Si saltamos podremos flotar y volar e ir a cualquier lugar en el que pensemos.
Si estiramos un dedo de una de las manos, veremos como conseguimos alargarlo como si fuese de goma al ser la cuarta una dimensión menos densa que la tercera, lo cual nos dará plena certeza
de que estamos en la cuarta dimensión, aunque a veces la mente juega malas pasadas y aún estando en dicha dimensión nos hace ver o creer que el dedo no se estira, por lo que en tal caso conviene repetir el estiramiento.
Si se piensa en el cuerpo físico, una fuerza como un viento hará que un@ regrese al cuerpo y termine la experiencia, por lo que hay que procurar no pensar en él, y sinó es preciso agarrarse a algo para que esa fuerza no nos haga regresar y despertarnos.
Puede que dentro de la experiencia la mente proyecte alguna imagen muy real y nos vuelva a engañar y atrapar en un sueño, por lo que hay que procurar mantener la atención para no quedar de nuevo dormido e inconsciente como sucede habitualmente al dormirse.
Al dormirnos salimos siempre del cuerpo físico, pero, inconscientemente, y la mente proyecta los sueños, que son muchas veces absurdos; sueños que suelen ser un combinación de deseos, recuerdos, temores, escenas consecuencia de pensamientos que tuvimos durante el día, impresiones de imágenes de la televisión, de la vida diaria, etc.
Hay raras veces en que un sueño puede ser lúcido y entonces se recibe información de nuestro Espíritu. Se pueden tener sueños premonitorios de lo que nos va a suceder al día siguiente, etc. También ciertos sueños pueden ser hechos que están sucediendo realmente en la cuarta dimensión, pero, lo habitual, dado el estado psicológico deplorable y de inconsciencia del ser humano en esta época, es que los sueños sean simples proyecciones, que a veces parecen muy reales, de nuestra mente.
Los sueños en que se vuela se suelen deber a que estamos fuera del cuerpo volando de verdad, porque en la cuarta dimensión no existe la ley de la gravedad; o cuando se sueña que se baja de un ascensor, o se desciende rápidamente dentro de un avión o de cualquier otra forma, pero, sólo si sucede justo inmediatamente antes de despertarse, es porque estamos fuera del cuerpo descendiendo desde cierta altura hasta meternos en nuestro cuerpo físico, y entonces nos despertamos. En esos casos habría que hablar de experiencias reales, no de sueños.
Estar consciente en estas experiencias es totalmente seguro y es muchísimo menos seguro estar inconsciente que consciente, tanto en el mundo físico como en cualquier otra dimensión, por lo que no se debe creer a los mentirosos de las fuerzas de las tinieblas, o manejados inconscientemente por las mismas, que quierenevitar que el ser humano despierte y conozca la Verdad por sí mismo, que afirmen lo contrario.