciones y capacidades del alumnado.

En la actualidad existe un buen número de programas de Educación Sexual disponibles para realizarse en centros educativos. Cada uno, con sus características concretas, posee una serie de inconvenientes y de ventajas. Depende de cada Comunidad Educativa optar por desarrollar aquel que mejor se adecue a su realidad concreta o bien decidirse por no enmarcarse en ningún programa cerrado y asumir la aventura de investigar sobre su acción educativa.

Con respecto a las características del alumnado y del entorno donde vive ocurre otro tanto. No podemos realizar las mismas actividades de Educación Sexual en zonas donde existen unas cifras elevadas de embarazos no deseados entre adolescentes que en otras en las que este fenómeno no existe y los alumnos tienen un conocimiento sólido de fisiología de la sexualidad. En el primer caso habría que centrar especialmente la atención en luchar contra ese tipo de embarazos, mientras que en el segundo sería bastante probable que el alumnado deseara profundizar en los aspectos de comunicación y de desarrollo personal que la sexualidad implica. La autonomía docente en los centros implica en el tema que nos ocupa que la Educación Sexual debe realizarse desde cada uno de los centros en función de los intereses, las necesidades, los recursos, el compromiso y la voluntad de todos los sectores que componen la Comunidad Educativa.

La educación sexual en los centros

Como cualquier otra actividad educativa, los programas o curricula de Educación Sexual precisan de un primer momento de reflexión y proyecto en el que valorar la oportunidad y alcance de nuestras acciones. En unas condiciones óptimas, la maduración de un proyecto de Educación Sexual debe pasar por conocer y tratar de consensuar los planteamientos y valores de toda la Comunidad Educativa y el lugar más idóneo para ello es el Consejo Escolar. La Comunidad Educativa: alumnado, padres y madres y profesorado, debe definir y discutir abiertamente sus posturas en intereses ante la Educación Sexual.

Desde la perspectiva del alumnado, todos los estudios existentes coinciden en definir la buena receptividad que los chicos y chicas tienen ante la Educación Sexual. Esto no quiere decir que cualquier información que se les dé es buena o la mejor.

Un error frecuente, tanto en la educación sexual dentro de la familia como en la escuela, es considerar que los contenidos que nos interesan a nosotros, los adultos, son los mismos que preocupan a los chicos y las chicas. La mejor medida para evitar realizar actividades poco interesantes para los chavales es preguntarles directamente. Las encuestas son un medio eficaz que resulta accesible en los centros escolares.

Otra cuestión de importancia referida a los alumnos/as es la de potenciar su participación a lo largo de todo el proceso de programación y desarrollo de actividades de Educación Sexual. Si bien se trata de un criterio educativo general, es una cuestión esencial para cumplir los objetivos de una educación sexual de calidad, no relegar al papel de mero receptor de información a los alumnos y alumnas, sino convertirlos en agentes activos de su propia educación. Para conseguir esta meta es preciso que el alumnado intervenga en la toma de decisiones con respecto a los contenidos, la forma y los momentos en los que se realice la Educación Sexual. También es importante que metodológicamente se utilicen técnicas participativas que faciliten no sólo la absorción de información sino también el intercambio de vivencias y experiencias junto a la maduración en grupo. Así, dejando hablar a los alumnos y alumnas, podremos saber constantemente cuáles son sus ideas previas, sus informaciones erróneas y sus demandas inmediatas.

Con respecto al profesorado, son dos las cuestiones que van a pesar en su actuación sobre la educación sexual: motivación y formación. La motivación de los profesores y profesoras ante este tema es determinante en su posición ante la Educación Sexual. Al igual que los padres/madres, de quienes hablaremos en el siguiente epígrafe, el profesorado parte de sus actitudes y motivaciones ante la sexualidad para abordar en el centro este tema. Con una actitud abierta y flexible ante la sexualidad, podemos encontrar educadores que pueden desarrollar en el futuro actividades de Educación Sexual de gran calidad. Ahora, si nos encontramos con personas con actitudes contrarias a tratar la sexualidad en la escuela o simplemente carentes de motivación para hacerlo, poca será la posibilidad de incluirlas en programas de Educación Sexual.

Con respecto a la formación es aconsejable que antes o de forma paralela a la realización de actividades para los chicos y chicas, el profesorado realice actividades propias de formación. En nuestro país aún no existe una titulación universitaria específica de Sexología pero son numerosas las Universidades que realizan cursos sobre este tema. Además diversas asociaciones e instituciones públicas realizan actividades de formación. Dentro de nuestro sistema educativo las dos opciones más frecuentes son, bien realizar cursos en los CEPs, bien contar con un asesor externo al centro que colabora en la formación de los profesores sobre Educación Sexual.

