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EL DESARROLLO PSICOSEXUAL

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Ya hemos comentado anteriormente una cuestión obvia: la sexualidad es una realidad compleja. Esta complejidad se refiere por un lado en que la sexualidad humana se ve condicionada por un elevado número de factores y por otro que ha de entenderse como un elemento más de las características de la persona que está íntimamente relacionada con las demás.

Así cuestiones como expresividad de los afectos, la confianza, la autoestima, el respeto por los demás, la forma de manejar la ansiedad ante distintas situaciones, etc., son cuestiones ligadas íntimamente a la sexualidad de cualquier persona y su desarrollo.
Por esta razón, en el breve repaso que realizaremos a continuación sobre los distintos momentos de la sexualidad, revisaremos algunas cuestiones que sólo en apariencia pueden aparecer no vinculadas a la sexualidad.

Nacimiento y vinculación

Cada momento de la vida, tanto por el proceso evolutivo de las personas como por las circunstancias externas que rodean a cada individuo, tiene una expresión distinta en cuanto al ámbito de la sexualidad.
Esto es así desde el nacimiento. En los primeros momentos y meses de la vida de una persona la realidad de su existencia la componen aspectos puramente sensoriales. La única realidad que un bebé percibe es la resultante del cúmulo de sensaciones que experimenta.
Si retomáramos una postura adulta ante esto, podríamos considerar que la vida, en los primeros meses, es pura sexualidad.
Esto probablemente sea cierto aunque debamos aclarar que se trata de realidades y experiencias distintas de lo que podemos considerar la sexualidad adulta.

Los bebés, algo que resulta fácilmente observable, reaccionan y experimentan a través de sus órganos sensoriales. Además de emitir conductas destinadas a cubrir sus necesidades básicas, el mundo es un cúmulo de experimentación y percepción de sensaciones provenientes de los cinco sentidos.
Como padres y madres podemos favorecer el desarrollo de nuestros hijos e hijas aportando estímulos que fomenten sus necesidades primordiales.
Puede ser interesante destacar que abrazándolos, jugando con ellos, no sólo estimularemos un crecimiento apropiado con respecto a su sexualidad, si no que favoreceremos su desarrollo integral en esta etapa.
Otra cuestión influyente en la caracterización de la sexualidad de los niños y niñas que puede tener consecuencias posteriores es la desnudez. A través de la información que transmitamos a nuestros hijos e hijas sobre esta cuestión ellos elaborarán ideas sobre la desnudez propiamente dicha, sobre sus cuerpos y también sobre sí mismos.
Se trata de una comunicación que se realiza tanto por palabras como por hechos y actitudes.
En este sentido es bueno que ellos se acostumbren a contemplarse y a ver al resto de la familia desnudos; a que actividades físicas e higiénicas como el baño se tiñan de un fuerte componente lúdico; o bien que ante la aparición de desnudos en revistas o en la televisión se emitan juicios que transmitan ideas coherentes. Esto implicará que se comienza a aprender a estas edades que el cuerpo no es algo vergonzante ni que sólo determinados cuerpos se han de considerar interesantes, cosa que habitualmente ocurre con los modelos de los medios de comunicación, donde con excesiva frecuencia sólo se enseñan cuerpos "culturalmente perfectos".Además de la estimulación física y de la valoración del cuerpo es importante que durante los primeros años de vida el bebé desarrolle una sensación de confianza.

Esto quiere decir que el bebé perciba de los adultos y del entorno que le rodea mensajes de calma y de continuidad. De esta manera el bebé se percibirá de una manera positiva y sosegada y entenderá que el mundo que le rodea es coherente y predecible. La confianza redundará ya en estos momentos en la autoestima que el niño y la niña vayan desarrollando posteriormente y en la capacidad de estos para confiar y aproximarse emocionalmente a los demás. La confianza se adquiere fundamentalmente a través de los padres, quienes la pueden enseñar a base de coherencia de sus acciones y actitudes y perseverancia en sus planteamientos, haciendo que el bebé sea capaz de empezar a predecir los acontecimientos más cotidianos.