Lo que pretendemos destacar en estas páginas es que siendo como es, cosa de todos, la Educación Sexual debe plantearse en los centros de forma abierta, permitiendo la expresión de las opiniones e intenciones de todos los interesados. Es en el Consejo Escolar, órgano rector de la vida de los centros educativos, donde debe valorarse la necesidad de abordar la Educación Sexual en el centro de forma participativa y la manera más adecuada de llevarla a cabo.

Esto no supone solo la pertinencia de incluir la Educación Sexual en un punto del orden del día de una convocatoria del Consejo Escolar de Centro, sino que su desarrollo lleva implícitas una serie de acciones concretas como potenciar o crear la comisión de salud escolar o incluir respectivamente en el Proyecto Educativo de Centro y la Programación General Anual, directrices generales y actividades concretas que orienten y materialicen la Educación Sexual en el centro.

La Comisión de Salud Escolar es un equipo de trabajo que tiene como objetivo dinamizar las actividades relacionadas con la Educación para la Salud de un centro educativo. Está compuesta por representantes del profesorado, padres y madres y alumnos/as y debe tener una relación abierta y constante con los recursos socio-sanitarios de la zona. Una de sus primeras tareas puede ser el estudio de las necesidades y las posibilidades para realizar actividades de Educación Sexual. Posteriormente este estudio podría ser discutido por el Consejo Escolar en pleno. Otras funciones de la comisión son: proponer actividades concretas, coordinar el trabajo de los distintos departamentos y los trabajos realizados por la APA y la Asociaciones de Alumnos, contactar con el CEP, asesores externos y otros recursos de la zona, etc.

Otra dimensión concreta de abordar la Educación Sexual desde el Consejo Escolar pasa por incluir en el Proyecto Educativo de Centro la atención específica que la Comunidad Educativa otorga a la Educación Sexual, con lo que ello conlleva de discusión y búsqueda de consenso, plasmando en este documento el compromiso firme de trabajar en el tema. Para que esto resulte útil es preciso que exista una conciencia y una intención de que el PEC no sea unas simples páginas de corte burocrático sino que sea entendido como un proceso de análisis y discusión donde todos los componentes de la comunidad educativa puedan plasmar de forma consensuada los principios educativos por los que desean que el centro se rija.

Por último, considerar la Educación Sexual desde el Consejo Escolar implica introducir de forma explícita en la Programación General Anual las actividades que se vayan a realizar sobre Educación Sexual, tanto las desarrolladas en las aulas como aquellas previstas por el profesorado como formación o trabajo en equipos o en su departamento, las realizadas por la APA para alumnos/as y/o padres y madres, como las planteadas por la Asociación de Alumnos.

La propuesta de realizar la Educación Sexual basándonos en todos los sectores que componen la Comunidad Educativa resulta, tanto en este caso como en los demás ámbitos educativos escolares, una cuestión que va más allá de cualquier planteamiento voluntarista. Sólo teniendo en cuenta los intereses, voluntades y necesidades del alumnado, los padres y madres y el profesorado, podremos realizar Educación Sexual de una manera correcta.

Podríamos decir que dado el estado actual de la Educación Sexual, cuando en una gran cantidad de centros no se está realizando, cualquier iniciativa puede resultar de utilidad aunque esto no signifique que todo valga. Las actividades más simples como la realización de una charla o la distribución de un simple folleto, han de estar guiadas por criterios de rigor y objetividad en sus contenidos. En Educación Sexual, la información sesgada o incompleta puede generar problemas inmediatos.

Otro eje esencial para la realización correcta de actividades de Educación Sexual es el respeto ante la pluralidad de opiniones. En una cuestión vital tan cargada de tintes ideológicos como la sexualidad, no podemos caer nunca en el error de pretender imponer una postura a otras personas cuando resulta evidente que las decisiones personales en este campo están definidas por criterios subjetivos y situaciones concretas. Nuestro papel como educadores -padres/madres o profesorado- pasa por dar información y educación para facilitar la toma de decisiones de los alumnos. Nunca por pretender decidir por ellos.

Una situación extrema en la generación de opiniones ante la sexualidad es la de determinados fundamentalismos de todo signo que pretenden imponer a los chavales sus criterios sobre la sexualidad esgrimiendo que solo son válidos y aceptables los planteamientos que ellos proponen, lanzándose como cruzados contra cualquier idea y opción distinta a la suya.