Los primeros años
Sobre los tres años los niños y las niñas comienzan a establecer distinciones en función del sexo de las personas. Cuando empiezan a percatarse de que pertenecen a un sexo determinado aprenden también cuál es la conducta "apropiada" para cada género o rol sexual.Es fundamental que cada persona posea características propias, tanto "masculinas" como "femeninas". Esto es algo que ya a estas edades estamos enseñando tanto en casa como en la escuela o a través de los medios de comunicación. Son momentos en los que la necesidad de definición de los niños y niñas hacen importantísimo que adoptemos ante esta cuestión una postura clara y meditada. Una persona sana es aquella que ha integrado las partes masculina y femenina en un todo.
Por ejemplo, los hombres deben poder permitirse la posibilidad de ser sensibles, ocuparse de la crianza de los hijos, mostrar ternura, etc.. Por otro lado, las mujeres deben tener la oportunidad de ser enérgicas, independientes y con capacidad de tomar iniciativas. Estas cuestiones que parecen más propias del ámbito de la coeducación, tienen en el terreno del desarrollo sexual una importancia máxima ya que condicionarán sobremanera, además de otros aspectos, la forma y la experimentación de la sexualidad individual a lo largo de la vida de cualquier persona.Otro aspecto importante en este momento evolutivo es la forma en que los niños y las niñas aprenden a controlar sus esfínteres.
La regulación y control de las funciones excretoras son modeladas por la cultura a la que una persona pertenece. Para un niño o niña, orinar y excretar resultan acontecimientos sorprendentes y agradables. Son ejercicios de regulación de tensión corporal y además el niño y la niña con muchísima frecuencia se ven atraídos con estos objetos que salen de su cuerpo.
Se trata de ejercicios corporales e indudablemente sexuales ya que se comienzan a usar las principales parcelas corporales relacionadas con la sexualidad.Los niños y niñas necesitan percibir que el control de esfínteres es un aspecto saludable y natural del crecimiento, sin que se sienta en ningún momento culpable por realizar acciones de este tipo.Tanto padres y madres como cuidadores y educadores tenemos que recordar que para los niños y niñas, el control muscular es algo complejo que precisa de un entrenamiento progresivo.
No se trata de realizarlo de hoy para mañana.
Tampoco es bueno adelantarse a los acontecimientos.
Si bien la madurez psicofísica para el control de esfínteres suele aparecer a los dos años, en muchas ocasiones no se da la maduración necesaria hasta los tres y a veces más tarde. Es bueno tenerlo en cuenta sin olvidar que un desarrollo lento en este campo no tiene que significar de ninguna manera un déficit en el desarrollo general del niño o la niña.Cuando aparece el lenguaje comienzan a pedirse las primeras explicaciones sobre el mundo.
Esto es igualmente cierto ante la sexualidad. En estos momentos ya resulta importante comenzar a hablar clara y positivamente sobre este tema, aunque esto no tenga que implicar que demos unas explicaciones pormenorizadas cuando no es eso lo que se nos está pidiendo. A estas edades las demandas de información provienen fundamentalmente del ámbito de la reproducción. De dónde vienen los niños y las niñas y cuáles son sus diferencias por sexo son las cuestiones más solicitadas.Sin embargo no existen preguntas buenas ni malas y lo mismo ocurre con el tipo y la profundidad de las respuestas.
Una norma válida para percibir el grado de detalle de las preguntas de nuestros hijos e hijas y que es aplicable a los siguientes momentos evolutivos, consiste en explorar la curiosidad de estos después de nuestra explicación. Observar si disminuye su atención o preguntar si están satisfechos con ella son conductas que nos darán información sobre sus expectativas.
No debemos tener cuidado en excedernos en nuestras respuestas, ellos sólo atenderán a las cuestiones que les resulten de interés.Por último, para entender la sexualidad en esta etapa es necesario que nos detengamos mínimamente en el desarrollo del autoerotismo.
Con este término se designan a las acciones encaminadas a obtener placer en solitario. En estas edades los niños y las niñas muestran interés por su cuerpo, su exploración y su estimulación. Para ellos estas actividades constituyen una forma de descubrir otro aspecto del mundo al que cada vez se asoman de forma más intrépida. A través de la autoestimulación, además de obtener sensaciones placenteras, el niño y la niña aprenderán aspectos de su cuerpo y, si ese aprendizaje corporal y del placer es exitoso, estarán más capacitados para disfrutar de una forma más completa de sus relaciones con otras personas en la edad adulta.Durante toda la vida, la persona que aprendió durante su infancia que estas actividades son reprobables y dañinas, conservará la impresión de que obtener sensaciones placenteras por estímulo del cuerpo es algo sucio, indebido y repugnante. Esta actitud, con toda seguridad, será una traba para disfrutar siempre de su sexualidad.

De los seis a los diez años
En estas edades persisten algunas de las cuestiones que hemos tratado en los apartados anteriores. Esto no podía ser menos ya que siempre que dividimos el desarrollo de las personas en etapas o años tiene fisuras. Es algo que se desarrolla en un continuo, que por naturaleza es siempre distinto y peculiar para cada persona.Cerca de los seis años y a lo largo de todo el proceso de escolaridad comienzan a aparecer las primeras manifestaciones de juegos sexuales. Se trata de conductas espontáneas de los niños y las niñas que reproducen entre sus iguales situaciones que observan y detectan en los adultos. En estos momentos, la experimentación de la sexualidad continúa y se recubre de nuevos ingredientes. El coqueteo, los besos a escondidas y las exploraciones mutuas son actividades frecuentes en estas edades.Como padres y madres podemos adoptar distintas posiciones ante estos hechos. Sea cual sea nuestra postura debemos evitar siempre transmitir mensajes que muestren la sexualidad como algo rechazable o repugnante.
Podemos plantear nuestras objeciones de una forma razonada y delicada, prestando atención a cuáles son los sentimientos de nuestro hijo o hija.Otro aspecto vinculado con la sexualidad que podemos fomentar de forma saludable es la experimentación de sensaciones corporales agradables.
Disfrutar un paseo por la playa descalzos, sentir la textura de la hierba o de los objetos, detenernos en la experimentación de los olores, son actividades que potencian el aprendizaje sensorial, algo muy importante para el disfrute de la sexualidad. Otro aprendizaje fundamental en estas edades es valorar las actividades que se realizan tanto por el resultado como por su proceso de realización.
Probablemente una de las cuestiones que a lo largo del desarrollo humano puede facilitar más un crecimiento sexual sano es la existencia de canales fluidos de comunicación entre padres y madres y sus hijos e hijas. Cuanto mayor sea el grado de libertad que presida la comunicación en estos temas, mayor será el grado de influencia que como padres y madres podremos ejercer.
Además, los niños y niñas recibirán información precisa y exacta y no serán presa de los fantasmas y mitos sexuales que circulan habitualmente entre su grupo de amigos. A todo esto se le suma que una comunicación abierta entre padres e hijos permite que estos desarrollen un mayor grado de responsabilidad ante su sexualidad.Una buena forma de generar información pasa por contestar a las demandas que nuestros hijos e hijas nos formulen. En algunos casos puede ocurrir que no se nos dirijan preguntas.
Es posible que en estos casos debamos tomar nosotros la iniciativa y sondear sus posibles inquietudes.Antes de los diez años los niños y las niñas deberían conocer las cuestiones relacionadas con los órganos sexuales, la relación entre el coito y la reproducción y los cambios físicos a los que sus cuerpos se verán sometidos en la pubertad. Es importantísimo que los niños y las niñas entren en la pubertad con unos conocimientos y actitudes positivos hacia los cambios que les sucederán para que puedan valorar correctamente la experiencia y en ningún caso esta pueda resultarles frustrante. También resulta relevante que el acceso a la pubertad vaya acompañado de un conocimiento claro y positivo de la sexualidad.