Salvando estas situaciones de manipulación y sesgo, podemos realizar muchas actuaciones positivas en Educación Sexual. Desde una charla puntual a un programa donde participen todas las personas del centro. Todo esto vale aunque evidentemente no tiene el mismo valor. A continuación recogemos resumidamente las diversas variables a contemplar para realizar Educación Sexual de la manera más útil para los alumnos y alumnas de un centro educativo:

  • Contar con el apoyo y la participación de toda la comunidad educativa.
  • Incluir los planteamientos generales en el Proyecto Educativo de Centro.
  • Explicitar las actividades a realizar en la Programación General Anual.
  • Realizar actividades paralelas entre padres/madres, profesorado y alumnado.
  • Partir de la realidad concreta de los alumnos/as y de su entorno.
  • Contar y colaborar con los recursos socio-sanitarios habituales (centros de atención primaria, de planificación familiar, etc.).
  • Realizar las actuaciones educativas directamente a través de los "educadores naturales": padres/madres y profesorado.
  • Desarrollar la mayor parte de las actuaciones del centro en el aula, dentro de la programación ordinaria.
  • Didácticamente, utilizar como instrumento básico las metodologías participativas.
  • Manejar el trabajo en grupo como herramienta educativa, fomentando el análisis y aprendizaje de conocimientos, valores y actitudes.
  • Contar con un experto, como asesor externo al centro, que colabore tanto en la programación como ante las dudas surgidas con las actividades.
  • Desarrollar una Escuela de Padres/madres complementaria a las actividades de los chicos y chicas.
  • Presidir toda actuación por el respeto. Se trata de enseñar a elegir a los chavales su sexualidad y no de elegir por ellos.

Como resulta evidente, cumplir todos los requisitos del cuadro resulta una tarea bastante complicada. Si esperásemos a cubrirlos todos, probablemente nunca podríamos comenzar a realizar Educación Sexual. A pesar de su dificultad intrínseca, creemos que todos los puntos expuestos son de gran importancia para abordar adecuadamente la educación sexual en centros escolares. Quizás su mayor utilidad pase por tenerlos presentes cuando realicemos cualquier actividad o programación pero nunca impedir su puesta en práctica por no cumplir alguno de los requisitos. Se trata más de objetivos a cubrir y de los que es conveniente no olvidarse que de parámetros inamovibles para realizar Educación Sexual.

Es importante tener en cuenta que se empieza a educar sobre sexualidad en un centro cuando existen una o dos personas interesadas en hacerlo. Uno o dos profesores o padres/madres de la APA son suficientes para poner en marcha un programa sobre sexualidad. Siempre faltarán recursos, tiempo y personas implicadas, pero pocas cosas son tan insustituibles como la voluntad en educación. Como padres y madres a título individual o como representantes en la APA debemos apoyar decididamente los esfuerzos de esas personas para conseguir una educación integral de nuestros hijos e hijas. Estas personas, en la mayoría de las ocasiones son el motor del cambio hacia delante de nuestro sistema educativo y las bases para toda renovación futura.

Los padres/madres y la educación sexual

Como padres y madres, evidentemente tenemos mucho que decir y que hacer ante la Educación Sexual de nuestros hijos e hijas. Como tutores y responsables morales de ellos tenemos el derecho y la obligación de intervenir sobre este aspecto de la vida de los chavales y chavalas, sobre el que existe una gran desproporción entre la poca atención que se le presta y la enorme importancia que tiene como componente esencial de la vida de las personas.

Ya hemos comentado en alguna parte de estos Materiales para la Formación y el Debate que la realidad social ha cambiado enormemente en las últimas décadas ante la percepción y la educación de la sexualidad. No obstante puede ser oportuno recordar que no hace mucho tiempo, tratar este tema era algo imposible para muchas personas "educadas" y en muchas "familias decentes". Imperativos morales y religiosos caían como una losa sobre cualquier duda o amago de conversación.

Todo esto tiene unas consecuencias inmediatas sobre nuestro presente y el de nuestros hijos e hijas. Muchas de las personas de las que ahora leéis estos Materiales para Formación y el Debate conocéis directamente estas circunstancias y habéis vivido en vuestras propias carnes este modelo represivo y negador de la sexualidad. Aunque de niños/as y adolescentes lo hayáis podido vivir así en algún momento, la ausencia de comentarios o el silencio a vuestras preguntas infantiles no eran consecuencia del deseo de vuestros educadores -padres/madres o maestros- sino de las coordenadas de una realidad social de la que también ellos eran víctimas.

De la misma manera, hoy en día no es demasiado difícil encontrar padres y madres de treinta y cuarenta años que enfrentan con pudor y cierta vergüenza tratar cuestiones referidas a la sexualidad con sus hijos e hijas, víctimas también de sus circunstancias. Ante situaciones como estas nos movemos en una clara alternativa. O nosotros, padres y madres, somos capaces de alterar nuestros esquemas profundizando conocimientos y variando nuestras actitudes o bien, sin cambiar nosotros, tampoco cambiará la educación sexual de nuestros hijos e hijas, quienes, a través de lo que digamos y callemos, reproducirán nuestros temores, dudas y frustraciones.