La adolescencia y la pubertad de los diez a los trece
A medida que las personas se acercan a la pubertad, sus vivencias y sus experiencias pasan a ser en alto grado condicionadas por las intensas y nuevas situaciones que este período desencadena. Cambios fisiológicos profundos como la aparición de caracteres sexuales secundarios, la aceleración del crecimiento emocional y físico, la capacidad de reproducción, los cambios en la relación que las personas comienzan a establecer con personas de otro sexo, la búsqueda de independencia y el desarrollo de principios personales son cuestiones que intervienen en estos momentos del desarrollo.
Los cambios de la pubertad no aparecen de repente ni en un solo momento, sino que se desencadenan gradualmente y en distintas edades según las personas. La pubertad comienza en las niñas, entre los nueve y los doce años y concluye entre los once y los catorce. Los niños comienzan a realizar estos cambios entre los diez y los doce y el proceso llega hasta los quince y dieciséis años.
Los niños y niñas que han sido preparados para hacer frente a esta etapa, se adaptan a los cambios con mayor facilidad que aquellos que no han recibido ningún tipo de preparación. Los que de antemano saben qué les espera acogen mejor los cambios y tienen la seguridad que estos tendrán resultados positivos. En el inicio de esta etapa puede resultar interesante revisar las concepciones y actitudes hacia la sexualidad repasando aspectos tratados en momentos anteriores.
La comunicación no debería centrarse solamente en abordar los aspectos básicos de la sexualidad y la reproducción. Es el momento de ahondar en los condicionantes sociales, religiosos y culturales de la sexualidad individual.Esta etapa del desarrollo hace en ocasiones necesario un trato diferencial en función del sexo de nuestros hijos e hijas. Esto no quiere decir más que el énfasis y las incertidumbres serán distintos en los chicos y en las chicas.En las niñas, los cambios físicos de la etapa implican la aparición de las curvas corporales que indican la aproximación a la adultez física, la aparición de vello y el desarrollo de los pechos. Uno de los mayores cambios será el de la aparición de la menarquía.
Dado que los tiempos del desarrollo físico son específicos en cada persona, es importante que a nuestras hijas les hagamos comprender lo peculiar del desarrollo propio, permitiendo la aceptación de las características individuales como algo que se resiste a las comparaciones. Es frecuente encontrar en las prepúberes una honda preocupación por sus características físicas. Aunque esta actitud es parte del proceso de evolución, en algunas ocasiones se convierte en una obsesión. Existen unos modelos sociales que tienden a marcar cánones allí donde la única medida posible es lo personal. Es difícil y lento para estas personas comprender que sus características personales son incomparables y abandonar su preocupación por el tamaño o la forma de sus senos, la prominencia de sus sinuosidades, o lo temprano de su desarrollo.Poco después del inicio de la pubertad aparece la primera menstruación. Si se ha hablado anteriormente y con naturalidad de esta cuestión, será fácil revisar las posibles dudas y temores de las niñas ante la menstruación. Generalmente pueden aparecer dudas sobre si se trata de una experiencia invalidante. Es preciso detallar como se trata de un hecho que no repercute para nada en la realización de las actividades cotidianas.
Esta es una aclaración oportuna sobre todo ante la menarquía, cuando las molestias y la duración de esta primera menstruación son, con frecuencia, mayores que en los sucesivos períodos. Es éste el momento de poner en práctica el uso de compresas y tampones. Estos últimos son más cómodos y permiten una mayor facilidad de movimientos. También es preciso un cierto entrenamiento para su uso. Este entrenamiento puede ser adquirido en casa con la ayuda de la madre y otros familiares.
La menarquía representa el estado de maduración física de una persona y puede ser contemplado en el ámbito familiar con el componente festivo que se merece. No estaría de más organizar una pequeña fiesta familiar para celebrar el acontecimiento.
En los chavales la pubertad se alcanza más tarde y con más lentitud que en las chicas. Además no se producen signos tan perceptibles como en ellas.Las manifestaciones físicas comienzan con el agrandamiento del pene y los testículos, después aparece el vello en diversas partes del cuerpo. La voz cambia cerca de los quince años y el vello sigue apareciendo en la cara y en el pecho hasta pasada esta edad. Todos estos cambios inquietan a los chicos de la misma manera que las chicas se ven sorprendidas por los suyos.
Son frecuentes las exploraciones colectivas entre iguales y las comparaciones suelen llevar aparejadas críticas que tienden a confundir aspectos físicos con otros elementos como la virilidad o la masculinidad. Corre por nuestra cuenta desmitificar fantasías sobre los tamaños y los tiempos de aparición de los cambios. Estas cuestiones a veces se convierten en conflictos que acompañan a las personas durante muchísimos años.
Durante la pubertad comienzan a multiplicarse en las personas sus capacidades para fantasear y ésta es una cuestión que afecta al desarrollo sexual. Las fantasías sexuales son una herramienta que prepara a las personas para el sexo, ayudan a conocer la sexualidad personal y a descubrir la intimidad. Además las fantasías sexuales permiten que las personas desarrollen su sexualidad sin tener que recurrir a la práctica antes de que se esté mínimamente preparado para ello.
Como padres y madres es conveniente hablar con nuestros hijos e hijas sobre las fantasías sexuales, restándoles cualquier mínimo elemento de culpa y enfatizando su papel positivo en el desarrollo de la sexualidad. Por otro lado es conveniente tener presente que las fantasías sexuales son patrimonio exclusivo de quien las desarrolla dejando bien claro su carácter íntimo.Otra cuestión pareja a la pubertad es la masturbación, de una manera distinta a como se presentaba en los períodos anteriores. En estos momentos, la principal variación de la autoestimulación es que a través de ella se pueden alcanzar orgasmos. El organismo puede desarrollar la respuesta sexual humana en toda su extensión. Es recomendable que estos temas sean tratados abiertamente. Cuando no se habla de un tema siempre emitimos el mensaje de que dicha cuestión es tabú y se valora negativamente.
La masturbación es un instrumento insustituible de autoconocimiento y de exploración de la sexualidad individual. Sobre las prácticas masturbatorias saludables se asienta la posibilidad de una vida sexual satisfactoria. Es interesante abordar con nuestros hijos e hijas este tema entre los nueve y los doce años, dejándoles claro que se trata de un medio para conocer el cuerpo y las sensaciones físicas placenteras.Otros aspectos de índole social incidirán tanto en el desarrollo personal del preadolescente como estrictamente en su desarrollo sexual. Aprender a relacionarse socialmente, saber poner límites a los demás y ser capaz de expresar adecuadamente sus emociones, son cuestiones que repercutirán en todos los ámbitos del crecimiento personal y de una forma relevante también en el sexual.

La adolescencia
Esta es la época de las definiciones. El adolescente emerge del mundo infantil y emplea todas sus energías en perseguir una identidad y unas características propias. Es un proceso en el que se reclama insistentemente una mayor independencia y cuando se debe aceptar un mayor grado de responsabilidad. En este marco las relaciones familiares se vuelven ambivalentes. En determinados momentos el adolescente busca un gran distanciamiento y autonomía, en otras ocasiones se pretende volver al cobijo de la familia. Todo esto de forma intermitente y a veces pidiendo a la vez autonomía y protección.
Resulta esencial disponer de espacios familiares donde sea posible abordar los distintos momentos y situaciones que marcan el mundo del adolescente y donde además nosotros como adultos podamos expresar nuestros puntos de vista y nuestras preocupaciones.
Es desgraciadamente frecuente que ante los adolescentes las únicas comunicaciones familiares existentes versen sobre el desacuerdo de los adultos ante su conducta. Esto suele generar círculos viciosos donde el padre y la madre piden disciplina; el adolescente responde con la insumisión; y el padre y la madre solicitan aún más disciplina.En estas edades la disciplina es una cuestión necesaria, no sólo para la salud mental del padre y la madre, también para el adolescente. La solución correcta pasa por articular un equilibrio entre el orden y la comunicación abierta. Esto pasa por atribuir desde nuestra posición de adultos un rango equivalente hacia esa persona que también comienza a serlo. Con un reconocimiento como éste, no solo basado en palabras sino también en hechos, es posible que las relaciones con los adolescentes se nos hagan más llevaderas y que estos alcancen la adultez de una forma menos conflictiva.Las restricciones y las responsabilidades impuestas a los adolescentes deben modificarse a medida que pasan los años. No debemos olvidar que se trata de un período de continuo crecimiento hacia la madurez personal.
El énfasis dado por los adolescentes a su grupo de amigos como instrumento de afirmación y pertenencia puede ser una cuestión de conflicto familiar. Puede resultar de ayuda conocer a las amistades de nuestros hijos e hijas, invitarlos a celebrar reuniones en nuestra casa y entrar en contacto con los padres y madres de los amigos de nuestros hijos e hijas. Con todo ello conseguiremos, sin tener la intención de romper su intimidad, estar más cerca de ese mundo que ellos tanto valoran y que a nosotros en ocasiones nos produce preocupación.
Cuando se consigue que existan canales de comunicación amplios y sinceros, además de incidir en un desarrollo armónico de nuestros hijos e hijas, estaremos enseñando a expresar a los demás sentimientos. Se trata de un variable fundamental en toda relación íntima. Así estaremos ejercitando una capacidad que redundará en la calidad de la vida emocional y sexual de nuestros hijos e hijas. Una vez establecidos firmemente los canales de comunicación será posible asomarse a los acontecimientos que dan forma día a día al crecimiento sexual de los adolescentes, siempre que tengamos presente el respeto y la consideración que merecen sus experiencias. También podremos exponer nuestras posiciones ante la sexualidad de una forma que sean escuchadas y tenidas en cuenta. De esta manera podremos discutir con ellos la relevancia de realizar el acto sexual, la importancia de la calidad de la relación con otra persona, la necesidad de que exista confianza mutua en la pareja, el uso de los anticonceptivos, etc.Con todo esto conseguiremos que nuestros hijos e hijas se adentren con las mejores capacidades en la exploración adulta del mundo de la sexualidad.


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