En ocasiones resulta duro contemplar cómo determinados programas de educación sexual en centros educativos concretos son parados en seco por un grupo de padres y madres. Habitualmente hay un error de partida en el planteamiento: no se ha tenido en cuenta la opinión de los padres y madres del centro con antelación. Igualmente cierto es que por debajo de los argumentos esgrimidos por los padres/madres que desean la paralización de las actividades de Educación Sexual, se encuentra entre otras razones, su propio desconcierto e inhibición ante este tema.

Ya hemos planteado anteriormente la necesidad de que cualquier programa de educación sexual debe ser primeramente analizado y discutido por todos los interesados: todos los integrantes de la Comunidad Educativa deben tener la oportunidad de expresar sus opiniones y contrastarlas con los demás. La razón básica para ello, además de evitar incidentes afortunadamente no generalizados como los mencionados, es partir de planteamientos y objetivos comunes, además de realizar tareas complementarias en la educación sexual de nuestros hijos e hijas.

Los niños/as y adolescentes tienen continuamente a sus padres y madres y a sus profesores como modelos de persona adulta y como fuentes continuas de información. Es importante que los padres y madres y el profesorado seamos capaces de unificar criterios y responder de una manera homogénea ante las dudas y las demandas de los chavales. Las informaciones contradictorias restan veracidad entre sí y tiene poco sentido que nuestras actuaciones ante la sexualidad de nuestros hijos e hijas acaben en batallas campales.

Como padres y madres tenemos dos caminos abiertos para abordar la Educación Sexual de nuestros hijos e hijas. En primer lugar, dentro de la familia, somos personas significativas para ellos y podemos actuar continuamente de forma educativa. Para ello sólo es necesario discutir con nuestra pareja un plan de acción y ponerlo en marcha.

El otro espacio donde los padres y madres podemos actuar en la Educación Sexual de nuestros hijos e hijas es en su centro educativo. No solo dando nuestras opiniones sino también trabajando. Un marco inigualable para ello nos lo brinda nuestra APA.

Desde la APA podemos establecer un puente entre esas dos realidades educativas -la familia y la escuela- en las que los padres y madres nos movemos. A través de nuestra Asociación de Padres y Madres podemos mejorar nuestras acciones en la Educación Sexual de nuestros hijos e hijas en varios sentidos.

Si bien dentro de nuestros hogares nuestra función de educadores sobre sexualidad es una tarea que sólo nosotros podemos desempeñar, en el centro educativo las acciones individuales son en general de poca utilidad. En cambio desde nuestra Asociación de padres/madres podemos realizar una labor insustituible hacia nosotros mismos y hacia nuestros hijos e hijas.

Desde el APA podemos, trabajando de forma colectiva, participar en el diseño y la elaboración de programas de Educación Sexual, expresando nuestras opiniones y aportando nuestras ideas, participando en las actividades complementarias que se realicen para los alumnos y desarrollando actividades para los padres y madres. Una pieza clave para nuestra intervención en la Educación Sexual de nuestros hijos e hijas pasa por contar en nuestro centro con una Escuela de Padres/Madres dedicada a este tema.

Disponer de un espacio así significa poder encontrarnos con otros padres y madres para conocer distintas experiencias y puntos de vista, discutir nuestros problemas y nuestras dudas con personas que han vivido experiencias similares, recibir información y opiniones de expertos que nos asesoren ante determinadas dudas.

A través de nuestra propia formación activa vamos a poder mejorar nuestra capacidad para educar sobre sexualidad a nuestros hijos e hijas, tanto en el entorno familiar como en el escolar. Conseguiremos no sólo movernos con más comodidad en el terreno de la Educación Sexual sino también ajustar y actualizar nuestros conocimientos y opiniones, imprimiendo mayor rigor a nuestras acciones.

En ocasiones resulta muy enriquecedor, cuando en un centro se realizan actividades de Educación Sexual para los alumnos, los padres y madres y el profesorado de forma separada, organizar alguna sesión conjunta en la que participen personas de los tres sectores o al menos de dos de ellos. Si se consigue dar cierta comodidad y confianza a los asistentes a estos actos, es frecuente que se lleven alguna sorpresa. Muchas veces no acertamos cuando tratamos de adivinar qué opinan los otros.

A continuación vamos a presentaros distintos modelos de actividades que pueden resultar de utilidad a la hora de poner en marcha programas de Educación Sexual en vuestro centro.

Los siguientes modelos de actuación no son tanto actividades concretas como sugerencias que si os resultan de interés pueden seros útiles tanto para realizar Escuelas de padres y madres como para desarrollar actividades dirigidas a los chavales. Su pertinencia dependerá de que el modelo escogido sirva para llenar un vacío de información o para sacar a la luz algún tema que resulte interesante a los asistentes y genere opinión y diálogo.

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